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miércoles, 11 de julio de 2012

Hans Magnus Enzensberger: poesías para los que no leen poesías


Érase una vez una jovencita de 17 años que caminaba errabunda por la estación de Once...buscaba algo antes de tomarse el tren hacia el oeste.Iba andando y descubrió una librería de esas con montones de libros en ofertas entremezcladas, para revolver, con olor a página amarilleada...
Tenía paciencia para esas cosas, y encontró un libro con una tapa que le gustó y un título que más aún, y se puso a leerlo, aunque quizás no entendiera tan bien, pero ya desde chiquita le encantaba Cambalache vaya a saber uno por qué...
Así que , un poco por el sonido, otro poco por vislumbrar extrañezas cautivantes, y otro poco por el mucho  misterio por honrar, esa muchacha fue leyendo en el viaje "Poesías para los que no leen poesías", de Hans Magnus Enzensberger.


Esa muchacha ,-como se dejaba ver desde un comienzo-, era yo... Y no sé por qué, creo que ese fue realmente MI PRIMER LIBRO DE POESÍA, el primero que compré a solas conmigo, en esas privadas ceremonias de tren y lecturas, vivencias de un ir y venir diario vivificado por el césped...


(En ese tiempo aún había césped en la estación de Once...)


Aquí uno de los poemas que más me impactó inicialmente (y hoy aún más)...


hotel fraternité


el que no tiene con qué comprarse una isla
el que espera a la reina de saba frente a un cinematógrafo
el que rompe de cólera y desesperación su última camisa
el que esconde un doblón de oro en el zapato roto
el que se mira en el ojo enlacado del chantajista
el que rechina los dientes en los tiovivos
el que derrama el vino rojo en su cama dura
el que incinera cartas y fotografías
el que vive sentado en los muelles debajo de las grúas
el que da de comer a las ardillas
el que no tiene un céntimo
el que se observa
el que golpea la pared
el que grita
el que bebe
el que no hace nada


mi enemigo
agachado en el balcón
en la cama encima del armario
en el suelo por todas partes
agachado
con los ojos fijos en mí
mi hermano


1955

1 comentario:

  1. Nuestro primero libro de poesía, el que compramos con nuestras monedas, es siempre el que nos impresiona más profundamente, el que vamos a llevarnos siempre en la valija de la memoria.

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