Visitantes cósmicos de buena voluntad,sean bienvenidos a este lugarcito que albergará poemas, pinturas y toditas cosas que habitan mi alma...


domingo, 15 de octubre de 2017

11 Miradas- Grupo de Mujeres en el Arte

Los invitamos a pasarse por  esta muestra de nuestro Grupo!
Inauguración: jueves 19 de octubre, de 19 a 21 hs.


sábado, 21 de mayo de 2016

martes, 8 de diciembre de 2015

sobre Accidentes geográficos, por Darío Maroño

(Gracias Darío por estas palabras)

Accidentes geográficos, de Claudia Bakún
Por Darío Maroño

            Hablar de “accidente geográfico” es hablar, en un principio, de un cuerpo físico como la Tierra sometido a las inclemencias del tiempo, al roce de otros cuerpos, al azar planetario que pacientemente lo cincela, lo altera, lo embellece.
            Sin embargo, vemos que Claudia Bakún sostiene ya en el umbral de su obra la posibilidad de mostrar los accidentes de su propia geografía, la posibilidad no sólo de ser río (Yo era un río, dice en un momento tan cercano a don Juan L.), sino también la posibilidad superadora, en lo que al vértigo poético respecta, de ser catarata, de ser salto. E indefectiblemente ahí tiene lugar el “accidente geográfico” como un suelo inestable frente a un andar de agua que va siendo moldeado por la caída libre, por el tope de la piedra, por el encuentro abrupto con lo incierto. Y en esa incertidumbre de agua y suelo, su palabra avanza diciendo su dolor, su desencanto, su experiencia íntima, y claro, también su belleza poética. Como en su poema “Sabe”, donde una acalorada y fluida humanidad del sentimiento, posiblemente femenino (el poema no lo aclara), se contrapone a la fría y dura humanidad del intelecto, posiblemente masculino:

Sabe / de marxismo leninismo, / de psicoanálisis, / de zen, / de astrología, / de escrituras dadas por buenas / y de buen cognac. / Sabe de cine, / y reconoce finísimos matices / en todo lo concerniente a cuestiones estéticas. / Sabe. / Pero llego, / y no me abraza. (“Sabe”)

Es decir, en esta relación complementaria entre una geografía accidentada y el río, entre el cuerpo y la poesía, cobran vigencia estas palabras de Zambrano: “la poesía ha sido, en todo tiempo, vivir según la carne”. Pero no alcanza con sentir. Así como tampoco alcanza con decir. Es necesario vivir el salto y decirlo. Y en la poesía de este libro de Bakún el salto se revela todo el tiempo. Desde un principio es posible observar siete momentos en donde su poesía se reencauza con respecto a un fluir poético anterior:

I)                 Suavidades y asperezas
II)               Miniaturas
III)             Invocación del misterio
IV)             Canciones
V)               Zoo
VI)             Supermarket
VII)           Corazón de cuarzo


En ellos conviven la intensa miniatura de un haiku que inquiere: “¿Dónde transcurre el trueno / para que lo brutal nos llegue / con tal delicadeza?”, con una invocación del misterio que indaga en lo brutal de esta pregunta: “¿Qué grita en mí cuando algo grita que está muerto?” Pero también conviven la canción de las cosas que “crecen de la nada aparente de un deseo pequeño”, con la noble y tierna humildad del diminutivo “otrita” referido a la palabra liberada e indomable del poeta; para saltar después a un zoo donde una “mula mansa”, “mansamente rebelde”, “mularmente atada a su lugar aparente”, “sabe mejor que nadie encajar la patada certera / al desamor, / al crudo mundo, / a la estúpida mansedumbre, / al desamparo.” O donde “Un pez es un pez”, “más allá de las miradas que lo diagnostican”. Y finalmente el supermarket, en donde el alma si bien expone sus objetos, sus fetiches, “maxisueños”, miedos y miserias, se resiste asimismo a arrojarlos al mercado del consumo alienante: “En el supermercado de mi alma hay de todo. / Pero no se vende.” Y esta resistencia es la que también tiene lugar en Corazón de cuarzo:

“Aquí nos encontraran tal vez / cuando el mundo se pudra”, dijiste. / Aquí / bregando por una transparencia / imposible / pagando con vicios / lo que otros con convenciones, / con el corazón un poco gastado / o tan maduro acaso como un limón crecido, / como las piedras que caen al agua, como el olor a menta mañanera.


Ahora bien, vuelvo un poco al principio. ¿Dónde está lo poético en Bakún? ¿En mostrar los accidentes de su propia geografía como si hablara la carne a la que hacía alusión María Zambrano? ¿En mostrarse río, maleable a los caprichos del terreno? Sinceramente no lo sé. Pero si he de arriesgar un intento de saberlo, diré que su poesía está en el salto, en esa convivencia difícil entre el fluir y el caer. Agua y piedra. Piedra y agua. Piedra abierta al vacío y a la gravedad. Agua abierta al andar sin suelo en un vértigo de humedad y transparencia. Y en ese caer de salto, agua y piedra es donde entiendo habita el umbral de la apertura poética, donde algo en nosotros se silencia para empezar a oírse, para empezar a oírse apertura; donde la poesía de Bakún se torna en eco, en umbral, quizás, de nuestro propio salto. 

domingo, 6 de diciembre de 2015

viernes, 30 de octubre de 2015

¡Habemus presentación!

Querida Gente: con mucha alegría, quiero invitarlos a la presentación de mi libro de poemas "Accidentes geográficos", que se realizará el sábado 14 de noviembre  a las 21 hs en la librería "La Libre", Bolívar 636, San Telmo, CABA.
Presentarán Darío Maroño y Bibi Albert, y Jorge Barboza expondrá algunos de sus trabajos plásticos. Naara Andariega cantará algunas de sus canciones, y también habrá cosas ricas !
Se los espera con mucha ilusión y afecto!
Abrazos!           


sábado, 24 de octubre de 2015

Claudio Tejerina: "Del mistol a la vereda"



Claudio Tejerina, mi amigo y ex- alumno del Bachillerato con Orientación Artística "Xul Solar", ha sabido hacer honor al espíritu del polifacético y amado Xul. 
Lo recuerdo paseándose desde el canto al charango, de la guitarra al poema, en su inquietud permanente por saber, prodigándonos a todos los que tuvimos el placer de verlo en su recorrido por esa amada escuela la satisfacción única de ver crecer a alguien desde cerca, configurando de a poco su camino, con tesón, esfuerzo y talento.
"Del mistol a la vereda" es su primer libro, editado por Dunken en 2012.
Allí el autor realiza la crónica de un camino, un camino que si se pudiera sintetizar de algún modo, se ajustaría al ideal yupanquiano: el de la soledad de quien intenta acercarse a su propia alma, el del silencio, el del fundirse con la gente de la tierra y su paisaje, y por sobre todo, tratar, -lejos de los ruidos del ego y de los lugares comunes-, de ser su portavoz legítimo.
Por cierto que no es tarea fácil, pero me animo a decir que Claudio Tejerina, eligiendo ese camino incierto y escarpado, sale airoso en su misión expresiva.
Quienes se acerquen a este libro encontrarán en él un material generoso en textos poéticos, letras de canciones y reflexiones personales, formuladas en el tono íntimo de la milonga, del "canto con jundamento" de nuestro acervo folklórico.

Aquí comparto tres de los textos del libro, a la espera de que el camino se continúe y profundice en el mismo sentido: ése salido desde la más antigua raíz, humedecido por la belleza.


FERIA DE DOS CARRITOS (milonga)

Feria de dos carritos
apenas tenía el pueblo
y, entre tanto desconsuelo,
los paisanos nos vendían
pocas cosas que tenían, 
desde los rastrojeros.

Triste queda la plaza
a la orilla de la tarde.
Viento, te ibas cobarde,
cuando soplabas sin ganas
y sin las rosas galanas,
sola queda la calle.

Y todos querían llegar,
mi feria de dos carritos,
sólo por un ratito
la gente se amontonaba.

barato los fideítos,
muy baratita la harina,
dele, Doña Faustina,
que todo se está acabando.

Feria de dos carritos,
por ahí regresen después,
si el tiempo, en su desnudez,
los deja cruzar el puente,
que en él siempre está latente
dos crecida`por mes.


AUSÉNTAME, TATA DIOS (término)

Auséntame , tata Dios,
Pa`qué seguir padeciendo,
de qué sirve el corazón
si de vicio va latiendo.


Auséntame , tata Dios,
y de rodillas te pido
que, el que pierde por la flor,
de vivio tiene el envido.

Yo no canto por cantar,
ni canto lo que me dicen.
Yo canto lo nacional,
para que nunca se olviden.

Yo no canto por cantar,
mi trino quiebra distancia.
por eso quiero dejar
este término, mi Patria.


MILONGA DEL PATIO DE MI RANCHO 

milonga, dame una seña,
si ves mi hacienda volviendo,
con una pizca de coplas
hacé sonar el cencerro.

Desde el patio de mi rancho
suelo observar todo el cerco,
y se me vuelve nostalgia,
cuando pa`l pueblo enderiezo.

Hay un camino pa`l monte
que lo perfuman las chatas,
como esta milonga pobre,
con mi dolor en el alma.

Hay un terreno que pasta
como si fuera un novillo.
Con fuerza arranca las bramas
pero le erra en el balido.

Aquí yo pego la vuelta
con un relincho de grito,
sólo te pido, estrellita,
no me dejes sin tu brillo.



Imagen tomada de la web