Visitantes cósmicos de buena voluntad,sean bienvenidos a este lugarcito que albergará poemas, pinturas y toditas cosas que habitan mi alma...


sábado, 27 de diciembre de 2025

REGALITOS/ con Poema de Luis Pescetti de regalo

Íbamos con mamá cada primer sábado del mes, o sea, después de haber cobrado su sueldo, a la Galería Santa Fe, a elegir  no sólo ropa, sino también adornitos, cosas lindas, regalitos en definitiva... porque siempre, siempre tenían su posible destinatario.

Eso y otras tantas cosas aprendí de mamá: aprendí el disfrute de dar, nada menos. Y no sólo de ella, sino también de las tías y el tío, el disfrute de dar y recibir cariño, y sobre todo, abrazos.

Cosas que nos ayudan  a vivir...

Después descubrí otros regalitos que me hizo mamá, como por ejemplo aprender (yo lo tuve que aprender, creo que ella no lo necesitó) a perder el miedo al ridículo, practicar la espontaneidad, fabricarse una buena risa para festejar las cosas y las ocurrencias, y tanto descubrí gracias a su manera de vivir, que pude ver regalos donde no los veía antes, no sólo observando su vida, sino LA vida, las vidas de todos, también la mía.

Descubrí, o reafirmé, que la razón de ser de los regalos está en el deseo de hacer feliz a alguien a quien se quiere. En ese sentido, importa tres belines el costo económico del mismo. 

Lo que deseamos es ser queridos y sentirlo, registrarlo... como cuando éramos profes de primaria y los nenes nos regalaban cartitas improvisadas, con una flor, un corazón y un te quiero mucho. Lo que deseamos es que nos quede claro el amor del otro. Al dar, haremos lo mismo: dar por el puro júbilo de hacerlo.

Hay quien puede ver y quien no, hay quien puede recibir y quien no, todos acaso hayamos estado alguna vez en ambos lugares...

Sin embargo uno en algún momento se aviva: para cuando uno se aviva, todo lo que es regalo empieza a ser leído y tomado como regalo: la presencia, una mano en la nuestra, un "contá conmigo", un buen consejo, la opinión no complaciente que nos ayuda a cambiar, un no cuando hubiera sido más cómodo un sí, un regalo hecho a mano con toda la intención y la dedicatoria... 

Para quien no presta atención, todo tiene más que ver con el paquete, con el moño, que con el contenido.

A veces uno regala una canción como un mimo, y el otro devuelve un análisis crítico sobre afinación...Cosas así tiene el malentendido humano.

Alguien me dice que hasta el "malentendido humano" en sí mismo puede ser un regalo. Y lo considero, claro que sí. Más que nunca, en este tiempo raro, meticulosamente apurado y distraído, en que mandar un videito de tok tok, poner un emoji  o recibir una palabra cariñosa, podrían considerarse verdaderos tesoros cotidianos.

Habrá que tratar de ser sensibles y estar atentos, porque no todos los regalos vienen envueltos en papel brilloso.



He aquí mi regalito de hoy: dice Luis que


Hay que dejar que el amor haga su trabajo,

sin interferir, en lo posible.

Mientras tenemos nuestras charlas,

y nos ocupamos de las tareas diarias:

lavar los platos, despertar al hijo;

dejar que corra, subterráneo,

el dios arquero.

Observen las palabras,

ellas mismas: ciegas a su existencia,

sin conocimiento del significado que cargan.

Sin embargo nos llegan, conmueven aunque no se enteran.

Aire esculpido,

ausente en la ignorancia de lo que representa.

Así nosotros, hormigas de algo que nos supera,

llevamos un sentido, desconociendo cuando lo hacemos.

Tantas veces arruinándolo cuando intervenimos

como un escritor novato, que "quiere que su cuento diga..."

y malogra lo que deja en un panfleto.

Pero otras veces, afortunadas,

después de miles de horas de ensayo,

de pérdidas irreparables y dolores que no queremos repetir:

hacemos sin pensar cada movimiento;

no estorbamos entre lo que sabemos y cómo respondemos.

En manos de un Dios dejemos que tejan nuestras manos,

de una Diosa, que las flechas den

en el blanco insospechado.

Entre la llegada, el abrazo y el arquero:

suspender el mundo.

Nos lanzan,

cerrar los ojos,

olvidar,

primero.




viernes, 21 de noviembre de 2025

Cábala

 

yo toco en la madera de esa puerta 

el olor tibio de tu nombre 

como una cábala bendita 

Estás en un país extraño

pero te encuentro en sueños

y aún me hablás, me contás cosas

me corregís dulcemente la vida.

Como de adolescentes, 

cuando vos sabías más 

sabías mejor 

cómo pronunciar el nombre

de la primavera.








domingo, 16 de noviembre de 2025

jueves, 30 de octubre de 2025

Migrantes


*

La mujer lleva el carrito de metal y la bolsa made-in-china

Símbolo perfecto de lo que en todo el mundo nos hace iguales

Atraviesa las grandes aguas

Erguida

En soledad digna

Sensual, altiva

Y pinta sus labios con el rouge rojo amarronado

Una vez más

Esperando al hombre que pueda desearla sin sentirse intimidado desde adentro por las viejas visiones de la vida

Del sexo

De la esperanza

Del amor

Ella busca a su sobrina

Porque hijos no tuvo

Pero en el camino

Encuentra a otros

Su perfil parece la proa del barco de Odiseo, 

En un ferry cabe tanta miel como abundancia

En un ferry la vida se da vuelta

La esperanza surca el mar

Baila con los demás una danza ancestral

Como si fuera desconocida

Se da una panzada de alegría

De vida

De manos que guardan para ella los dulces de una fiesta a la que no fue

Eso es la ternura

Al fin de cuentas

Amar hasta reventar decía el Sabalero

Y los ojos georgianos de ella

Dicen lo mismo:

“Ahora”





(inspirada en Crossing, "Caminos cruzados", película de Levan Akin )

miércoles, 1 de octubre de 2025

Gracias, Daniel Rafalovich

 https://dalepoesia.blogspot.com/?m=0


agradeciendo a Daniel Rafalovich su generosidad hacia todos los que intentamos escribir poesía, e invitando a seguir su blog: dale poesía


dalepoesia

Leamos: no hay mejor estimulante.



jueves, 11 de septiembre de 2025

NOSOTROS EN LA CALESITA



Hoy por primera vez me recosté sobre la reposera de la plaza. Esa que todas las veces anteriores visité nada más que sentada. Daba el solcito todavía, y me dieron muchas ganas de quedarme dormida así, mientras escuchaba cantar a los zorzales de la tarde. Sentía una gran placidez. Y entonces, recordé. Solías llegar en tu bici un ratito después que yo, y nos estacionábamos ahí, en ese banco que quedaba cerca de la calesita, pero dándole la espalda. Nunca hablabas más que algún par de palabras, bastante a desgano, pero me conmovían mucho tus ojos, ya desde el primer día que nos hicimos amigos. Siempre fui sensible a la manera de mirar de la gente, y tu forma de mirar llegó primero. Tus ojos eran color café, pero hubiera dado lo mismo que fueran azules o verdes. Yo te contaba siempre un montón de cosas, y en poco tiempo te habías convertido en mi confidente, en mi amigo. Íbamos y veníamos por la tarde con la facilidad del sol, pedaleando o caminando entre canteros, y deteniéndonos con la misma facilidad para observar las cosas, los árboles a veces, y los perros… Y esa tarde en particular nos habíamos puesto a mirar los muñecos de la calesita, qué animales representaban, sus formas y colores, la bocha de la sortija que nos recordaba una manzana de esas con caramelo y pochoclo, y después, casi al atardecer, fue cuando pasó eso. Recuerdo a una señora que nos vio, y nos miró con sorpresa: te habías puesto a llorar como una criatura abrazado a mí, pero trepado a mí. Todo sucedió de repente. Estábamos sentados en el mismo banco y de pronto te subiste como un monito a mi falda como si yo fuera un árbol, un tronco fuerte del que te agarrabas, nuestras manos entrelazadas con la misma fuerza, y aunque me llevó un rato darme cuenta de que estabas llorando, pude sentir el temblor de tu cuerpo sobre el mío, mientras los sollozos te atravesaban y me traspasaban, poniéndolo a vibrar en una misma sintonía, como si fuéramos un solo cuerpo emocionado. El sol doraba todo y yo veía flores violetas al entornar los ojos. Por entonces éramos tan delgados que parecíamos niños; creo que alguien podría habernos confundido con dos criaturas pequeñas, pero sin embargo éramos ya adolescentes, tan flaquitos como las ramas de un árbol joven. Y nos quedamos así abrazados largo rato después de que dejaras de llorar. No me pesabas. Me gustaba la posición en la que estábamos y el calor que sentía en contacto con tu cuerpo. Fue difícil desasirnos el uno del otro. Y aunque separáramos nuestros cuerpos, los ojos, las miradas continuaban delineando un destino, un dibujo irresistible. Agarramos nuestras bicicletas y seguimos de la mano, caminando juntos y sin ganas de irnos a casa. Como vos no preguntabas nada, se me ocurrió no ya preguntarte, sino proponerte algo. Te dije, creo, algo así como que yo todavía no le había dado un beso a nadie, y que me gustaba la idea de probar con vos. Algo se te iluminó en la cara, y asentiste. Ni vos ni yo sabíamos dónde vivía el otro exactamente. De pronto nos detuvimos junto a la calesita, y observamos que el calesitero estaba juntando su dinero de la jornada. Ya se estaba haciendo de noche. Al cabo de un rato dejó de sonar la música, y después de cerrar el cortinado verde turquesa y de darle un par de vueltas a la llave que cerraba la reja, el hombre se fue. Era tarde, pero no queríamos volver. Yo revolví y encontré en mi bolsillo unas galletitas. Agua, había en los surtidores. Así que después de beber un poco, esperamos a que ya no quedara nadie más que los pájaros, y entonces nos subimos a la reja y pasamos del otro lado. No era muy difícil. Recuerdo que una vez que estuvimos del lado de adentro, fuiste vos quien se animó a correr el cortinado y me invitaste a entrar. Nos acompañaban los leones trepados a su barra metálica, y al otro lado, un carruaje pintado de colores fuertes, en el que podíamos sentarnos. Pero nos acostamos silenciosamente en el espacio que quedaba entre medio. Las manos, en su deslizamiento lento pero continuo, inventaron por nosotros todo el calor que necesitábamos para juntar los cuatro labios como una rosa de arcilla, que iba tomando extrañas formas, y al ir descubriendo el jugo que creaban nuestros movimientos, también nuestras lenguas se sumaron a un juego extraño y nuevo, que cosquilleaba por todas las zonas de mi humanidad que nunca creí vivas de esa manera. Ninguno de los dos fue más allá de ese contacto, de las caricias de los labios las lenguas y los dedos que desfilaban por las zonas que dejaban vacantes nuestras ropas; no nos animamos a tocar nada que estuviera por dentro de ellas, pero sí nos quedamos abrazados, reposando, tapándonos con un saco. Y cuando estábamos ya trepándonos a las rejas para salir, fue cuando esa linterna nos iluminó fuerte, aunque no era nada su luz comparándola con la que yo ya tenía adentro. Ahora, acostada en esta reposera, sueño con que es de noche y apretamos en el jardín zoológico, que es una mezcla del de antes con el de ahora. Nos habíamos citado allí, entre maras y pavos reales, y hacíamos el amor sin ropa. Ya éramos adultos en el sueño, y estábamos aún desnudos y tan contentos...no había nadie más que nosotros y los pájaros, y entonces nos poníamos a jugar con los muñecos grandotes que viven bajo el agua y que los chicos hacen mover con los botones. Luego nos despedimos con la discreción de viejos amantes, realizando acciones verdaderamente revulsivas como, por ejemplo, darnos un beso kilométrico, interminable, sabroso, y exhibir una sonrisa de oreja a oreja. Yo te proponía cantar cada uno una canción alegre y repetirla hasta el próximo encuentro, y vos asentías. Ahí me desperté. Tal vez influyó que anoche volviera a ver Las alas del deseo, tan luego ... Al echar a andar en dirección hacia mi casa, observé que ya casi no se sentía el sol. Aún quedaban unos algodones de palo borracho sobre la tierra. Creo que si el ángel hubiera estado ahí ese día, observando todo desde arriba de la calesita, se habría inspirado para decidirse a desencarnar y salir corriendo detrás de la trapecista alada. Sea como fuere, yo deseo encontrarte para aprender ahora cómo es tu voz.


martes, 9 de septiembre de 2025

sin título

La lámpara que alumbra mi escritura en la noche 

es la continuación de la luna

La música que suena en mi corazón 

es la continuación de la mano del amor en mi mundo 

Lo que es apetito se ha llenado de duraznos 

Lo dulce colma lo dulce 

Lo hondo se satisface en el deseo 

Escribir es un riesgo que riega

Hallar dónde poner un punto

es una manera de encontrar el nombre de dios 

Las minúsculas, el código de todos los secretos que se susurran 

en la noche intensa de los vivos 

El mar que canta salvajadas 

El río, melismas acuáticos 

Todos los paisajes responden a nuestra sombra 

No soy dueña de estas palabras 

Las he solicitado cordialmente a la noche con mi mano en alto 

Como una antena 

Como la antena izquierda de una salvaje esperanza 

De una fatiga inmóvil 

De un deseo que no sucumbe ni en las sombras 

Ni en la inmensa luz 

(pintura de Jeanie Tomanek)



lunes, 25 de agosto de 2025

CON FELICIDAD YO CANTO


Hoy fue un día de sol, un hermoso día. Canté un montón de veces a voz en cuello Himno de mi corazón, y me acordé de Miguel Abuelo, y de quién era, e imaginé por primera vez que podía captar cuánto sentía lo que decía al escribir: “nada me abruma ni me impide en este día que te quiera, amor. Naturalmente mi presente busca florecer de a dos”, qué lindo lo de florecer de a dos naturalmente. “Nada hay que nada prohíba, ya te veo andar en libertad. Que no se rasgue como seda el clima de tu corazón”. Y me voy emocionando, contemplo a la par esos frutos grandotes del palo borracho que oscilan levemente en micro movimientos esplendorosos allí arriba en el cielo refulgente. Acabo de leer esta mañana un artículo llamado “El estado de dios”, y me sentí así, como describía el autor: emocionada. Conmovida. Emocionarse o no emocionarse, parece ser a veces la cuestión, dar cuenta de que uno no sólo está vivo, sino que a veces se da cuenta, y eso lo llena de plenitud. Me acuerdo de cuando mi amiga B. presumía de atravesar esos estados de emoción, que por entonces yo no alcanzaba... y todo esto suena a una competencia bastante tonta acerca de quién tiene o no la posta de algo en esta vida. Lo que sin duda me parece, -ahora que lo probé-, es que ese estado sensitivo de simplemente estar de acuerdo con la vida en casi todo, es una maravilla.

Pasé luego revista, mientras seguía cantando a voz en cuello, a esa parte que dice: “Tras haber cruzado la mar, te seduciré…” La mar, esa distancia entre vos y yo, seamos quienes seamos vos y yo, algún vos y algún yo cualesquiera, debemos dar un paso después de haber cruzado la vereda por el otro. Te seduciré, vida, te seduciré, no quiero quedarme dormido aquí, dormida aquí, algo puedo hacer.

Nunca como hoy vi tantos gestos amorosos entre la gente. Algo muy curioso, desde mi paseo a la plaza, hasta la noche, cuando volví a sacar a Mar, vi por la calle mucha gente demostrándose afecto: grandes y chicos; lo que más recuerdo es el bracito colgando de un pibe chico, de unos siete u ocho, que después de jugar con la pelota en el pasto, abrazó a su mamá y se quedaron juntos así, entrelazaditos bajo el sol. La escena volvió a repetirse después de que jugara otro rato. Mientras el sol endulzaba nuestra vida en la plaza, mientras Mar estaba por ahí contenta repiqueteando sola, se me acercó una perra que tenía la mirada más dulce que vi en un animal en mucho tiempo, una perrita anciana, de la que luego supe que tenía catorce años. Se acercó a mí varias veces, luego se acercó a Mar; se quedaba a distancias cortas de algunos de los que estábamos en ese cuadradito feliz y soleado del césped. Fue un lindo momento, Cuando nos íbamos de la plaza, nos cruzamos con unas amigas adolescentes o tal vez parejita, no lo sé, que tenían las manos entrelazadas y se coparon con mar y sus ocurrencias. Y para coronar, de espaldas a nosotras iban dos amigos, de estaturas desparejas, con pinta de haber terminado de sudar en algún partido, abrazados también, uno de ambos, el más alto, apoyando su brazo sobre el hombro del más petiso. Cuando por la noche observé en plena avenida más gente de la mano o en gestos cariñosos, me pregunté qué estaba pasando el día de hoy, qué energía movería todo eso, o si era yo que vibraba, -como se dice en jerga espiritual-, en esa sintonía. Sin embargo, suelo observar bastante, y pocos domingos vi tanto despliegue de espontánea amorosidad. Puede que sea la cercanía espiritual de la primavera, o simplemente que mucha gente que se quiere lo hace mejor el fin de semana, sobre todo el domingo, quizás porque el trabajo, el colegio, las ocupaciones todas, constriñen mucho, acaso demasiado, la vida. De todos modos, qué buena idea en estos tiempos tan violentos, que haya quien invierta en abrazos en día domingo.

viernes, 8 de agosto de 2025

Sin título

 



los verdaderos pacifistas lloran gritan se enojan y se apasionan
porque prefieren darle de comer al monstruo todos los días 
un poquito de imperfección
que dejarlo tan famélico que, -en su ilusión de semidios altivo y anoréxico-
termine comiéndose toda la sangre que requiere reponer las energías
de su santidad, la pureza.

domingo, 20 de julio de 2025

Llegando llegaste

¡Y por fin llegó el amigo piano!




Después de mucho esperar en silencio, el piano que había sido de mi madre, -un Ibach de cuarto de cola-, se fue al taller de un excelente luthier para ser salvado a la vida útil. 



Como realmente no está en mis posibilidades espaciales tener conmigo un amigo sonoro de tales dimensiones, ni tampoco mi pretensión acerca de lo que en este momento representa para mí tocar un piano las justifica, pues resolvimos hacer un trueque por un buen vertical también usado, en dignas condiciones.






Es un hecho histórico en mi vida adulta poder tener un piano en mi casa, ya que estudié siempre en la casa materna.

Es algo muy emocionante para mí contar con esta posibilidad, tan ansiada, y que hace honor a mi madre, a su legado, tanto como a la familia que le dio permiso a sus sueños para tomar consistencia.

Mar supo festejar la llegada de los señores que lo armaron, y el resto será ir descubriendo la fiesta cotidiana de su presencia, que espero produzca mucho sonido, mucho arte y mucha vida.