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jueves, 29 de marzo de 2012

El Rubén Darío de mi infancia..."Versos de la alondra y el ruiseñor"




Lejos, muy lejos del "Caupolicán" de mi secundaria, -del cual no reniego-, estuvo antes, mucho antes este otro Rubén Darío, encontrado como tantas cosas inolvidables en la eterna caja de sorpresas de la casa familiar: la biblioteca.
El ejemplar en cuestión decía:


VERSOS DE LA ALONDRA Y EL RUISEÑOR, EDITORIAL QUETZAL, 1967, Buenos Aires.

(También decía con birome "con todo mi afecto a Carmen Caparrós",estreno de Antígona Velez, 19/12/67, pero esto último es guardado para otro homenaje)

Allí encontré, -entre otros poemas-, uno de mis preferidos, acaso por su título, por su intención, por su música:



UN SONETO PARA BEBÉ

Un verso nuevo y gentil,
y metálico y sonoro;
un precioso anillo moro
que puliera el esmeril;

un rosa del abril
que dentro el pecho atesoro;
una perla en concha de oro
llena de aroma sutil.

Pues que tu lengua interpreto,
idioma de luz y miel,
te daría, niño inquieto,

envuelto en este papel,
un diamante hecho soneto
para que juegues con él.



También en la biblioteca estaban los diversos tomos (seis en total) de esa joya inhallable llamada "El Quillet de los Niños", esta vez un regalo especial de mi madre.
Allí este poema, pleno de frescura, (que me recuerda hoy los versos de María Elena Walsh :"Me gusta, como al pueblo y a la infancia/jugar con sonsonete de medida"...)al cual debo el gozo de tantas horas, tantas ...

DEL TRÓPICO

Qué alegre y fresca la mañanita!
Me agarra el aire por la nariz:
los perros ladran, un chico grita
y una muchacha gorda y bonita,
junto a una piedra, muele maíz.

Un mozo trae por un sendero
sus herramientas y su morral:
otro con caites y sin sombrero
busca una vaca con su ternero
para ordeñarla junto al corral.

Sonriendo a veces a la muchacha,
que de la piedra pasa al fogón,
un sabanero de buena facha,
casi en cuclillas afila el hacha
sobre una orilla del mollejón.

Por las colinas la luz se pierde
bajo el cielo claro y sin fin;
ahí el ganado las hojas muerde,
y hay en los tallos del pasto verde,
escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno corvo y sonoro,
pasa un vaquero, y a plena luz
vienen las vacas y un blanco toro,
con unas manchas color de oro
por la barriga y en el testuz.

Y la patrona, bate que bate,
me regocija con la ilusión
de una gran taza de chocolate,
que ha de pasarme por el gaznate
con la tostada y el requesón.


Ilustración de Ayax Barnes tomada de la presentación de
El Quillet de los niños.Imagen tomada del sitio www.imaginaria.com.ar


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