Puedo consumirme todo el infierno del mundo
Nunca perderé la maravilla
Del lenguaje
Nunca me despertaré entre las palabras
Recuerdo el tiempo cuando no sabía leer
Y el rostro del miedo era la alquiladora de sillas en los Campos Elíseos
En casa no había ni electricidad ni teléfono
A la sazón yo prestaba oído a las cosas usuales
Para captar sus conversaciones
Tenía citas con telas destrozadas
Mantenía relaciones con objetos inservibles
No me hubiera dirigido a un guijarro como a un molinillo de café
Inventaba lenguajes extraños a fin
De no comprenderme ya a mí mismo
Ocultaba detrás del armario una correspondencia indescifrable
Todo eso se perdió como un secreto
El día en que aprendí a dibujar pájaros
Quién me devolverá el sentido del misterio
oh quién
Me devolverá la infancia del canto
Cuando la primera frase llegada
Es nueva como un par de guantes
Recuerdo el primer automóvil en la Puerta Maillot
Se tenía que correr para verlo
Era algo así para todo
Me gustaban ciertos nombres de árboles como de niños
Que los gitanos me habrían robado
Me gustaba un frasco por su etiqueta azul
Me gustaba la sal esparcida sobre el vino derramado
Me gustaban con locura las manchas de tinta
Habría dado mi alma por un viejo boleto de Metro
Repetía sin cesar frases oídas
Que nunca tenían para mí el mismo sentido ni el mismo peso
Días enteros se pasaban dedicados a palabras aparentemente insignificantes
Pero sin ellas el centinela me hubiera traspasado con su arma
Oh quien nunca ha cambiado sus ojos por los del espejo
Y pagado el derecho de franquear su sombra con muecas
Aquel no puede comprenderme ni
Se puede guardar un color en su boca
Llevar una ausencia de la mano
Brincar con los pies juntos a las cuatro de la tarde
No usamos la misma jerga
No he olvidado el perfume de la desobediencia
Hasta hoy puedo sentirlo cuando me siento en los bancos
Hasta hoy puedo llamar ' mi querida' a una bicicleta
Para hacer que rabien los transeúntes
No he olvidado el juego de "Sueñe quien Pueda"
Que nadie sino yo ha jugado
No he olvidado el arte de hablar para no ser nada
Bien han podido enseñarme a leer no es cierto
Quien lea lo que leo
He podido vivir como todo el mundo y aun
Haber estado varias veces a punto de morir
No es cierto que todo eso sea un fingimiento
Una especie de huelga de hambre
Hay quien se perfila
Hay el hombre maquinal
Aquel con quien uno se cruza y saluda
El que abre un paraguas
Que vuelve con un pan bajo el brazo
Hay quien se limpia los pies al volver a casa
Hay aquel que soy
Desde luego y que no soy
(traducción de Javier Sologuren, tomado del libro POETAS DEL SURREALISMO, Colección Poesía Mayor, Editorial Leviatán)
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