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jueves, 26 de febrero de 2026

MÁXIMAS MÍNIMAS PARA UN HIJO QUE CRECE DESCONSIDERADAMENTE



- Que te sume. Que no te vaya a restar. Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío. Ese es tu problema. Este es mi problema. Si coincidimos, bien. Si no, buena vida social club. Arrivederchi. Vermú con papas fritas. Pero si además querés que te consideren buena gente, que no se note demasiado que tenés una ética de fondo mercantilista. Trabajá con honorarios institucionales un poquito, nomás, pero no dejes de comprar dólares, aumentar los aranceles según los estándares, porque no vas a regalar tu trabajo.  Defendé lo público, pero elegí lo mejor para los tuyos, que siempre se paga caro, porque si no, no vale. No te involucres profundamente más que con los sumamente íntimos, y, a veces, ni siquiera. Si algo te supera, no te molestes en aclarar nada: no contestes, desaparecé, pero inventate una buena excusa para no quedar mal con tu conciencia. Siempre la elegancia por sobre la autenticidad, y la productividad y el éxito por sobre las verdades del corazón. Cuando hables o escuches, siempre escudriñá las jugadas, como si tu vida fuera un tablero de ajedrez y cada uno que llega, un estafador potencial. No abras demasiado la puerta de tu alma: desconfiá, repartí, poné cada cosa en el sitio exacto y cada amor en el anaquel correcto, incluyendo grado de parentesco y tareas acordes y proporcionales, no te vayas a exceder. Sé un buen inversor en el mercado afectivo. No gesticules ni pierdas el control. No saques a pasear la pasión fuera de horario. Conformate con tener. Ser es otra cosa. Nunca digas ni pienses ni mucho menos sientas que lo que sucede te importa o no, te gusta o no. Sólo debe interesarte si suma o resta. Recordalo. Esa es la lógica del mundo, hijo mío.

- No me gusta.



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