Si probás a hablar desde quien realmente sos, habrá señales, no esotéricas, sino bien palpables.
Es muy posible que te sientas mejor con quien sos, y eso seguramente te hará hablar de otro modo, sonreír y reír de otro modo, darle seriedad a algunas cosas y quitársela a otras, hacer silencios donde hubo ruidos, y otros tantos sucesos inesperados.
Si hablás de otro modo, las personas con quienes hables te escucharán casi como por primera vez, y si te aceptan, empezarán ellas también a hablarte de otro modo, de otras cosas, de otros silencios… y si no te aceptan, tal vez dejen de hablarte por un tiempo, o más.
Los diálogos con los demás posiblemente refresquen a los demás y a vos, o al menos no hagan daño, o menos, o casi nada.
Y si esmeradamente seguís en el trabajo de los días, y pese a las contingencias que te hagan separarte de los nortes volvés a ellos, verás los frutos.
Y si te desprendés de los resultados posibles, verás que todo tu ser responde a otras leyes o pautas, que respira de otro modo, que toma aire y entiende, de a poco, pero de forma ineludible, que ahí donde tus acciones y palabras se conviertan en arte estará tu legado al mundo, y que aunque no hayas tenido hijos, todo te hereda,- como a todos nosotros -, y que, en algún tiempo de los tiempos, los seres que reciban tu legado y lo usen harán con vos una casa, un jardín, un poema donde la gente que los visite pueda vivir.
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