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sábado, 15 de julio de 2023

IDENTIFIQUESE/ OLER

"Si me quito la armadura, no dispares", Dylan Thomas
"Nada de lo humano me es ajeno", proverbio atribuido a Plubio Terencio Africano


Cuando caminamos juntas, ella es viento. Si me detengo, si me quedo parada en medio de la plaza con mi mente abstraída, ella se detiene y me espera, y si tardo busca sacarme de mi situación petrificada haciendo algo, ladrándome, saltando, lo mismo que si esto sucede en casa.

Sabe, sabe muy bien el olor de los climas que se esparcen por aquí. Sabe el olor de mi alegría y el de mi tristeza, y también el de mi panza, el de mis rincones propicios para que ella se refugie, para hacer ambas de mamíferas, yo con mis sueños y mis penas, ella con sus suspiros perrunos que indican que lo que huele en mí la conforta.

Olisquea mi cara buscando la respuesta a la pregunta con la que muchas veces pareciera comenzar su día y que se trata de mi estado de ánimo.

Alguna información relevante se encuentra cerca de mis ojos y mi nariz.

Pocos humanos me sacan la ficha tan rápido y tan acertadamente como Mar.

Sin embargo, no digo que ella sea mejor que yo, ni que los perros sean mejores que nosotros, los humanos. Somos animales diferentes. Y también diferimos entre individuos de idéntica animalidad.

Por ejemplo, Graciela, era una humana tan suave, tan ilesa, que aunque tal vez no pudiera olerme del mismo modo que Mar, sí era capaz de dibujar una caricia con su voz, con sus manos, ofrecer abrigo en sus lugares madre para mi frío del alma, y cobijar entre infusiones calientes esas partes mías indefensas, cachorras de mí misma. Y hasta a veces ofrecerles de yapa, un poema.

Ese es el privilegio de humanos entre humanos: captamos el sensorium de un modo más complejo, pero podemos ofrecer respuestas de igual belleza y eficacia, cada vez que emulamos a madre natura con nuestras palabras, sentimientos, pensamientos y acciones.

Mamá era de la misma madera noble, porque aún llenita de espinas por algunas partes, ella suavizaba con su ternura, con el abrazo fresco y ese “te quiero mucho”, que como su abrazo, era el lugar más seguro que conocí en mi vida.

En masculina forma, los ojos clarísimos de Norberto y los oscuros de Daniel, cobijaron mi orfandad paterna con calideces memorables, con la mano tomada entre cafés, con la mirada frontal y el oído atento, con la presencia dispuesta a ejercer paternidad a toda hora.

He tenido el privilegio de tocar relaciones privilegiadas. Y ser tocada por ellas. Por eso nada es lo mismo después de haber visitado esas tierras en que la sensibilidad humana dice “presente”, aún con sus rudezas y rugosidades, como bien corresponde a las pieles curtidas, nobles, elocuentes como la corteza de los nobles troncos. 

Norber amaba los árboles de su casa de fin de semana. La había elegido por eso, justamente por eso: porque tenía un árbol. Y me lo contaba con la misma emoción con la que relataba su amistad con Coyi, la que los había convertido en hermanos, tan hermanos que cuando Norber murió, Coyi cayó en coma por una enfermedad rara, y ahí se quedó, en una coma de la vida por tres años, y salió adelante del mismo modo, raro y poco favorecido por las estadísticas que hubieran anunciado una peor suerte.

Daniel se vino abajo cuando la fuerza de su amor contrariado por muchas situaciones afectaron su salud ya de modo definitivo.

Vaya manera de enseñarme lo que es la sensibilidad masculina, entre guitarras, libros, cafés y cigarrillos, la calidez inclaudicable de sus vidas, enunciando el porvenir de mi mirada.

¿Qué hubieran hecho en este tiempo, con sus sistemas de auscultar la vida anestesiados por el guatsap y los audios, por la inmediatez y la ausencia de cuerpo? 

Identifíquese, parece decir una y otra vez el sistema paranoide que hemos creado, que ha creado el humano con su inteligencia copetuda y cobarde, desprovista de una sensibilidad acorde.

Frente a ese devastamiento de la sensibilidad, prolijamente administrado por los ejecutores del poder y obedecido por sus sirvientes, todos nosotres, en mayor o menor medida, esclavos o rebeldes, dependiendo de nuestra autoeducación en una enorme parte, no sólo la resistencia a la invasividad del veneno inoculado llamado anestesia, sino más allá de la resistencia: el desarrollo de la plena sensibilidad.

Frente a ese devastamiento que ya nada es capaz de oler, de registrar por fuera de la literalidad más barata que se nos busca imponer, ahí sí ellos, los animalitos, los perros y demás mamíferos no humanos, van hoy con ventaja.

Tal vez lo que a Mar o a Graciela les llevaría muy poco tiempo, hoy en día deba ser aclarado años más tarde, después de demasiada amargura: tan solo un entredicho basado en suposiciones en función de un mensaje de guatsap causa la caída estrepitosa de varias relaciones, por sospecha.

La nueva enfermedad del siglo que iniciamos es la sospecha, la suspicacia pura, la construcción de fantasmas al por mayor, la crueldad ejercida como la más burda defensa ante la fragilidad inimaginable de nuestra consistencia humana, por primera vez amenazada en forma masiva desde todos los flancos, puesta incluso a crear inteligencias artificiales ... ¿sensibles?.

Identifíquese parece ser la consigna de la contemporaneidad: desconfíe, señor-señora, desconfíe.

El otro será un rival, un enemigo en potencia, un psicópata perverso narcisista, un asesino serial en potencia, o a lo sumo deberá pasar por rigurosos exámenes que uno mismo no aprobaría.

Sin descalificar la literatura de divulgación psicológica, la sobre abundancia de la misma, lejos de hacernos bien, nos acostumbra a una actitud escudriñadora, hiper atenta a signos nefastos, nos alerta indebidamente sobre definiciones muy complejas para ser establecidas por un lego, y sobre todo, ejerce la función de tornar imposible prácticamente la espontaneidad, en un mundo que la necesita tanto.

Si no se educa nuestra sensibilidad corremos peligro de extinguirnos como especie. Suena muy trillado esto, según creo. El problema no es extinguirnos como especie, sino extinguir lo mejor que trajo nuestra especie, que es la posibilidad de reunir rasgos humanos y animales de una manera sublime.

El olfato puede fallar, también Mar puede equivocarse. Pero es bueno elegir un modo más humano de equivocarse. Cómo nos plantamos al respecto nos involucra, porque por supuesto somos el "otro" de alguien, o de muchos.

En la constelación humana, creo que importan más los cómos que los qués, y sacar el documento a cada rato está muy bien si nos lo solicitan las fuerzas de seguridad, no los amigos, no los afectos nuestros de cada día.

Si lo sublime se extirpa, quedamos como simulacros de animales, y como simulacros de máquinas.

Lo humano jamás pasará por ahí.

 


sábado, 29 de enero de 2022

UN SOMBRERO Y UN HOMENAJE MÁS


 

Este sombrero no es cualquier sombrero: fue tuyo.

Me lo regalaste un día, y estuvo colgado como adorno.

Pero este verano...lo llevé en mi cabeza paseando por tierras jujeñas.

¡ Cómo te hubiera gustado realizar ese viaje! Y claro que hubiera sido maravilloso poder hacerlo juntas.

Pero no creas que lo hice por vos: lo hice a mi nombre.

Y es el mejor regalo que puedo hacerte.

Maestros son quienes nos inspiran, y eso supiste ser.

Hay cosas que recién hoy puedo vivir y comprender. Antes sólo las miraba en vos como algo ajeno a mis posibilidades. Te oía y percibía tu preocupación por mi dificultad para poder hallar contento en las cosas sencillas de la vida. Te preocupaba mi amor por el drama. Y a mí también, pero me sentía impotente al respecto.

Hoy mi vida por fin visita tu paisaje, comprende ciertos gestos y actitudes, ciertos guiños y emociones.

Creo que estarías muy feliz de verme feliz cuando lo soy, aunque a veces me enrede, como todos.

La catábasis del héroe, la comunión almática, y un montón de conceptos más se han incorporado al acervo de lo vivido.

Tu biblioteca interior era tan frondosa!!!

Hiciste de los astros y sus designios tu mundo, pero sin embargo siempre te gustó desafiarlos y enseñarnos a hacerlo, con una sonrisa.

¡ Te queremos tanto Graciela, acuariana universal, amiga del mundo! 

Como dijera Don Mario : "El mundo y yo te queremos de veras, pero yo siempre un poquito más que el mundo"


FELIZ CUMPLEAÑOS

domingo, 21 de noviembre de 2021

DOS RELATOS, de Uca Camard


MISA EN GRACIA


Se vistió con la ropa de ceremonia y fue hacia el altar. A esa hora la iglesia estaba desierta, aunque no más que su propia vida. Daba lo mismo oficiar misa o no, pero era una manera de pasar el tiempo.

 Los rezos se le mezclaron con pensamientos dispersos hasta que intentó concentrarse para elevar el copón.

 Fue cuando alzó la vista para consagrar que el juego de luces de unas velas le hizo ver entre sus manos a una mujer joven reflejada en el oro que guardaba el vino. Quedó contemplándola, tan en suspenso como el cáliz transformado en espejo.

 En tanto, de pie, ahí, muy cercana, ella lo miraba y no parecía estar atenta a nada más pues no se había arrodillado cuando él hizo sonar la campanilla. ¿Qué esperaba…? ¿Habría estado en otras misas sin que Mateo la viera…?

 El temblor de sus propios  brazos en alto le recordó volver al oficio, también le recordó su cuerpo y su alma entumecidos por una soledad de siempre.

 Bebió algo del vino y lamentó no tener a mano la botella para animarse mejor. La muchacha era una invitación a lo desconocido…; quizás ese momento fuese crucial para definir dónde buscar la exaltación de su misma existencia predecible hasta entonces…

 Se dejó andar como si fuera otro el que dejaba atrás el ara, pero era él quien sentía que los milagros se hacen solos, si uno no se opone.

 A ella le gustó escuchar su voz melodiosa: Mujer, estoy aquí y soy tan real como esta magia que nos acerca…


Porque aceptó el vino que le ofrecía y porque lo miró a los ojos cuando él rodeó con sus dedos las manos de ella, Mateo supo que ahí estaba ahora el altar y que ésa era la mejor consagración de su vida.




***  
RELATO SIN TÍTULO

El sol brillaba, límpido. Allá, por el cielo, una figura majestuosa se acercaba como disfrutando la libertad del espacio.


El Caballo, el Búfalo y el Oso acababan de encontrarse en el linde del bosque con la pradera. Como era la hora exacta señalada, los tres levantaron la vista, seguros de ver llegar al Águila a la “Reunión del Bienestar”. Habían acordado hacía años, ya, tener esa unión ceremoniosa que los reconfortaba y daba nuevos bríos a cada uno.

Desde un principio, un recodo del río, suave, casi recoleto, se les ofrecía como altar para ese vórtice de amistad.

 Después de los namaste recíprocos, cuando estuvieron acomodados, empezó el Búfalo a contar su año de experiencias. Lo dejaban siempre hablar primero porque su lentitud los ayudaba a bajar los decibeles del viaje.

 - Amigos, hermanos, este año logré pastar en la soledad que me gusta y, a la vez, escuchar allí cerca los mugidos de mi manada; en ella, todos coincidimos en llevar una convivencia sin sobresaltos; al juntarnos para beber nos sentimos felices, colmados por el verde de la llanura que nos nutre y la pureza del agua. Vuelco esa paz que heredo de la tierra en éste, nuestro círculo.

 El Águila movió un poco las patas antes de empezar su decir; aunque le encantaba bajar y comunicarse con sus amigos terrestres, le resultaba raro estar abajo.

-         Tuve momentos de éxtasis, varias veces, al acercarme a

montañas altísimas. Dicen que represento a la divinidad, pero al estar entre la luz del sol y los reflejos que emiten las nieves, los ríos y los lagos, no pude menos que comprender que todo es un mismo canto y que sólo soy parte de él. No tengo más palabras para expresar esto; sólo deseo comunicarlo para que cada uno se sienta partícipe en la Unidad del mundo.

 Lo dicho por el Búfalo y el Águila había ido calmando la ansiedad habitual del Caballo, siempre necesitado de carreritas y de juegos con sus hermanos equinos para canalizar entusiasmos. Sacudió seductoramente la melena y dijo:

 - Yo también disfruté, como el Búfalo, con los míos. El prado y nuestras patas se aúnan en el repiquetear de los galopes y elevamos una voz de alegría que viaja por el aire. Siento que cada uno de nosotros cuatro somos felices por saber gozar lo que la vida nos da de bueno.

 El Oso hablaba último en todas las reuniones pues lo consideraban el sacerdote del grupo. Pausadamente, movió sus brazos y, entre el pelaje de sus manos, aparecieron como por magia cuatro círculos azules con redes y plumas.

 - Hermanos, ante todo, gracias por el aporte de cada uno de ustedes.
 Me desperté temprano en esta primavera iluminada por las flores, perfumada por el miel y esa beatitud me inspiró a traer regalos a esta reunión; así que me sentí un artesano entretejiendo estos Atrapadores de sueños…

 Alzó los brazos, mostrando la obra como cálices y agregó:

 - Que ellos simbolicen el freno a lo que pudiera ser nocivo. Que permitan el paso del conocimiento necesario para cada día. Que sean la llave para sentirnos más cerca del Gran Espíritu – ustedes y yo, unidos, y unidos en el Todo, como dijera el Águila.

 Los amigos sintieron que esa Reunión del Bienestar había sido maravillosa y, tras la “no-despedida”, se fueron por sus sendas con el regalo y las palabras alegrándoles el corazón.

 La sincronía que mueve el universo hizo que, a poco de andar, los cuatro miraran a un tiempo su atrapador azul y sintieran cómo se complementaba su color con el brillo del sol y con la vivencia de sus almas.


martes, 14 de septiembre de 2021

Divinidad, de Uca Camard


Divinidad

                       A la Esencia Universal

                        

Digo tu Nombre,

Presencia que me habita desde todos los tiempos.

Tus letras tienen la voz de madre

o el lejano resguardo que padre me dejó

o sos fonema de una soñada torre de Babel

- todo balbuceo de nuevos caminos

que sólo acercan hasta lo Innombrable.

 

Siempre acudes para recordarme

que - al llamarte - me nombro,

que - al invocarte -

tus voces que me conforman sienten el reclamo

y, a su vez, reclaman.

 

Digo entonces mi nombre

que es letra de tu Palabra,

intuyo mi papel

y callo, para que hablemos.



viernes, 18 de junio de 2021

ROMANCE DE LOBOS

Transcribo con su autorización, dos escritos de Hugo Ferrer dedicados a la memoria de Uca. 
Hugo es una persona de múltiples inquietudes, una de ellas, escribir. También condujo muchos años un programa radial sobre rock, al que llamó "En la boca del Lobo", y es Acompañante terapéutico. También lo considero mi amigo, y nos ayudamos a traernos un poquito la memoria de ella cada vez que hablamos.

"Elegiste un día extraño o el te eligió a vos, no lo sé. La mañana de este enero era como el recuerdo de un invierno, llegué hasta vos, la tibieza de tu piel estaba presente pero tu clima cambiaba inexorable y poco a poco el frío se iría instalando. Te hablé, con mi mano estiré tus labios hasta formar una sonrisa, enlacé nuestras manos como si fueran las colas de los caballitos de mar. Ya tus huesos no dolían, la calma en tu rostro me tranquilizó, como siempre yo nervioso y vos...dándome ánimo.
Estoy en paz, he conocido la felicidad, escurridiza situación que pocos logran encontrar en sus vidas. Los casi cuatro años fueron plenos y me dan la seguridad de saber a quién tengo que encontrar cuando me muera, el universo no es tan grande para no poder hacerlo. Me amas y te amo, y si bien estoy
llorando es solo mi cuerpo que te extraña." (enero de 2018)


"Gracias Huesera mía, creo haber sido un buen alumno y hoy me place saber que aprobé la materia amor.

Sé que lo que voy a publicar es largo y muchos/as tal vez no lo leerán en forma completa por ese motivo.

Algo que caracterizó mi convivencia con Uca Camard fue nuestro gusto por la literatura, que fue la crema con la cual jugábamos intercambiandonos roles de relator y escucha.

Era ella de leerme cuentos, libros, de Italo Calvino, Herman Hesse, Cortazar, Castaneda, etc. y yo le devolvía cuentos inventados en el momento de los cuales solo sobrevivió uno que en este momento no viene al caso.

Fue un hermoso cuento haber compartido vida con ella, hoy a un año que ya no está su cuerpo (las buenas historias nunca finalizan del todo)  le quiero obsequiar y compartir lo que escribí hace poco tiempo.

La felicidad de haber conocido y disfrutado de un ser tan especial que me dio todo lo necesario para saber lo que es el verdadero y más completo amor,  ya en lo físico, con el alma y con el espíritu, me han hecho un ser muy privilegiado y por eso un ser agradecido. Hoy está el proceso inevitable del dolor, pero como en todo cuento ella me enseño que hay algunos ingredientes básicos y un relato siempre los tiene: la trayectoria del héroe (personaje) , el personaje y su mundo, su peregrinar por la historia, obstáculos y dificultades, los personajes (amigos/as) que lo han de ayudar y la superación final que premia su esfuerzo y queda como muestra para otros.

Hoy creí que no podría levantarme, pero ahora estoy seguro que estoy de pie y volveré a correr como tanto me gusta, libre, como el lobo que corre en mi, como animal de poder..

Uca Camard, mi huesera personal (ver Mujeres que corren con lobos) Gracias inmortales!

A continuación lo que está escrito fue inspirado por la imagen que encabeza, la cual me fue enviada por una amiga y se llama:

ALIENTO SIN TIEMPO



Inspiración 

Tomar el aire que te llega e incorporarlo a tu ser. 

Aire que ha sido millones de veces reciclado de muchas formas y continúa siendo un viajero en un curso indescifrable, huésped ocasional, abandónico en su acto de transformación.

Estuvo en el primer momento como testigo guardado en los pulmones de la creación misma, expectante, deseoso de salir a correr en la formación de un espacio nuevo ¿nuevo? Para él, seguro que sí. ¿Qué interesaba si no era el primer espacio donde se desarrollara? ¿Qué importancia tendría la existencia de un aire anterior o si había de ser la continuación en una transformación? Ese era su momento, su única oportunidad de salir.

Iba a ser el responsable de movilizar los elementos y a cada paso acomodarlos en el cuadro físico, ya que su impulso garantizaría la apertura del terreno a cubrir. 

Necesitaba solo estallar desde aquel reservorio donde estaba contenido. Donde también seguramente cumplía una función, que ya casi había olvidado, ya solo había futuro en él.

Soñaba el aire, con depositar galaxias enteras en su viaje, galaxias que tratarían de seguirle el paso, quedando relegadas por su velocidad y cuando ya reconocieran que era más rápido que ellas, conservarían su recuerdo hasta que se agotara sus fuegos, enviando tras sus pasos una luz de estrellas apagadas.

¡Cuánta expectativa!

La vida, consecuencia del arreo de tantas partículas y la enorme energía de su impulso.

Todas esas cosas no le serian propias, él se encargaría  de sus destinos, como vehículo de las mismas.

Alguna vez se preguntara alguien ¿Por qué no hay aire en el  espacio vacío? Cuya respuesta sería- Porque ya pasó por ahí y se fue, dejando parte de si y todo lo que ahí depositó; acá mucho, allá menos o quizás nada. Potestad absoluta, de su condición como sembrador de elementos.

Inspiración 

La fórmula casi mágica que ocurre ante una hoja o un lienzo en blanco, también ante una piedra donde se revelará una figura. También ante un público expectante, actuar, cantar, poetizar. La inspiración es un acto de adentrarnos para sacar de nosotros algo que convide a los demás un aspecto propio y de muchos otros. Es un momento que no todos alcanzan. 

El aire deseoso de salir se inspira. 

Una planificación perfecta debe ser desarrollada por su acción. 

El aire necesita de la inspiración para exhalarse. Para convertirse en todo lo que desea ser. Para llevar un mensaje muy especial entre todo lo que posee, un mensaje casi secreto, que no siempre será entendido y practicado, algo que como él no se quedara fijo y seguirá viajando, en este caso multiplicándose mientras otros elementos se van reduciendo.

El aire necesita ser exhalado.

Exhalación 

Acto reflejo de la inspiración, consecuencia lógica de la misma. Concreción de la acción y al mismo tiempo final de ella.

En ese principio era la necesidad, la necesidad del aire y con el vino lo que llamaron unos, el Soplo de vida, el Big Bang otros. Que tal vez siempre fue la misma cosa, no importa. 

Pero la vida comenzó con el impulso primario de expansión. 

Los elementos físicos siempre respondieron y responden a dos principios fundamentales… ¿demasiado simple? 

Solo dos principios fundamentales: Atracción y rechazo.

Y fue así que los átomos se fueron acomodando entre si y fueron generándose y agrupándose, los una vez rechazados también se agruparon entre otros para luego combinarse con los antes rechazantes y que también se habían combinados en otras variantes y así infinitas posibilidades. Las mismas posibilidades que como seres vivos tenemos. La misma ley, tanto la física como la química la practican y somos un resultado de esa cuestión.

Estas cuestiones el aire en su exhalación las descubre, va viendo en la práctica lo que era su deseo.

La exhalación es el hecho consumándose y consumado.

Ahora, ya, en nuestro aquí y ahora, estos dos cuerpos que se han atraído, esas dos energías que se han aceptado ya son partes del espacio físico bajo una noche pecosa de estrellas, convocados por un bosque, con una luna silente que los refleja, apenas se escucha el suave sonido de sus alientos que los abandonan, que se unen danzantes en un espacio nuevo, sus cuerpos tibios, relajados exhalan esos vapores que se fusionan tal cual ellos, pero fuera de ellos. 

¿Quién quedara después cuando termine la noche? ¿A dónde irá ese viejo nuevo sentimiento enriquecido?

Ese amor asumido, bien tratado, disfrutado, eternizado, ha sido exhalado.

Tiene sentido el deseo del aire en ser inspirado y exhalado entonces, porque ese es su destino. 

Mientras encuentre quienes comprendan el mensaje, casi escondido en él, podrá seguir adelante, satisfecho de su tarea.

La luz del amor continua aun cuando la estrella de algún cuerpo este apagada."

Hugo Ferrer ( enero de 2019)



Esta es la imagen de "la huesera", del libro "Mujeres que corren con lobos", de Clarisa Pinkola Estés


RETRATO DE UCA, y SÍMBOLOS SABIANOS, dedicado a mi amiga Uca Camard


En realidad se llamaba Graciela, y yo solía llamarla Gra, pero ella en sus últimos años eligió este nombre para mostrarse al mundo,- aunque no le molestaba en absoluto que la siguiera llamando Gra, ni tampoco los modos en que la gente decidiera llamarla-,  y además de que este nuevo nombre tiene su historia aunque yo no la recuerde, suena muy lindo: Uca Camard

La conocí hacia el dos mil, quizás un poco antes, pero nuestra amistad empezó a plasmarse a partir de ese año, casualmente un año clave en mi vida, en el que comenzaron muchas cosas lindas, mi mudanza al departamento en el que vivo, ciertas amistades que me acompañaron todos estos años, - aunque haya algunas que se diluyeron en el último tranco de este camino, pero otras importantes que permanecen-, y también el comienzo de mi aventura capillense, y tantas vivencias más.

Una persona especial, cuyo conocimiento sería imposible de transmitir en este breve espacio, más bien sería digno de una novela... Hizo de todo, trabajó en cartografía, fue Maestra de grado, casi licenciada en Literatura, escribió mucho, leyó mucho, ayudó siempre a todo el mundo a evolucionar, alentando lo que ella consideraba eran sus virtudes, sus talentos, sus dones. 

A partir de un momento doloroso personal en que dejó la docencia, empezó a conectarse con lo esotérico, culminando esta etapa con el estudio profundo de la Astrología, a lo que se dedicó de ahí en más. Cuando la conocí, ya estaba investida de esta nueva aureola. Me decía que ella había sido sartriana y que empezó con cierta desconfianza su estudio de lo astrológico, pero desde lo empírico constataba todo lo que no podía ser comprobado científicamente.

Tenía una facilidad natural para la risa, la sonrisa...la suya era una risa suave, y un poco pícara...Todo lo que salía de Gra era suave, era su cualidad esencial. Ninguna observación que ella pudiera hacer era hecha desde la dureza, desde la hostilidad, era algo ajeno a su persona.

Se podía enojar, y de hecho vivía esos enojos, pero le costaba manifestarlos, era como ella decía "enojo interno" con personas o situaciones. No era una persona sometida, era muy libre, sólo que actuaba en libertad, no la pregonaba. Suavemente ella vivía a su manera. Muy acuariana, obstinada como me enseñó que somos los que tenemos a acuario en algún lugar importante de la carta, una obstinación poco visible a veces, que por supuesto a ella la hacía sonreír.

No sé qué cosa no la hacía sonreír a Graciela. No era falsa, pero jamás era descortés. Sabía y adoraba agasajar y recibir en su casa a la gente que quería. Sabía querer también de un modo elocuente pero no empalagoso. Uno sentía su afecto como un paraguas gigante, como un pullover de lana suave, abrigadito pero nunca apretado.

Extraño enormemente las pequeñas temporadas pasadas en su casa. Siempre me esperaba y me lo hacía saber: si era otoño, porque el colchón de hojas del parque me estaba esperando. Y si era primavera, lo mismo. Su amor por los animales no humanos era inconmensurable. Adoptaba perros y gatos todo el tiempo, recogía animalitos para curarlos en su casa y luego los soltaba...también compraba remedios para curar animalitos vagabundos que anduvieran por su amada Ciudad Evita, en la que vivió la mayor parte de su vida.

Ponía apodos a todo el mundo: sus antiguos amores,  los vecinos... su Maestro venerado por ejemplo era llamado "El Sublime", y ya con eso uno sabía de quién se trataba.

Nos "espiaba" como ella decía la carta natal a todos, amigos y vecinos...que si un nuevo amor, que si una situación familiar...ella espiaba e informaba...no lucraba con nada de todo eso, más que con los encargos formales, y los talleres que armaba, con lo cual se ganaba la vida.

Sus regalos de cumpleaños solían ser artesanales, artísticos o astrológicos: una revolución solar, una canastita para poner "sólo cosas lindas", un mandala hecho a mano en metal dulce, o cosas tejidas al crochet...Su último regalito para mí fue un informe de mis símbolos sabianos.

Charlar con ella era algo que no tenía principio ni fin, algo que se iba engarzando naturalmente fuera tomando un mate o cocinando a dúo, viéndola tejer o caminando juntas, yendo a tomar un helado o un cafecito... Siempre se cruzaba con ex alumnos o chicos del barrio. Una de mis últimas excursiones invitó a dos muchachitos vecinos a guitarrear conmigo en su casa, quería que yo los ayudara a despuntar su veta artística.

Siempre dispuesta a escuchar y a enseñar, fue mucho lo que me legó, y tal como ella decía: "cuando alguien querido muere, hay que tomar sus banderas", y yo estoy tomando algunas de las suyas.

Tuvo muchos amores, pero si bien supo disfrutar y valorar lo que cada uno tuvo para ofrecerle, creo que la Vida le ofreció una revancha a sus pesares amorosos en sus últimos años. Ella ya estaba un poco desencantada de la idea de enamorarse nuevamente de nadie. Andaba leyendo y recomendando "Mujeres que corren con lobos", y vino a dar con su lobo, con Hugo, quien en su brazo tenía tatuado a ese animal,  por si pudiera faltar algo a la historia. A su vez Hugo la nombra aún hoy como "su huesera", en honor a uno de los cuentos del libro de Pinkola Estés. 

Ella me decía que estaba enojada con su cuerpo, porque ya las enfermedades que le dificultaban la vida se habían manifestado, y justo tenía que venir a enamorarse así, con una historia bonita de veras, estando medio cachuza...

Casi olvido decir que tuvo dos hijos, un hijo y una hija, a quienes amó y cuidó sin asfixiar, y a los cuales les ha sido dado el difícil e inapreciable regalo de tener por madre a un ser único.

Era una mujer hermosa no sólo por dentro. Y estaba acostumbrada a no quejarse: no soportaba la queja como estilo de vida, así que su diabetes y su insuficiencia renal las llevó como una duquesa sin hablar demasiado del tema. Cuando se dializaba en su casa, el último tiempo, se iba a un cuarto chiquito, en privado, y decía que se transformaba en el Hada Melusina.

Siempre acudían a ella mitos de la Grecia antigua, que sabía y utilizaba para ejemplificar sus explicaciones con lujo de detalles. También había realizado algunos cursos de asistencia abierta en la Facultad de Psicología, y solía decir que amaba mucho a Jung, pero también a Lacan.

Ella me homenajeó a mí con un poema, y yo aquí hago público el que pude escribirle cuando ya la sabía muy enferma, con la ilusión de podérselo leer, cosa que no llegué a hacer en esta tierra.




Símbolos sabianos

(a mi amiga Graciela Rival, poco antes de su partida)

 

Ella, la loba sabia,

el hada Melusina,

la adorada de todas las hadas.

Enamora a su paso a las hojas caídas del otoño,

a cada brizna de pasto,

a cada árbol del vasto jardín que la habita.

Sabe que más acá de los portales eternos

hay un mundo entramado de amores

que ella cuida mejor que el mundo.

Cose,

y en cada puntada engarza una sonrisa,

y suavemente devuelve a la vida

a los perdidos en océanos tumultuosos.

Ella cocina,

y en cada sabor regala ese tesoro

de conceder a cada ser viviente

un existir más dulce.

Con sólo acceder a un minuto de su presencia

uno aprende un libro entero de recetas para el alma.

Ella es mi Amiga Mayor,

mi maestra,

o simplemente un ángel profano

que el universo dejó junto a mi mesa

como una carta,

un sueño lindo,

una caricia en el pelo,

una precisa sensación de presencia,

un frasco de esencia de lavandas

o un sombrero cuajado de margaritas.

Trasmutadas en mundos diferentes,

nos veremos soñar y hablar entre mates

o tejidos

o cartas natales,

una y otra vez,

Amada amiga mía

¡Brindemos pues!,

para honrar la eternidad que nos cobija.


Esta foto, paseando por el parque bajo la lluvia a su perro Gualterio, el último que tuvo, quizás pinta de cuerpo entero a ese ser que se quiso fundir con la naturaleza, minimizando su existir al servicio de algo mucho más hondo, profundo y sencillo...Como en un haiku.

Realmente soy una persona afortunada por haber tenido el privilegio de gozar de su amistad, y de traerme tarea para el hogar a través suyo, una grata tarea de por vida, que asumo por entero.

lunes, 19 de abril de 2021

A Lobos con capelina ( del "Libro de los momentos felices")



Íbamos con Graciela por la noche de Lobos… ¡Y era tan lindo!

Mi amiga solía tomar mi pena y sabía disolverla como un caramelo se disuelve en la boca…Yo había llegado a su casa en busca de paz, como siempre que llegaba a su casa. Y como siempre, encontraba esa paz en su presencia, entre mates y charlas, y hojas verdes o marrones del parque de Ciudad Evita.

Una noche habíamos hecho circular el péndulo entre tres opciones para vacacionar juntas no muchos días. Salió Lobos a la cabeza. Una y otra vez.

Y allí fuimos, esotéricamente llevadas, ella, mi amiga la astróloga y yo. Allí teníamos que ir, ineludiblemente. Un sueño en capelina la esperaba mientras poetizaba en la orilla sus garzas y pajaritos, sus preguntas naturalistas sin respuesta…A mí me esperaba el primer animal al que iba a cuidar hasta su partida.

Ella no era muy noctámbula, más bien todo lo contrario. Pero ambas hacíamos las concesiones necesarias para que el acampe funcionara.

Yo la llevaba al puente sobre la laguna a mirar el cielo, y nos sentíamos en Venecia por un ratito. Ella me inducía a abrir un ojo a las seis de la madrugada para avizorar, desde el cierre entreabierto de la carpa, una garza posada sobre un arbusto, para luego seguir durmiendo.

Yo necesitaba el agua en el cuerpo, nadar o juguetear en esos veinte centímetros de profundidad medio sucia, y ella se quedaba escribiendo bucólicamente en la orilla. Un día se me ocurrió invitarla a andar en una de esas lanchas a pedal… ¡turismo aventura para Graciela, que manoteaba mi mano o el borde de metal como si nos pudiéramos ahogar en la laguna de Lobos!

Caminábamos… ¡Ella siempre descubriendo cosas! Una noche había registrado que los botones del teléfono público del camping estaban despintados, y a la mañana siguiente se armó de un liquid paper y los corrigió pacientemente uno por uno para que la gente pudiera marcar en forma correcta.

Yo por ese entonces andaba deseando tener un marido, un hijo y un perrito, y todos me sugirieron con buen criterio que empezara por el perrito. Fue así como una de esas noches de caminar juntas me saltó una perra negrita muy alegre. Me hizo fiestas por un buen rato, y mientras la acariciaba dije en voz alta: “es ésta”. Luego se alejó chumbándole a una bicicleta o detrás de un gato, ya no recuerdo bien. Mientras seguíamos caminando, Graciela me dijo “es un poco bruta…Yo tenía elegida una más dulce para vos”, a lo que yo respondí: “No: es ésta. Esta perrita me gusta”.

Al regresar de nuestra caminata, la perrita negra estaba detrás de la carpa hecha un bollo del lado en que yo dormía. Graciela sonrió con esa sonrisa tan especial que era parte infaltable del paisaje de su rostro cotidiano.

Por la mañana la negrita no hizo más que seguirme: primero a tomar mi cafecito, y luego a alquilar una bici de esas en que los pies tocan el suelo. Sólo quedaba una y me animé. ¡Era hermoso para mí volver a andar en bicicleta después de tanto tiempo, atravesando llanos verdes sin automóviles! Y con mi compinche negra corriendo y jadeando detrás mío.

Así siguieron las cosas: yo me paraba, la bichita se paraba. Yo me sentaba, y ella se sentaba. Yo iba al baño del camping y ella me ubicaba en el inodoro correspondiente. Yo iba a la laguna y ella me acompañaba y se quedaba esperándome, y cuando salía me escoltaba hasta la carpa.

Graciela se reía. ¡Vieja amante de perros y gatos callejeros, a quienes daba hogar en su casa!

Yo quería llevarme a la pichicha, pero temía por mis cuadros, que les hiciera pis… ¡qué sé yo! ¿Y tanto tiempo sola? Muchas dudas y mientras tanto, una cadena invisible nos unía cada vez más.

Un día me dijo Gra: “Claudita (yo siempre era Claudita para ella) ¿Por qué no hacemos un plan uno? Si vos te la querés llevar, pero dudás, hagámosla dormir en la carpa y veamos cómo se porta”. El caso es que salió perfecto, y eso que ni le poníamos comida aún.

De ahí en más, todo continuó del mismo modo, y nada hacía salir a la negrita de su modosa forma de comportarse.

Una noche la invité a Gra a cenar a una parrilla dentro del camping para celebrar su cumpleaños. La negrita se coló detrás de nosotras y la hicimos esconder bajo la mesa de donde no se movió, pero sí se comió gustosamente todos los huesitos de la parrillada que le fuimos dejando en forma disimulada. ¡Cómo nos reíamos de sólo pensar en lo que habrán creído los mozos al ver la bandeja sin restos!

La gente de la entrada ya me preguntaba si me la iba a llevar o no, y hasta me sugerían nombres: Laguna o Lobita eran los más aceptables. Y un día me decidí: Lobita se venía a casa.

Y lo anuncié por el teléfono público recién pintado: mi mamá con un entusiasta ¡me gusta!, y una amiga querida amiga preocupada por cómo iba a hacer en un ambiente sin balcón.

Nos pasó a buscar en remis el entonces yerno de Graciela y llegamos a destino.

La Lobi se había revolcado en un esqueleto de pescado y olía pésimo, y yo me había insolado. Así que primero la bañé a ella y luego a mí, y a dormir.

Fue ese el comienzo de un largo, largo romance entre mi pequeña Lobita y yo, pero ese ya sería otro cuento.

Sólo sentir aquí en el pecho el inmenso orgullo de haber sido elegida por un animal al que no compré: me compró ella a mí.

Tan solo cinco días de camping en la laguna de Lobos en un verano que no fue capillense, que no fue de vacaciones largas, pero sí entrañables.

No siempre es largo y caro lo que nos hace felices. A veces, con poco alcanza.

Poco, como el perfume concentrado de las esencias florales, caricias morochitas en las noches perrunas, y la luna en el puente oprimiendo el click de la máquina de fotos que no llevamos, sacando la postal del para siempre.

  (2020)