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domingo, 8 de junio de 2025

sobre la vida de las piedras


Una vez alguien me dijo que las piedras se rompen, se desintegran o se pierden sólo cuando ya no tienen una función que cumplir en nuestras vidas.

Tal vez ocurra lo mismo con nosotros, con nuestra función en la vida del mundo, y eso que llamamos dios, ese conjunto de extrañas fuerzas encontradas, eso que llamamos misterio, que quizás tenga su alma profunda conectada con lo que llamamos amor. Y entonces, eso -misterio –dios- amor, nos desconecte de la vida del mundo, así como la conocemos.

Tal vez esa maraña de piedras, collares pequeños, ínfimos y gigantescos, en que se mueven nuestras vidas individuales, esa joyería de finos y torpes engarces invisibles se mueva, se desintegre, se renueve, se reconfigure.

Tal vez eso sea un macro espectáculo maravilloso para quien lo mire desde otra galaxia.

Tal vez eso emane música, una música infinita, como tantos vislumbramos desde la música de las esferas y otros sucesos.

Tal vez la partitura se desenvuelva en el silencio o en lo atronador de una tormenta celestial.

Entramos y salimos de la ronda, y luego entramos en otras rondas y danzamos con otros compañeros otras danzas, es así el juego bailarín de la vida.

Las piedras nos acompañan desde nuestros bolsillos a transitar la existencia, acurrucadas dentro de nuestro puño cerrado; y tal vez el enigma encarnado en esa piedra se resuelva cuando ella ya no esté.

Las piedras, encontradas o regaladas, son nuestros acompañantes en un camino que se abre, que infinitamente se abre.



martes, 18 de marzo de 2025

mana: lo que queda vibrando



"mana" es lo que resuena de un encuentro. V. Gawel

Si probás a hablar desde quien realmente sos, habrá señales, no esotéricas, sino bien palpables.

Es muy posible que te sientas mejor con quien sos, y eso seguramente te hará hablar de otro modo, sonreír y reír de otro modo, darle seriedad a algunas cosas y quitársela a otras, hacer silencios donde hubo ruidos, y otros tantos sucesos inesperados.

Si hablás de otro modo, las personas con quienes hables te escucharán casi como por primera vez, y si te aceptan, empezarán ellas también a hablarte de otro modo, de otras cosas, de otros silencios… y si no te aceptan, tal vez dejen de hablarte por un tiempo, o más.

Los diálogos con los demás posiblemente refresquen a los demás y a vos, o al menos no hagan daño, o menos, o casi nada.

Y si esmeradamente seguís en el trabajo de los días, y pese a las contingencias que te hagan separarte de los nortes volvés a ellos, verás los frutos.

Y si te desprendés de los resultados posibles, verás que todo tu ser responde a otras leyes o pautas, que respira de otro modo, que toma aire y entiende, de a poco, pero de forma ineludible, que ahí donde tus acciones y palabras se conviertan en arte estará tu legado al mundo, y que aunque no hayas tenido hijos, todo te hereda,- como a todos nosotros -, y que, en algún tiempo de los tiempos, los seres que reciban tu legado y lo usen harán con vos una casa, un jardín, un poema donde la gente que los visite pueda vivir.



 


domingo, 27 de octubre de 2024

SIN PIEL, crónica de una noche mágica

https://www.youtube.com/watch?v=u2p5hYr5ZBM


Llenarse de lágrimas por dentro, ese dolor que sana dentro de las canciones...

Eso, y que en cada tango que ofrecieron estaba el alma de mis amigos: ella, la que se jugó por un hombre que se acababa de separar después de un matrimonio de esos para "toda la vida", y que decidió a su vez hacer lo mismo. 

Él, ese hombre tímido, eternamente disfrazado de capricorniano, con un corazón y una capacidad superlativa de amor. Él, mi compa de añares en la escuela amada, el mismo que tuvo que velar a su hijo mayor hace pocos años, estaba ahí, en el ruedo de la vida, como guitarrista del dúo de tango que esta noche logró llenarme el cuerpo de esas lágrimas y no otras. 

Ella, decidida en su decir y en su moverse, la cantante del dúo, allí plantada, como plantada estuvo en aquél día aciago, la compañera con quien él logró hacerse más blando y más sonriente. Y ambos brillando, conmoviendo, como si ahí no hubiera entreverada cicatriz alguna, haciendo de la emoción de vivir una fiesta. 

Cuánto para aprender en una sola noche, de dos que se casaron sexagenarios y sexagenarios afrontan desafíos de pendejos con la gracia más fresca que nunca.

Todo es abrazo después del espectáculo, que además sumó otro dúo enorme de tangueros con fuelle, durante  cuya actuación todas las tabas repiquetearon, y mi mano recién salida del horno se animó a amagar un par de acordes sobre el piano de  mis rodillas.

Eso, y que otra compa que fue a verlos me sorprendiera a su vez con un modo más alegre y delicado que cuando estando en funciones escolares su mal humor llegaba a la celebridad, y que a su vez esté bailando tango hace ya años, fueron pruebas elocuentes de que la vida anda ahí mostrando los naipes a quien quiera ver su juego.

El pibe pelilargo entusiasta que grababa todo y aplaudía iluminado, resultó ser el hijo menor de mi amigo. Al hablar de eso, menciona cuánto desearía que estuviera el otro también, pero sin que su rostro se demude, casi el mismo tono emocional con que dirá luego que de todos los conservatorios y escuelas por las que pasó, como el BOA no hubo ninguna igual, no habrá ninguna.

Aquí la letra de uno de los muchos tangazos de esta noche, uno de los que te calan hasta el hueso. De la maestra Eladia Blázquez. 



SIN PIEL

¡Ya sé! Llegó la hora de archivar el corazón...

De hacer con la ilusión, que no me va a servir

Un lindo paquetito con una cinta azul,

Guardarlo en el baúl y no volverlo a abrir...

Es hora de matar los sueños,

Es hora de inventar coraje

Para iniciar un largo viaje

Por un gris paisaje sin amor


Voy a aprender a llorar sin sufrir,

Sin detenerme a mirar una flor,

A encallecer lentamente

¡Igual que la gente sin alma y sin voz!

Voy a entender que se puede morir,

Y latir al compás del reloj;

Como una máquina fiel

Igual que un robot sin piel


Después de haber sentido hasta el dolor... a los demás,

De darme sin medir, de amar sin calcular,

Llegó la indiferencia metiéndose en mi piel

Pacientemente cruel, ¡matando mi verdad!

Saber que no me importa nada...

De alguna vibración pasada;

Y caminar narcotizado

Por un mundo helado sin amor.




martes, 23 de abril de 2024

UN PONCHO DE ESTRELLAS



Ikiru, como las palabras en guaraní, esta llena de sonidos i y de sonidos u…los más dulces, también abundantes en las palabras japonesas.

Ikiru significa vivir.

Kurosawa la filmó en blanco y negro, y al comenzar, da la sensación de ser un melodrama tremendo. Por lo menos, fue la sensación que me dio a mí, y hasta me atemorizó un poco que justo esta película que elegí con esmero para verla en el cine, no fuera a gustarme.

No me agradan los melodramas, y el tono con que comenzó, fue ese.

Pero me sumergí en ella, sin más. Casi nada parece lo que es. 

Que un hombre fosilizado en vida descubra que está por morir, que se aterrorice, que se apene por las oportunidades perdidas, que choque con su hijo y su nuera y descubra lo lejos que se encuentra de ellos, de poder comunicarse de corazón a corazón. Que un hombre que trabaja obsesiva y rutinariamente en una oficina pública desde hace tanto tiempo que ya parece formar parte del mobiliario, haya donado todos sus años desde una viudez prematura a la causa de que a su hijo no le faltara nada. Y que ese hombre se abisme ante la proximidad de la muerte con el desamparo de sus propias acciones por único abrigo, como si un poncho raído y agujereado pudiera darle el sosiego necesario, son todas buenas razones para un melodrama. 

Así que Watanabe, -una especie de González entre nosotros-, irá por alcohol aunque se siga perforando el estómago, irá por mujeres aunque no lo elijan, y encontrará algunos compañeros piadosos en un camino yermo. 

Pero a este González japonés lo deslumbra la visita de una compañera de trabajo que tiene una risa muy sonora, y que emana gracia y frescura en cada cosa que dice. Ella sólo necesita poder renunciar al trabajo más aburrido del mundo, y el único que puede firmar esa renuncia es él. Watanabe va a seguir paseando con la jovencita, que nada sabe acerca de su enfermedad, y cree que él la pretende. 

El nuevo empleo de la chica será en una fábrica de conejitos saltarines a cuerda, y mientras él le confiesa la poderosa razón por la que elige su compañía, uno de los conejos, desde la mesa, escuchará la confesión que ella no es capaz de creer: que él necesita el secreto de esa alegría, que él quiere poder vivir como ella.



Hay un corte, tras el cual iremos a parar sin escalas al velatorio de Watanabe, siguiendo una tradición que Kurosawa aprovecha de un modo magistral, ya que, entre quienes visitan la urna funeraria y quienes, sentados y bebiendo sake, comentan los últimos sucesos en la vida del simple oficinista de una de las más burocráticas oficinas públicas del Japón de entonces, se irá revelando una verdad desconocida.

Y es que Watanabe había quedado congelado en una toma anterior: después de llorar su suerte frente al conejito y la joven, él había levantado la cabeza y, casi al unísono, también había comenzado a sonreír.

El secreto de esa sonrisa se irá desplegando como un origami entre trago y trago de sake, entre las presencias que llegan y se van, entre los chismes encontrados de los últimos tiempos del señor… Y la verdad, -como un gran rompecabezas-, se irá armando también en el mismo escenario del velatorio.

Watanabe no hizo nada extraordinario: solamente cumplió con un trabajo pendiente. Claro está que el trabajo pendiente era la construcción de una plaza para que los niños pudieran jugar, reemplazando de una vez el baldío horrible en que la podredumbre servía de caldo de cultivo a tantas enfermedades y tanta fealdad. Sólo que esa tarea en nada parecía conmover a los funcionarios, que hacían pasear de una oficina en otra a un coro de mujeres hartas ya de luchar.

Watanabe decide tomar esa causa, y llevarla a su realización. Para eso desafía las negativas de los jefes, insiste con firmeza ante presiones que nadie se había atrevido a resistir, y finalmente logra ver la inauguración del predio, terminada en los meses justos que le quedaban de vida. 

Watanabe muere hamacándose en medio de una noche fría, y nadie creyó que esa hamaca pudiera contener tanta felicidad. Muere cantando, no por borrachera, ni por soledad, ni tampoco muere de frío. Muere cantando una vieja canción que había perdido su significado, como si la cantara por primera vez. 

Watanabe muere feliz, sintiendo la realización de un trabajo como la tarea que dio sentido a su vida ese tiempo final en que por fin pudo detenerse a mirar el cielo y lamentar no tener más tiempo para hacerlo, ya que había que llegar a concluir la obra. . . 

Él tiene un coro de mujeres que lo recuerden agradecidas, conmovidas hasta las lágrimas por haber tomado la dignidad de su reclamo y la suya propia en favor de sus niños, en favor de la alegría de los tiempos por venir.

Watanabe había quedado congelado en una toma anterior: después de llorar su suerte frente al conejito y la niña, él había sonreído, y casi al unísono, había levantado su cabeza.

Para que nadie notara cuánto se descongeló desde entonces en él eso que damos en llamar Vivir, sólo le reservó un poquito de frío a la muerte que le mordía los talones, y que lo encontró por fin cantándose mientras se mecía suavemente en la hamaca.

Pero él, que llegó a saber el secreto de llevar todo al sendero, el secreto de hacer arte con las sombras y el dolor, pudo morirse abrigadito de sí, entibiado en medio de la nieve por tanta belleza, refugiado en un poncho de todas las estrellas.

 



FIN

jueves, 25 de enero de 2024

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE

 



Anoche vi la película "La sociedad de la nieve", y ,-atenti que seguramente un poquito voy a espoilear-, me gustó mucho verla, me pareció muy, muy buena, y sobre todo muy enfocada en algo que, -creo yo-, es lo central de todo lo sucedido y de todo lo que se cuenta, y que es ni más ni menos que la vivencia de lo sagrado.

Porque el plus enorme que tiene la historia es que fue real, y que siendo real fue a la vez una tragedia y un milagro. Y a mi forma de sentir la vida, creo que aunque hubiera fracasado en cuanto al rescate, la parte de milagro estaba presente igual.

¿Por qué? Porque justamente lo que ellos hicieron posible a pura fuerza de deseo de vivir, y que se dio ( ser encontrados para seguir viviendo), podría no haberse dado en ese último aspecto (ser encontrados y seguir viviendo) pero sí tuvo un componente que está detallado por lo menos en el relato de tres personajes en distintos momentos, y que tiene que ver con el CÓMO, que es para mí la gran pregunta de la Vida.

Ellos encontraron un cómo sagrado, un cómo en conjunto, en el que todos eran realmente uno, moviéndose como un engranaje amoroso en el que cada uno al cubrir su parte a la vez cubría la de los demás, y en la que cada uno cubría su parte en vida y en muerte físicas. Ese "salvarse" que lograron, fue una tarea sagrada encarada en común hasta las últimas consecuencias.

Es emocionante que eso haya sido cierto, y que haya sido posible como logro humano, en un medio natural bellísimo y adverso hasta la locura.

Cómo pudieron lograr que hasta el hecho de comerse los unos a los otros haya sido tremendo acto de amor y de respeto, una verdadera "comunión" más allá de que alguno la entendiera como Cristo la entendió y otros, desde un lugar diferente.

Una maravilla decidir contar la historia desde ahí, en un momento tan verdaderamente caníbal, despiadado y grosero, en que nadie resiste por más de dos minutos la sensación de vacuidad, no sólo de comida, sino de tiempo ocioso, o de no comprar objetos. Un momento en que todo es relleno, y en que todo es rellenable.

Setenta y un días (creo recordar que fue ese número) para con-mover a este mundo despiadado e impaciente.

Gracias


lunes, 18 de diciembre de 2023

CARTA A JO TENDIDA SOBRE LA ALFOMBRA (ESCRIBE MARY OLIVER)


Jo, te veo tendida sobre la alfombra preguntándote en voz alta qué será de una Navidad sin regalos, hace más de un siglo atrás, en esta misma tierra, el gran país del norte, el de la prosperidad y la hermandad universal que tanto maltrato se permitió ejercer hacia otros rincones de la misma tierra grande que nos alberga a todos desde el comienzo.

Te veo adolescer tendida sobre la alfombra, con una cuota mayor de rebeldía que tus hermanas, con un compromiso intenso hacia la vida intensa y salvaje a la que tanto me ha gustado cantarle.

Excepto Beth, que te mira desde una piedad inconmensurable y casi ultraterrena, no te comprenden bien tus hermanas, y la cotidianeidad de tu época amenaza con tragarte, como viene amenazando a todo aquel o aquella que no se deje capturar por las mentiras de turno, por los hábitos mentales y emocionales de su tiempo y su terruño.


Desde más de un siglo adelante te miro y sonrío, porque la ternura me convoca a recordarme a través tuyo, cada vez que mi propia indomesticada alma se preguntó por la creación del mundo, curiosa por saber quién hizo al cisne, al oso negro o quién dio forma al saltamontes. Pero mucho más curiosa aún, más impetuosamente convocada a preguntar sobre qué piensa el humano hacer con su única, maravillosa y salvaje vida.


Veo desde aquí cómo esa pregunta ha sido traicionada una y mil veces. El despiste tremendo que ha creado la imaginación puesta al servicio de la codicia.

Van llegando aquí nuevas voces, mucho más jóvenes que la mía, anoticiándome,- desde esta materia común yacente en el polvo de todas las estrellas, como diría el hermano Sagan-, de que el mundo continúa alimentando su imaginería siniestra hasta el infinito.

Me cuentan de inteligencias artificiales y cotizaciones, me cuentan de algoritmos y cifras descomunales invertidas en gastos inauditamente innecesarios, y también de cómo siguen progresando esos aparatos omnipresentes en los que se mira la vida en una pantalla y la gente la confunde con la vida real.

Me cuentan del hambre inadmisible, y que la guerra, -disfrazada con sus múltiples ropajes de urgencias patrióticas o transnacionales-, sigue dejando jóvenes preguntándose por sus padres en la Navidad, sigue tragándose víctimas en formas novedosamente refinadas producidas por las mismas máquinas de crueldad de antaño.

Me da ternura tu pregunta por los regalos, tu coraje para desafiar las normas, para arriesgarte a lo insólito y así hacer posibles los pequeños milagros de la alegría. Me emociona tu manera de convocar a los hechos en vez de asumir el triste destino de ser llevada de la nariz por los designios ajenos sin asumir el riesgo de la propia imaginación puesta al servicio de la vida. Esa, la Vida Grande, la que nos abarca y abraza desde el origen, la misma que hoy está en riesgo de extinguirse, junto con la amada hierba a la que cantara el amado Walt, con el saltamontes y su mirada complicada, y con todos los árboles y animalitos del mundo, incluidos nosotros, pobrecitos humanos.

Por eso, por la urgencia, por el deseo de cantar, de ser, de vivir las cosas que nos han sido confiadas, yo te pido, te imploro que no dejes de escribir, que aun cuando te cases con el buen amigo Baer y te llenes de niños a quienes cuidar en el orfanato, no dejes de escribir tus sueños, tus anhelos, tus fantasías, tus observaciones hacia el mundo y sus despropósitos, hacia el mundo y sus bendiciones.

Porque las dos sabemos, como dije alguna vez, que hay momentos que claman cumplirse, y no sólo lo sabemos, sino que hemos practicado el riesgo. Por ejemplo, el de decir a otras personas que las amas. O el de salir a los gritos exclamando a los cuatro vientos éstas, las preguntas realmente necesarias:

-Tu corazón está latiendo, ¿no?

-No te han encadenado, ¿verdad?

No dejes de escribir, Jo,  porque la memoria colectiva debe nutrirse de sueños, debe alentar a quienes nos miren en un futuro como yo te estoy mirando ahora, si es que la humanidad sobrevive, y para que sobreviva.

Hay momentos que claman cumplirse, y no hay nada más patético que la prudencia cuando el precipitarse puede salvar una vida, incluso, quizá, la propia.

No dejes de escribir Jo, ni ahora ni nunca. Mi alma saluda a la tuya.

Mary




https://es.wikipedia.org/wiki/Louisa_May_Alcott

https://es.wikipedia.org/wiki/Mary_Oliver


martes, 24 de octubre de 2023

poema sin título

 


                                                                    

       a mi amiga Vivi, in memoriam


te arrancaste de la vida en la rompiente

el mar sólo es metáfora de la intensidad

con que te arrebataste de las cosas

joven y valiosa en demasía

como una joya que no se dio tiempo de brillar

hoy una ola lo devuelve a tu hijo hecho un muchacho

lo trae a mí en busca de preguntas 

que quedaron atesoradas en mi alma

cosas que recuperar desde mi voz

hoy mi pecho es una rompiente algo cansada

revuelta la arena en la emoción del llanto

que recibe el regalo de tu forma

en otra vida


Nuevamente mi voz hablara de tí

sábado, 15 de abril de 2023

A mi mamá de colores



Cuando yo era chica nada de mamá se parecía a mí y nada de mí se parecía a mamá.

Esa pequeña chúcara y de pelo enormemente corto miraba desde abajo y metía miedo, y mi madre también a veces metía miedo cuando yo era chiquita.

Y sin embargo, el tiempo.

Mamá era un ciclón, y cuando enseñaba música en las escuelas se ponía medias de mujer de colores tan discretos como el rojo borgoña, el turquesa o el mostaza, y la llamaban las autoridades para solicitarle que se vistiera como una mujer seria.

Yo fui dejando de a poco de ser esa cosa acurrucada y tímida, flacucha y puro ojos y empecé a moverme delante de los otros con mayor libertad, de a poco fui dejando mi identidad de bailarina solitaria para empezar a desandar el gusano de seda en aras de la mariposa que había escondida dentro mío.

Mamá en cambio fue virando de la despampanante pavo real, de la desinhibida señora que desafiaba al mundo y se ponía a bailar en cualquier lado y a gritar ¡ole! a viva voz, fue mutando despacito pero implacablemente en una dama divertida y dulce capaz de alojar a los otros en su sombra y también en su regazo.

Alguna vez dirigí el himno nacional en un patio de escuela sin darme cuenta de que tenía en mis manos de invierno unos guantecitos traídos de Bariloche con un dedo de cada color, y entonces, cuando la vicedirectora me llamó la atención por tal desparpajo me acordé de mi madre sin darme cuenta.

Fue mucho más tarde cuando convergieron nuestras locuras en algo interesante, y logramos un tiempo de patos en el parque, de goces de ir al cine, y de que cualquier cosa que pudiéramos hacer juntas hasta incluso ir al médico, se transformara en risa indefectiblemente.

Ese tiempo en que yo le di la mano y ella la tomó fuerte, ese tiempo en que ella me dio permiso y yo lo tomé fuerte, fue creo yo, el tiempo en que ella realmente me parió, me bendijo y me largó a vivir.


(A mi mamá de colores, que andará por el cielo desde hace unos diez años)

martes, 11 de abril de 2023

AL VIBRAR DE LA MADRUGADA (On the Pulse of Morning, poema de Maya Angelou)


Una Roca, un Río, un Árbol, anfitriones de

especies ya retiradas

en épocas pasadas, marcaron el mastodonte, el

dinosaurio, los cuales dejaron, en su breve

estancia, señales secas en el suelo de nuestro

planeta.

Se esfuma en las tinieblas y el polvo de los

siglos cualquier gran zozobra que señalase el

inminente cataclismo.

Pero hoy, nos grita la Roca en voz clara y

vigorosa:

Venid, podéis subiros a mi espalda y hacer frente

a vuestro lejano destino, mas no busquéis refugio

en mi sombra.

Ya no facilitaré donde ocultaros aquí abajo.

Vosotros, un poco menos que los Ángeles creados,

por demasiado tiempo ya os habéis agazapado en la

abusadora oscuridad, os habéis postrado en la

ignorancia, boca abajo, expeliendo palabras

armadas para la matanza.

Hoy la Roca grita: podéis pararos encima de mí,

mas, no os ocultéis las caras.

A través de la muralla del mundo, un Río canta una

bella canción:

Venid, descansad aquí a mi lado.

Cada uno de vosotros es un país con frontera,

delicado y lleno de orgullo, soportando con

firmeza bajo asedio.

Vuestras ávidas luchas armadas han dejado sobre

mis costas collares de

desechos, corrientes de escombros sobre mi

pecho.

Pero hoy, si no volvéis a pensar en la guerra,

tendréis lugar en mi ribera.

Venid vestidos de paz, y os cantaré las canciones

que me regaló el Creador cuando yo y el Árbol y la

Roca

éramos uno.

Antes de que el escepticismo fuese una cicatriz

sangrienta, desfigurando la frente, y cuando

vosotros ya sabíais que todavía nada sabíais.

Cantaba el Río, y sigue cantando.

Existe una verdadera añoranza para responder al

Río cantante y a la sabia Roca. Así dice el

Aborigen, el Asiático, el Hispano, el Judío, el

Indio Suix, el Africano, el Católico, el Musulmán,

el Francés, el Griego, el Rabino, el Sacerdote, el

Irlandés, el Jeque, el Gay, el Hétero, el

Predicador, el Privilegiado, el Desalojado, el

Profesor.

Ellos escuchan, todos escuchan las palabras del

Árbol.

Hoy, hablan con la humanidad el primero y el

último

de cada Árbol.

Aquí en la orilla del Río, venid conmigo, aquí en

la orilla del Río sembréis os a mi lado.

Cada uno de vosotros, descendiente de algún

viajero pasajero, ya estáis pagados.

Vosotros, los que me disteis mi nombre de pila,

vosotros, el Pauní, el Apache y el Séneca,

vosotros, la Nación Cheroquí, que descansabais

conmigo, y luego, con los pies sangrando, os

fuisteis expulsos, dejándome en las manos de

otros, furiosamente en busca de provecho,

hambrientos por el oro.

Vosotros, el Turco, el Sueco, el Alemán, el

Escocés. Vosotros, el Ashanti, el Yoruba, el Kru,

comprados, vendidos, robados, llegando en la

penumbra de una pesadilla, rogándole al Cielo por

el milagro de un sueño.

Aquí, echad raíces a mi lado.

Soy el Árbol, sembrado a la orilla del Río que no

se moverá.

Yo, la Roca; yo, el Río; yo, el Árbol.

Yo soy de vosotros.

Vuestro pasaje ha sido ya pagado.

Levantad las caras, que tenéis la profunda

necesidad de este brillante día que amanece por

vosotros.

A pesar del dolor que produce, la historia no se

puede negar. Enfrentándola con coraje, en la misma

casa no será necesario volver a morar.

Alzad los ojos hacia el día que se asoma ante

vosotros.

Dejéis que el sueño vuelva a nacer.

Mujeres, niños, hombres, tomadlo entre las palmas

de vuestras manos.

Modeladlo en la forma de vuestra más íntima

necesidad.

Esculpidlo en la forma de vuestra más pública

imagen.

Levantad los corazones.

Cada nueva hora lleva nuevas oportunidades para

nuevos comienzos.

No os quedéis para siempre amarrados al pavor,

eternamente uncidos a lo brutal.

El horizonte se inclina hacia delante,

ofreciéndoos campo para colocar nuevos pasos de

cambio.

Ahora, al vibrar de este bello amanecer, tal vez

tengáis la fuerza de mirar hacia arriba y afuera,

en mí, la Roca, el Río, el Árbol, vuestra patria.

Nada menos para Midas que para el mendigo.

Nada menos para vosotros, ahora, que para el

mastodonte de aquél tiempo.

Hoy, al vibrar de este nuevo amanecer, tal vez

tengáis la gallardía de

dirigir la vista hacia arriba y hacia fuera, y

hacia los ojos de vuestra

hermana, hacia la cara de vuestro hermano, vuestra

patria, y luego, de decir sencillamente, muy

sencillamente, y con esperanza: buenos días.


***  

Inaugural Poem

Maya Angelou 20 January 1993


A Rock, A River, A Tree

Hosts to species long since departed,

Marked the mastodon.


The dinosaur, who left dry tokens

Of their sojourn here

On our planet floor,

Any broad alarm of their hastening doom

Is lost in the gloom of dust and ages.


But today, the Rock cries out to us, clearly, forcefully,

Come, you may stand upon my

Back and face your distant destiny,

But seek no haven in my shadow.


I will give you no more hiding place down here.


You, created only a little lower than

The angels, have crouched too long in

The bruising darkness,

Have lain too long

Face down in ignorance.


Your mouths spilling words

Armed for slaughter.


The Rock cries out today, you may stand on me,

But do not hide your face.


Across the wall of the world,

A River sings a beautiful song,

Come rest here by my side.


Each of you a bordered country,

Delicate and strangely made proud,

Yet thrusting perpetually under siege.


Your armed struggles for profit

Have left collars of waste upon

My shore, currents of debris upon my breast.


Yet, today I call you to my riverside,

If you will study war no more. Come,


Clad in peace and I will sing the songs

The Creator gave to me when I and the

Tree and the stone were one.


Before cynicism was a bloody sear across your

Brow and when you yet knew you still

Knew nothing.


The River sings and sings on.


There is a true yearning to respond to

The singing River and the wise Rock.


So say the Asian, the Hispanic, the Jew

The African and Native American, the Sioux,

The Catholic, the Muslim, the French, the Greek

The Irish, the Rabbi, the Priest, the Sheikh,

The Gay, the Straight, the Preacher,

The privileged, the homeless, the Teacher.

They hear. They all hear

The speaking of the Tree.


Today, the first and last of every Tree

Speaks to humankind. Come to me, here beside the River.


Plant yourself beside me, here beside the River.


Each of you, descendant of some passed

On traveller, has been paid for.


You, who gave me my first name, you

Pawnee, Apache and Seneca, you

Cherokee Nation, who rested with me, then

Forced on bloody feet, left me to the employment of

Other seekers--desperate for gain,

Starving for gold.


You, the Turk, the Swede, the German, the Scot ...

You the Ashanti, the Yoruba, the Kru, bought

Sold, stolen, arriving on a nightmare

Praying for a dream.


Here, root yourselves beside me.


I am the Tree planted by the River,

Which will not be moved.


I, the Rock, I the River, I the Tree

I am yours--your Passages have been paid.


Lift up your faces, you have a piercing need

For this bright morning dawning for you.


History, despite its wrenching pain,

Cannot be unlived, and if faced

With courage, need not be lived again.


Lift up your eyes upon

The day breaking for you.


Give birth again

To the dream.


Women, children, men,

Take it into the palms of your hands.


Mold it into the shape of your most

Private need. Sculpt it into

The image of your most public self.

Lift up your hearts

Each new hour holds new chances

For new beginnings.


Do not be wedded forever

To fear, yoked eternally

To brutishness.


The horizon leans forward,

Offering you space to place new steps of change.

Here, on the pulse of this fine day

You may have the courage

To look up and out upon me, the

Rock, the River, the Tree, your country.


No less to Midas than the mendicant.


No less to you now than the mastodon then.


Here on the pulse of this new day

You may have the grace to look up and out

And into your sister's eyes, into

Your brother's face, your country

And say simply

Very simply

With hope

Good morning.


https://tentulogo.com/la-inspiradora-vida-de-la-sublime-maya-angelou/

domingo, 26 de marzo de 2023

poema de Maxy Cambiasso



Cada tanto hay que morirse

De amor

De uno mismo

De nada

Morirse mirando una mariposa

O una hoja que cae

Pero morirse.

Poder ver el vuelo

Y no las alas


martes, 20 de diciembre de 2022

HENRI MESCHONNIC POR JAVIER GALARZA

http://javiergalarzants.blogspot.com/2009/02/poemas-de-henri-meschonnic.html

Casualmente lo inefable, -que no para de tejer sus redecitas en el infinito-, hace que al buscar poemas de este autor, sea la elección de Javier Galarza la que me acerque esa voz preludiada por su oído poético.

En ese rincón que llamamos trascendencia aún podemos encontrarnos, qué felicidad que ese rincón inmenso exista, que traiga ecos de lo que no llegamos a oír cuando éramos materia que camina.

Cada uno de estos poemas seleccionados es más bello que el otro. No los transcribo porque me parece redundante hacerlo.

El puntapié inicial de esta búsqueda fue este poemita mínimo, que me obsequió facebook, como tantas cosas que agradezco.


hoy encontré

una pequeña alegría me hice

tan pequeño como ella para

ser el instante que está lleno de ella




miércoles, 7 de septiembre de 2022

Vos no sabrás jamás que tu alma viaja, de Marguerite Yourcenar




Vos no sabrás jamás que tu alma viaja

Porque te ha adoptado lo más profundo de mi corazón

Y que nunca, ni el tiempo, ni la edad, ni otros amores,

Impedirán que vos estés en mí.

Es que la belleza del mundo ha tomado tu rostro,

Ve a través de tu dulzura, brilla en tu claridad,

Y el lago pensativo del paisaje

solamente en tu serenidad me refleja.

Vos no sabrás jamás que llevo tu amor

Como una lámpara de oro que ilumina mi camino

Y que un poco de tu voz se unió a mi canto.

Suave antorcha que irradia, dulce hoguera, tu llama

Me dice qué sendero has elegido

Vivís aún, porque te sobrevivo.


Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903- Northeast Harbor, Maine, 1987), Les Charités d’Alcippe, Gallimard, 1929

Versión de Marina Kohon

domingo, 29 de mayo de 2022

Volver en guitarras, letra de Roberto Galarza

Hay en tantas letras de nuestro tan poco transitado folklore musical una belleza y profundidad enorme, como por ejemplo en este magnífico chamamé, cuya música es una de las tantas maravillas de Tránsito Cocomarola. Y su letra...¡ah, su letra! es de un autor poco conocido, Roberto Galarza, que ha sabido dejar en una obra de "amorosa trascendencia",- al decir de la Walsh-, un deseo tan noble y tan bonito, que me invita a sumarme.

https://www.youtube.com/watch?v=qaCR_zUFjfw



Cuando me vaya para siempre de este mundo

Al alejarme de mis seres tan queridos

Solo un deseo al Dios supremo, yo le pido

Un imposible, pero sé que es tan profundo

Que se transforme en un árbol mi alma entera

Para que en días calurosos de veranos

Bajo mi sombra descansen mis paisanos

Como una posta que me ocupe quien lo quiera

Que los gurises con la ronda me cercaran

Y los que se aman cumpliendo una promesa

Dejen sus nombres, cual recuerdo en mi corteza

Aunque me duela, con cuchillo me tallaran

Y cuando troce mi madera un carpintero

Que en vez de muebles se dedique a hacer guitarras

Para estar junto a mis amigos en las farras

Con acordeonas y un rasguear chamamecero

Que los gurises con la ronda me cercaran

Y los que se aman cumpliendo una promesa

Dejen sus nombres, cual recuerdo en mi corteza

Aunque me duela, con cuchillo me tallaran

Y cuando troce mi madera un carpintero

Que en vez de muebles se dedique a hacer guitarras

Para estar junto a mis amigos en las farras

Con acordeonas y un rasguear chamamecero



(Compositor: Transito Cocomarola )


Sobre Roberto Galarza:
http://www.fundacionmemoriadelchamame.com/biografia/78/#:~:text=Galarza%20se%20destac%C3%B3%20como%20un,%2C%20%E2%80%9CVolver%20en%20guitarra%E2%80%9D.


domingo, 8 de mayo de 2022

Construir una catedral

“Cuando yo era niño, conocí a un hombre que reventaba de felicidad y cuyo trabajo consistía en cavar pozos”.    (Bertrand Russell, de "La conquista de la felicidad")

"Un hombre golpeaba fuertemente una roca, con rostro duro, sudando. Alguien le preguntó: - ¿Cuál es su trabajo? Y contestó con pesadumbre: - ¿No lo ve? Picar piedra.

Un segundo hombre golpeaba fuertemente otra roca, con rostro duro, sudando. Alguien le preguntó: - ¿Cuál es su trabajo? Y contestó con pesadumbre: - ¿No lo ve? Tallar un peldaño.

Un tercer hombre golpeaba fuertemente una roca, transpirado, con rostro alegre, distendido. Alguien le preguntó: - ¿Cuál es su trabajo?". Y contestó ilusionado: -Estoy construyendo una catedral. "   (cuento popular)


Todo es según el color del cristal con que se mira, diría el dicho

Valorar es crear, diría Nietzche

Amo, luego existo, dice alguien por ahí