lo supe al ver el mar
desde esta almena:
yo estuve aquí de niño
-Luis Carril-
Hoy es un día especial: se celebra el día Mundial de la Poesía, el nacimiento de Bach, y la llegada del otoño en el hemisferio sur.
Pareciera que la jornada no debería pasar inadvertida, ya que trae belleza a manos llenas, más que para una sola estación, para unas cuantas.
Recuerdo este poema que siempre me impresionó:
Ciruelo de mi puerta
si yo no regresara
la primavera siempre volverá
Tú florece
(Japón, poema anónimo, siglo XII)
Y este dulce haiku de Buson:
yo que me voy
tú que te quedas
Dos otoños
(Buson)
En el blog de Alberto Silva, haikus de otoño como para leer durante los tres meses de esta estación que al menos por hoy, se inicia con la apariencia de lo que es, y no de un verano camuflado
http://traducirjapon.blogspot.com/2009/05/haikus-de-otono.html
Como nos toque recibirlo entonces, una vez más Feliz Día de la POESÍA, feliz llegada del Otoño, y un siempre Feliz Cumpleaños al querido Bach, que tocó con su varita mágica a muchos de los más grandes músicos que le siguieron en el camino
¡Salute a la barra!
sumergirme
en tu recuerdo-
sólo
la frescura del río
alegra
así mi sangre
casi
un arco iris-
en la luminiscencia el recuerdo
de
una sonrisa
Este magnífico libro de haikus publicado por Juan Carlos Durilén en dos mil quince, merece toda la atención de una obra trabajada con paciencia, cuidadoso y amoroso respeto, cualidades hoy acaso no demasiado frecuentes. Pero además de hablar de esta obra, es mi propósito destacar que Juan Carlos, como él mismo lo expresa, ha seguido el llamado del Haiku como camino, del haiku-do. Do: vía, camino, llamado.
Juan Carlos Durilén es poeta, haijin de corazón cordobés, e impulsor y miembro del Grupo Córdoba Haiku entre otras muchas cosas, y comienza su libro contándonos cómo fue su proceso de elección del haiku como camino de vida.
En ese preludio explicativo, nos cuenta cómo en su búsqueda poética llega un instante en que necesita acercarse a una "síntesis entre verdad y belleza que apuntara a la resignificación de la palabra", y encontrándose en esa búsqueda interna suena en la radio "Este camino/ ya nadie lo recorre/ salvo el crepúsculo". Y ahí comienza para él un camino de ida que jamás se detuvo.
Y es refiriéndose al "aquí y ahora", a eso que está sucediendo en este lugar, en este momento, -según el maestro Basho lo definiera -, que Juan Carlos pone énfasis en señalar que el haiku no es un producto elaborado por la mente, sino que por estar atravesado de aquello que al haijin le impacta y le impresiona, la atención del poeta está transida por la emoción, expresando "lo que el corazón inevitablemente le dicta".
Y generosamente, -como es su estilo-, va a explicarnos breve pero esmerada y claramente qué es un Haiku, para luego continuar acercándonos con palabras la esencia del sumi-e, el arte visual que suele aparejarse con el de la escritura de haikus. En el caso de este libro, Gotas de luna, María del Carmen Risso es la que aporta la belleza visual del sumi-e, a través de Paisajes que de algún modo intervienen como separadores dentro de la obra.
Es importante señalar que en sus haikus está inextricablemente unida la esencia que el pueblo japonés le ha dado al crearlo, a las particularidades del paisaje y las escenas del devenir cotidiano de nuestras latitudes, y dentro de ellas, los especiales condimentos que tiene para aportar la idiosincracia cordobesa.
Hablé al comienzo de la paciencia y del cuidado amoroso. E insistiré en este punto porque forma y contenido no hacen más que subrayar esta artesanal manera de editar, y a la vez la compilación de una cantidad de pequeños poemas para nada menor, lo cual nos habla de años de trabajo con la sensibilidad, esa que capta sin alardes la vida del mundo interno y externo, calando hondo en lo que más hondo nos cala: las vivencias.
Y si me fuera otorgado el derecho a buscar algunas constantes expresivas, elegiría esta tristona y dulce manera de dar testimonio del paso del tiempo, tanto en su dimensión de nostalgia como en su devenir ineludible, y el tierno modo en que son descriptas las escenas propias del terruño, tanto las que seguirá eternizando la naturaleza si la dejamos, como aquellas otras relacionadas con las costumbres que retratan a los pueblos en lo que deja realmente impronta, y que tantas veces va apagándose con la llegada de eso que llamamos progreso.
¡Gracias Juan Carlos Durilén por regalarnos esta obra!
Otro Año Nuevo.
En la sala el retrato
de los abuelos.
Flores de roble
flotando en el cacharro.
Bebe un zorzal.
Nido de hornero.
Por la baldosa rota
hojitas verdes.
Siesta de enero.
Junto al tocón reseco
fluye la acequia.
Luna de marzo:
los sauces del arroyo
tocan su luz.
Gramilla helada.
En las lápidas grises
ninguna flor.
Tarde nublada
con aroma a café.
Cierro los ojos.
También sus ojos
recorrieron un día
los mismos versos.
Afilador,
su flauta suena lejos...
Se va la tarde.
En el andamio
silban los albañiles.
Luna de día.
Leve sonrisa,
al cuarto del enfermo
entra la luna.
Feria del sábado.
Entre flores y frutas
olor a churros
Viento en el lago,
la sierra atardecida
se multiplica.
La perra al trote.
Unido a la jauría
uno en tres patas.
Leo otro haiku.
Ya no es la misma nube
tras la ventana.
En este enlace se puede leer el libro completo ¡Albricias!
https://es.calameo.com/read/005023540cd103f7a50ee
( Y más sobre el autor y su obra en https://hojas-de-haiku.blogspot.com/)
También en la misma plataforma, su segundo libro de Haikus, "La lluvia en el tilo"
https://es.calameo.com/read/005023540b687ac73f930
Costumbre japonesa, caminata compartida en la que cada uno se detiene a tomar sus apuntes, que luego serán compartidos en la lectura comunitaria, con aportes de todos.
Aquí algunos registros fotográficos, y algunos pocos haikus. Hay material para muchos. No todos se corresponden con estas imágenes, y mucho menos pretenden ser sólo su traducción. Y otras imágenes aún no han encontrado su haiku.
Durante la caminata y la contemplación el espíritu baja veinte cambios, y se sintoniza con la Belleza innumerable del todo. Hermoso y cálido encuentro. ¡Agradecida!
Jardín Botánico
¡Tanta gente agrupada
tomando apuntes!
Mientras miro
el follaje rojizo
música de ABBA
Cactario:
han juntado aquí adentro
todo lo que tiene espinas
Miro hacia arriba
Y también lo espinoso
llega hasta el cielo
Se abre el paisaje
Desde un árbol amarilleado
vuela un gorrión
Sobre la tierra húmeda
camina el zorzal
Sigo sus pasos
Participación con seis (casi) haikus de otoño, en el Encuentro de Haiku en el Jardín Botánico de Palermo, organizado por Haiku Argentina (@haikuargentina)
¡Hermosa iniciativa!
Fuimos bastantes esta vez, según dicen los organizadores, a quienes recién hoy tuve el gusto de conocer, ya que todo respondió a una iniciativa generosa de la que me enteré a través de las redes, en la que hubo espacio para todo el que deseara compartir sus haikus, tankas o senryus. Nos quedamos con ganas de que la próxima llegue pronto y seamos más.
Fue un encuentro cálido, como la tarde de hoy, y disfrutable, que creo que a todos nos dejó un rescoldo dulce en el corazón.
Nos sugirieron leer dos veces cada poema dada la brevedad de los mismos. Y hubo una segunda ronda, para "yapas", en la que nos anotamos todos.
Por ahora carezco de registros más completos, por lo que apenas comparto mi propia participación, y agradezco doble, ya que es la primera lectura de haikus que hago en público en toda mi vida.
https://www.youtube.com/watch?v=aB8ulj6Itqc&t=23s
https://www.youtube.com/watch?v=7xv_dLMBA4E
entre los autos
el árbol de hojas amarillas
es aún más bello
cielo otoñal
Sólo el azul intenso
enmarcado en la foto
sobre una rama, el pájaro
también él mirando
hacia el cielo
acostada en la tierra
los sonidos entreverados
en el aire tibio
junto al lago
parece que mi madre aún dijera
¡qué feliz soy!
camino por el parque
lo que ha quedado atrás
que lo recorra el sol
ahora sí: Salute a la barra!😊
https://elreflejodeuzume.blogspot.com/2021/12/claudia-bakun-haijin-buenos-aires.html
Muy agradecida a Mercedes Pérez "Kotori" por esta invitación que me hace parte de un grupo entrañable, y de una hermosa colección de momentos cuya lectura recomiendo.
Cada vez que vamos al médico juntas, la recompensa es el cafecito.
Siempre, después de repasar sus achaques, hablamos de cosas lindas y me dice que, - inexplicablemente-, de vieja puede gozar mejor de las pequeñas cosas, de las suaves alegrías. Eso la pone bien, pero a la vez le resulta un misterio.
Desde la ventana del café se ven volar unos gorrioncitos, y entonces ella se detiene en la contemplación
Ojos de anciana-
Mirando los gorriones
se iluminan
Después de mucho tiempo volví a escribir haiku. Es una práctica que había abandonado.
Y es interesante que el haiku sea además de todo una práctica.
Y también fenomenalmente interesante esto: que el haiku es generoso, porque invita al lector a pasar adentro de algo que no aparece totalmente dicho, algo que en cierta manera ha de completar el lector, y por lo mismo es sugerente, no sentencioso.
Mas a la vez, también encontramos haikus que son una especie de exclamaciones espontáneas, del tipo de:
quisiera morir
mirando al cerro Fuji
y de repente
En esos haikus, el lector occidental busca sentidos ocultos. ¡Y no los hay! Sencillamente se dice lo que se dice, y eso es lo que se quiso expresar. No hay el "¿qué habrá querido decir?", ni el tremendo "como si" que tanto le gusta adjudicar a los interpretadores excesivos. Lo que quiso decir es lo que dijo, y si quedaba algo por interpretar de eso, ya es nuestro asunto.
Recuerdo cuando un día decidí publicar en el foro de haiku en el que participaba algo que me pareció un disparate, pero quise arriesgarme. Era esto:
sólo oír el viento
y acariciar a mi perra
querría esta tarde
Y para mi sorpresa más enorme, ese disparate fue el que me llevó a otro "nivel", más o menos como cambiar de cinturón en alguna de las artes marciales.
Ante el crisantemo blanco.
las tijeras.
dudan un instante.
Aunque a veces los ponjas hagan trampitas como aquí, poniendo en las tijeras el yo del haijin, al oriental, al japonés en particular no le gusta poner a su yo en primer plano. El protagonista aquí es el crisantemo blanco, y a través de él, la belleza de la flor.
El yo en Occidente es otra cosa que el yo en Japón, y en Oriente en general. Tratamos a nuestro yo de formas diferentes, le damos y le quitamos autorizaciones, lo habilitamos y lo des-habilitamos para distintas cosas.
El haiku es gentil y a la vez espontáneo, no anda con vueltas, nos obliga a quemarnos el cerebro a los occidentales en cuanto a cómo decir algo consistente en una estructura mínima, nos obliga a elegir con qué detalle no nos interesa quedarnos de la escena, y a qué otro detalle sí queremos privilegiar; y si bien esto es común en todas las expresiones artísticas, en el haiku es imperioso, porque hay poco espacio disponible. Nos invita a no adjetivar, nos prohibe la metáfora, -¡ oh, maldición de todos los dioses del Olimpo!- , nos pide sobriedad y que lo poético entre por otro lado, y encima nos obliga a ser veraces, ya que es obligación del haijin trabajar a partir de sus vivencias.
El haiku no trabaja con ocurrencias mentales ingeniosas, aunque eso existe en Japón con el nombre de zappai; el haiku trata de no ser mental, o mejor dicho de poner lo mental al servicio de la traducción de un pellizco llamado aware que nos llega desde la naturaleza, o de la observación del comportamiento humano. Y también nos invita a dejar pasar a nuestro yo sólo para expresar sentires no racionalizados.
¿Que hay pensamiento? A qué negarlo, y tampoco está nada mal que lo haya. Sólo que , -aunque el haiku y sus amigos nos dejan siempre llenos de preguntas, de excepciones, que nos hacen rascarnos la cabeza-, lo que no hay en el haiku es elucubración, rebuscamiento. Se trata más bien de una forma de pensamiento más intuitiva, que puede conmovernos tanto por su profundidad emocional como por la hondura de lo que podemos extraer de sus entrañas, porque si algo tiene de filosofía es lo mucho que, -tal como en el iceberg- , vive por debajo de lo que se muestra.
"presta atención a la belleza inesperada", dice uno de los personajes de la película homónima a otro.
Y me quedé estudiando internamente esa frase: prestar atención a la belleza, pero tampoco a cualquier belleza, aunque creo que no estaría nada mal prestarle toda la atención a la belleza...sino puntualmente, en particular a la que no se espera y llega.
Me quedé pensando en las sincronicidades de Jung, en las torcazas en mi ventana frente a ciertos estados emocionales de conexión especial...
Y también me acordé del haiku. porque ¿ qué otra cosa es el aware sino el asombro vivencial ante lo inesperado? quizás, no siempre "bello", ¿o sí? ¿qué es lo bello al fin de cuentas? ¿es como insistía Rilke un grado del horror que podemos tolerar?...mmm... No sé bien, aún no llego a comprender desde el corazón esta frase del maestro.
Prestar atención ante lo inesperado que llega en forma de belleza, conmoverse.
Me permito compartir en esta entrada dos intentos de haiku recientes. Más allá del resultado obtenido tienen ambos conexión con los pájaros, desde lo auditivo, aunque también favorecida la llegada del estímulo por mi hábito incorporado desde la pandemia de mirar para arriba muy seguido en las caminatas. Cultivar el haiku tiene que ver con prestar atención a la belleza inesperada.
¡justo abre su pico!
lo observo mientras lanza
su canto hacia el cielo
al run run de mi mente
lo interrumpen las cotorras
desde el árbol
quebrachos rojos...
Mi pie helado y feliz,
Calabalumba
(dedicado al querido río que pasa por Capilla del Monte)
2011
Yonaka ha/ jigoku no ue no/ hanami kana
Este mundo es mirar las flores sobre el infierno
Hoy descubro esta traducción del haiku de Issa que conocía de esta forma:
en este mundo/ arriba del infierno/ viendo las flores
Me resulta más abierto el modo de decir de la segunda traducción, menos sentencioso, y más sugerente. Más propio del haiku.
Issa, querido Issa, tierno haijin de los animalitos y la delicada sutileza del dolor siempre dulcemente enmascarado, no como nosotros occidentales entendemos máscara, sino como las almas japonesas pueden hablar sin nombrarse, sin ponerse por delante del mundo, sin un yo tan presente y dramático como el nuestro.
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
decía Alejandra Pizarnik, quien se suicidó siendo muy joven. Issa perdía hijos y mujeres, acosado de muertes miraba las rosas tal vez hasta pulverizarse los ojos... Tal vez hasta pulverizarse el corazón. Transmutaba. Kobayashi Issa (1763-1827) quien murió de frío, llegaba en medio de la desventura y la pobreza a vivir más de sesenta años sin perder esa dulce ternura, algo humorística. Ojalá Alejandra hubiera podido. A Julio le hubiera dado mucho gusto seguir teniéndola viva, sin duda.*
Sentir el mundo, sentir la vida, sin pulverizarlos, sin pulverizarse uno.
“Mono no aware”. sería "sensibilidad ante las cosas"... Antes, el "aware", un ¡oh! un ¡ah!, asombro, maravilla, no siempre festiva. La misma esencia.
Siempre vivencial el haiku, por definición la forma exquisita de eternizar un instante. Después vinieron las clasificaciones: que si haiku intimista, que si haiku feísta, o si no es haiku sino senryu ... tantas discusiones teóricas alrededor de ese enigma que en japonés tiene diecisiete sílabas pero que no necesariamente tiene que tener esa medida estricta en castellano, ese enigma carente de la metáfora occidental, aunque con deslices suaves y muy habilidosos hacia la personificación, ese enigma que es a veces una espontánea exclamación en la que se deja aparecer el yo del haijin sin que sea en forma ni desmedida ni intelectualizada. Un simple y hondo exclamar, desear en voz alta...
"Este mundo es mirar las flores sobre el infierno" seguramente nos atrae más, porque es una definición. Al haiku le gusta jugar a las escondidas, hacer pasar al visitante sin que se entere cómo fue que entró al jardín del que no querrá salir.
Decían los inmensos griegos que chronos y kairós son cosas distintas... el cronos nos mata, el despiadado reloj que cuenta los minutos y las horas, el metrónomo que sentencia las duraciones... el tiempo de las frases hechas "el tiempo todo lo cura", el tiempo que pasa y no volverá, "en mis tiempos" eran así las cosas... Kairós es el tiempo del encuentro, y nadie sabe cuánto dura exactamente, es el tiempo sin tiempo, la detención del tiempo que consume, es la eternidad percibida en acto...
Es ese el tiempo el que le interesa al haiku, esquivo , reacio a dejarse apresar en una sola interpretación del infinito misterio...
"sólo el misterio nos hace vivir/sólo el misterio" (Federico García Lorca)
* https://www.andaryver.mx/arte/poesia/carta-de-julio-cortazar-a-alejandra-pizarnik/