Visitantes cósmicos de buena voluntad,sean bienvenidos a este lugarcito que albergará poemas, pinturas y toditas cosas que habitan mi alma...


lunes, 28 de septiembre de 2026

algo de primavera

Nada es permanente en esta vida:

en todo lo que comienza

hay algo de primavera, 

también en la soledad.

Ni siquiera la muerte

logra su cometido

por completo




Mar: en esta tarde nublada

Mar: en esta tarde nublada 

que pre anuncia el otoño

ante tu belleza

el calesitero 

se quedó sin palabras 

sin sortija 

sin clientes 

Y cerró la cortina para soñar tu nombre 

C. B.



la bailarina real

Una pedrería de palabras el trauma 

Una pedrada como una palabra cautiva 

La piedra del espanto.

                     Se levanta la voz del deseo

la voz de la dignidad 

como una bailarina real 

-despojada bella 

de carne y hueso 

                         deseante- 

Escupe sus mil verdades de colores 

que despreciarán los hombres de mal andar 

y las mujeres de vivir manso, de vivir seguro 

                         -Ella petrifica /Ella desvanece- 

El río es su canto sanador 

su canal de sauce sin ausencias. 

Volando se reúne a las verdades de sus madres 

Y descansa 

cuando todas las palabras 

dicen algo 

por fin 

a alguien de carne y hueso 

C. B.





viernes, 18 de septiembre de 2026

Ahhh virgencita de Itatí



Ahhh virgencita de Itatí de la plaza: 

Todo el tiempo alguien toca el vidrio 

que protege tu imagen 

y se detiene para agradecer o para implorar

Algunos apoyan las manos 

y otros sólo te miran y rezan 

A la altura de tus ojos pintados en el yeso

una mujer alzaba su bebé la otra tarde 

Así vamos desfilando ante un cristal oscuro o claro 

para acariciar el aura petrificada del amor 

A ver si algo nace o se compone 


lunes, 7 de septiembre de 2026

hay días ...


Hay días en que 

estamos felices:

dijimos la palabra justa

La palabra 

que hizo justicia al amor 

que hizo bien a nuestra lengua 

que hizo bien.

Otros días, solamente 

repetimos verdades 

de perogrullo y demás autores 

Y aun a costo de quedarnos apenados 

nos permitimos incluso

hacer un pequeño mal

Pero: ¿Quién sabe 

lo que es bueno y lo que es malo?

Hartos de ser la lección del otro 

en donde queríamos que se nos amara 

Hartos de que el otro sea nuestra lección 

cuando queríamos amarlo

Renunciamos, -no obstante y por fin-

a maniobrar el camino a nuestro gusto 

Nos rendimos

Aflojamos los brazos junto al cuerpo

Y al mirar para arriba 

sentimos que el futuro era el viento 

entre las lanudas patas de un lobo quieto 

que respiraba el fresco del instante 

Y esa entrega resultó tan sexy como un ala 

como pluma en el sombrero del pobre

como elegía en los labios de una mujer que ama

o una anciana que lame sus propios labios... 

Y sonreímos como un niño feliz

O un hombre enamorado 

¿Quién sabe lo que es malo y lo que es bueno? 

Si el que quiere saber más de lo que necesita 

deja de sentir olor a pan 

cada vez que la verdad 

sale del horno

C. B. 

jueves, 2 de julio de 2026

GRACIAS al blog de poesía "LAS FLORES ROTAS"

 https://lasfloresrotas.blogspot.com/.../entrevista..





Agradezco de todísimo corazón esta entrevista que me concedió Las flores rotas, hermoso blog de poesía, artes y entrevistas literarias que lleva adelante Francisco Camps, honor que, además, toma un valor extra porque su creador es venezolano y vive en la zona afectada. 

GRACIAS!!!





https://lasfloresrotas.blogspot.com/2026/04/dos-poemas-de-claudia-bakun.html


sábado, 27 de junio de 2026

Mirando una hoja seca



Me comprometí internamente con la propuesta de Lucrecia Martel, de escribir para hacer suceder las cosas que deseamos. Ella la nombró de forma diferente, pero se trata de la misma causa. Y ayer, mientras caminaba por las veredas de un barrio no demasiado concurrido, pude darme el raro lujo de caminar sobre hojas secas. Las miré, ahí, amontonadas en ese colchón único, y pensé en la diferencia entre ver una hoja seca como mero residuo o como parte del paisaje, del espectáculo de la naturaleza. Creo que en esa metáfora cabe mucho de lo que nos pasa. 

Se nos ha acostumbrado a mirar la vida y todo lo que ocurre sólo desde el lado billetera, y ni qué decir del lado billetera de la felicidad. La ilusión vendida es inmensa, y cuando cae, como caen las hojas caducas, la quiebra es profunda. Pero lo que entra en default es el alma, por falta de cultivo apropiado.

No propongo vivir a pan y agua, ni menos aún consentir a los gobiernos que  nos hambrean, pero nunca un gobierno fue bueno o malo sólo por lo que hizo o no con su economía. Si no, miremos a Adolfito. Aunque pretendan convencernos de lo contrario, en una política económica entran otros muchos valores que determinan el rumbo de la embarcación. Y si el rumbo es bello, es mucho más probable que detrás de las imágenes del naufragio haya algo de qué agarrarse. 

Lo que quiero decir es que la usura, ésa, la gran usura de los super ultra poderosos y billonarios también se sostiene en la admiración secreta de quienes aprendieron un solo modo de entender una vida valiosa. Y, para mí, ésa es una de las primeras lecciones que se nos debería enseñar: descubrir qué es y qué no es basura en una vida cualquiera. De eso depende lo que juntemos y lo que tiremos, es decir, que en nuestra peculiar economía del alma habrá cosas que celebrar o lamentar según el valor que les demos. Así, ampliando exponencialmente la imagen, tenemos al planeta, que es mirado por esos billonarios como un mero instrumento, sin belleza, sin posibilidad de ser disfrutado de algún modo, y lo único que son capaces de hacer es destruirlo para convertirlo en mercancía. No importa si glaciares, árboles, flora y fauna nativas, no importa si montañas, ríos y mares, ni tampoco importa si personas, ancianos, jóvenes o niños. La mercancía es en realidad la gran metáfora de la imposibilidad de gozar y vivir la vida, una imposibilidad que requiere mucho alimento chatarra, es decir mucha práctica de la destrucción, para convertirla  a su vez en mucho dinero, y mucha ostentación absurda, en un despliegue megalómano e inútil del ego humano.

Nietzche decía "valorar es crear". Encontrar el valor de una hoja seca a tiempo. Y cuando digo valor, digo instantes de contemplación o de jugar con sus extraños sonidos crujientes. Y cuando digo, "a tiempo", digo vivir sin haber malogrado amores tras una fama y una fortuna malgastadas, para finalmente morir pronunciando la única palabra que designaba lo importante: Rosebud. Nuevamente el pequeño mundo del ciudadano Kane atado a ese instante feliz de su infancia, carente de lujos mundanos.

Una hoja seca, una pequeña metáfora sobre tan solo algunas cosas sobre las que sí tenemos potestad para elegir. Como también la posibilidad de elegir qué libertad es la que vamos a hacer crecer dentro de nuestra alma, y en nuestra vida  personal y compartida.

miércoles, 17 de junio de 2026

EL CRIMEN FERPECTO


Escribir 

como una venganza perfecta

Como un estilete

clavándose en la carne inmóvil y trémula

-por utilizar palabras explícitamente dramáticas

y un tanto criminales-

del victimario

que nos dejó tendidos en el suelo

destrozados 

atónitos

heridos

por el uso esdrújulo

de una palabra no poética

-no metáfora

no ánfora-

Sólo lápida


*

Escribir

peyorativamente

atrozmente

dementemente

para sacarnos de la carne la astilla

la bala

Aunque sangre

aunque no sirva para cicatrizar nada

en apariencia

más que para revivir el dolor

Y que la masa sangrienta se ponga a respirar

como un frankestein

y diga

“YO”

Y nos sobreviva

en el mejor de los casos


* 

Escribir sin que la carne se entere

sólo para darle motivos

al vil y horrible victimario 

de considerarnos gente realmente peligrosa

enferma

retorcida

resentida

Re- escribir para quedarnos 

salvajemente solos

sin que nadie nos mire el placer 

de comer una mora

y teñirnos los labios

de dulzura

no humana

Escribir para sacarle los dientes

al victimario ese

y morderle desde las letras

sólo el alma.



sábado, 13 de junio de 2026

Yo creía y creía y temblaba y temblaba




Yo creía y creía y temblaba y temblaba

Pero tenía un lado que se caía siempre

Y caía y caía el lado oscuro

Cuando nadie esperaba más que el amor viniendo de mi mano

Yo me desmoronaba

Imprevistamente

Entre la fe y el estupor de mis amigos

Yo me derribaba por donde nadie hubiera sospechado.


Ya no es así.


Mas

Si yo no hubiera tenido ese lado que caía

no hubiese podido comprender lo que nombran los abismos,

ese lenguaje por fuera de lo habitual.

Y donde otros ven una frontera

yo pude ver la hendija de Rumi,

esa fisura de lo herido

por donde entra la luz.


C.B. 

viernes, 8 de mayo de 2026

EL PROBADOR DE TITO



EL PROBADOR DE TITO

La primera vez que asistí a la tienda de Tito, quedé perplejo. 
Su famoso probador era algo casi inimaginable, pero estaba ahí.
Me dijo: “¡pasá!” y así lo hice, pasé. Adentro, como si fuera un perchero, estaba desplegada la biblioteca. Sólo era cuestión de tomar uno de los muchos libros disponibles ese día
-¡Asegurate de que te quede bien! me dijo desde la puerta cuando me vio irme con un ejemplar de la Odisea en la mano.
Así quedó inaugurado un ciclo de visitas memorables a su tienda, un rincón casi secreto en medio de nuestra ciudad.
El problema se presentó por primera vez la noche en que fui de urgencia.
Tito se había levantado de la cama en pijama, todo despeinado y después de decirme con un gesto que lo esperara, bajó raudamente. 
Ahí traté de explicarle que, de golpe, se me habían acabado todas las respuestas disponibles para convivir con quien era entonces. Tito se rascó la cabeza, y después de recorrer los cuatro probadores que había, salió de uno de ellos con un libro para darme. Lo llevé y lo leí ávida y minuciosamente, y al devolvérselo le dije que casi no me había hecho efecto.
Y entonces fue cuando me dijo, con los ojos iluminados, que en realidad cada libro era un medicamento, un brebaje, pócima o como yo quisiera considerarlo, pero siempre dentro del ámbito curativo; que él se sentía un farmacéutico sin título, un boticario, y que cada libro que me llevara de ahí en más, tenía que ser tomado con la misma rigurosidad que un remedio.
Me fui entonces con otro. Pero tampoco me hizo efecto.
-¿Cuántas veces? me preguntó
-¿Cuántas veces, qué?
-¡Cuántas veces lo leíste!
-Una
-¡Es poco, hombre! Tenés que leerlo hasta que te haga efecto, me dijo.
Así que volví a llevar el libro y volví con retorcijones.
-Se ve que este no es, tomá este otro.
Y así estuvimos, hasta que un día, al llegar, me recibió con una cara de felicidad inaudita.
-Tengo el libro justo para vos, Tomás, me dijo.
Y ahí me pasó uno que estaba muy manoseado y subrayado.
Cuando lo traje de vuelta, me asustó pensar en qué me diría cuando le dijera que tampoco me había servido.
-Es que vos, Tomás, usás los libros como si fueran cosméticos o alhajas. No sé, pero parece que fueras uno de esos tipos que andan por ahí ostentando lo que leyeron, y no, m’hijo, los libros no nacieron para bijouterie, ni fina, ni berreta. ¡Los libros son medicina! Y la medicina se bebe, se mastica, se digiere, se traga, o como prefieras pensarlo, pero se incorpora. Llega un punto en que ya son parte de nuestra anatomía y de nuestra alma, de nuestro modo de vivir. Pero si no te los comés, no pasa nada.
Así que desde entonces inauguré una biblioteca invisible: la que estaba hecha de todos los libros y partes de libros que me había comido. Las tapas las tiraba, así que no quedaban rastros. Empezó a crecerme el pelo de un color verdecido que nunca había tenido, los ojos cambiaron su expresión y de pronto me di cuenta de que caminaba más erguido por las calles y la gente me saludaba con mucha cordialidad.
-¿Será Machado? Me preguntó Tito
-No, yo creo que es Marechal.
-Bueno, debe ser por la M, entonces.
Los dos nos reímos un rato, pero no porque le quitáramos veracidad a lo dicho.
Seguí intentando con distintas medicinas, lo cual requirió tiempo y una diversidad de lecturas muy interesante… mucha poesía, algo de novela y ensayos.
Un día tito me ofreció uno de Dostoievsky.
Y le contesté que mejor no, que ese no.
No entendió nada, y como se fue con cara de compungido, le tuve que explicar. Yo no podía soportar que mi querido amigo se pusiera así de mal.
Y entonces le revelé mi secreto:
-es que ese me lo contaba mi tía Julia cuando era un adolescente, y es tan hermoso el recuerdo de esas tardes en que al irla a visitar ella me iba narrando la historia con sus ojitos soñadores, que no querría cambiar por ninguna otra esa percepción que acompaña mis días.
A Tito se le llenaron de lágrimas los ojos, y me dijo:
-Acabás de crearte un poema : estás curado: ese libro ya lo tenés incorporado como alimento. 
De hoy en más será así para siempre.
Y mientras cerraba las cortinas del boliche y se ponía el saco, me decía: vamos, te invito a un café.
C. B.