Nada es permanente en esta vida:
en todo lo que comienza
hay algo de primavera,
también en la soledad.
Ni siquiera la muerte
logra su cometido
por completo
Lugar de poesía y arte
Nada es permanente en esta vida:
en todo lo que comienza
hay algo de primavera,
también en la soledad.
Ni siquiera la muerte
logra su cometido
por completo
Mar: en esta tarde nublada
que pre anuncia el otoño
ante tu belleza
el calesitero
se quedó sin palabras
sin sortija
sin clientes
Y cerró la cortina para soñar tu nombre
C. B.
Una pedrería de palabras el trauma
Una pedrada como una palabra cautiva
La piedra del espanto.
Se levanta la voz del deseo
la voz de la dignidad
como una bailarina real
-despojada bella
de carne y hueso
deseante-
Escupe sus mil verdades de colores
que despreciarán los hombres de mal andar
y las mujeres de vivir manso, de vivir seguro
-Ella petrifica /Ella desvanece-
El río es su canto sanador
su canal de sauce sin ausencias.
Volando se reúne a las verdades de sus madres
Y descansa
cuando todas las palabras
dicen algo
por fin
a alguien de carne y hueso
C. B.
Todo el tiempo alguien toca el vidrio
que protege tu imagen
y se detiene para agradecer o para implorar
Algunos apoyan las manos
y otros sólo te miran y rezan
A la altura de tus ojos pintados en el yeso
una mujer alzaba su bebé la otra tarde
Así vamos desfilando ante un cristal oscuro o claro
para acariciar el aura petrificada del amor
A ver si algo nace o se compone
estamos felices:
dijimos la palabra justa
La palabra
que hizo justicia al amor
que hizo bien a nuestra lengua
que hizo bien.
Otros días, solamente
repetimos verdades
de perogrullo y demás autores
Y aun a costo de quedarnos apenados
nos permitimos incluso
hacer un pequeño mal
Pero: ¿Quién sabe
lo que es bueno y lo que es malo?
Hartos de ser la lección del otro
en donde queríamos que se nos amara
Hartos de que el otro sea nuestra lección
cuando queríamos amarlo
Renunciamos, -no obstante y por fin-
a maniobrar el camino a nuestro gusto
Nos rendimos
Aflojamos los brazos junto al cuerpo
Y al mirar para arriba
sentimos que el futuro era el viento
entre las lanudas patas de un lobo quieto
que respiraba el fresco del instante
Y esa entrega resultó tan sexy como un ala
como pluma en el sombrero del pobre
como elegía en los labios de una mujer que ama
o una anciana que lame sus propios labios...
Y sonreímos como un niño feliz
O un hombre enamorado
¿Quién sabe lo que es malo y lo que es bueno?
Si el que quiere saber más de lo que necesita
deja de sentir olor a pan
cada vez que la verdad
sale del horno
C. B.
https://lasfloresrotas.blogspot.com/.../entrevista..

Me comprometí internamente con la propuesta de Lucrecia Martel, de escribir para hacer suceder las cosas que deseamos. Ella la nombró de forma diferente, pero se trata de la misma causa. Y ayer, mientras caminaba por las veredas de un barrio no demasiado concurrido, pude darme el raro lujo de caminar sobre hojas secas. Las miré, ahí, amontonadas en ese colchón único, y pensé en la diferencia entre ver una hoja seca como mero residuo o como parte del paisaje, del espectáculo de la naturaleza. Creo que en esa metáfora cabe mucho de lo que nos pasa.
Se nos ha acostumbrado a mirar la vida y todo lo que ocurre sólo desde el lado billetera, y ni qué decir del lado billetera de la felicidad. La ilusión vendida es inmensa, y cuando cae, como caen las hojas caducas, la quiebra es profunda. Pero lo que entra en default es el alma, por falta de cultivo apropiado.
No propongo vivir a pan y agua, ni menos aún consentir a los gobiernos que nos hambrean, pero nunca un gobierno fue bueno o malo sólo por lo que hizo o no con su economía. Si no, miremos a Adolfito. Aunque pretendan convencernos de lo contrario, en una política económica entran otros muchos valores que determinan el rumbo de la embarcación. Y si el rumbo es bello, es mucho más probable que detrás de las imágenes del naufragio haya algo de qué agarrarse.
Lo que quiero decir es que la usura, ésa, la gran usura de los super ultra poderosos y billonarios también se sostiene en la admiración secreta de quienes aprendieron un solo modo de entender una vida valiosa. Y, para mí, ésa es una de las primeras lecciones que se nos debería enseñar: descubrir qué es y qué no es basura en una vida cualquiera. De eso depende lo que juntemos y lo que tiremos, es decir, que en nuestra peculiar economía del alma habrá cosas que celebrar o lamentar según el valor que les demos. Así, ampliando exponencialmente la imagen, tenemos al planeta, que es mirado por esos billonarios como un mero instrumento, sin belleza, sin posibilidad de ser disfrutado de algún modo, y lo único que son capaces de hacer es destruirlo para convertirlo en mercancía. No importa si glaciares, árboles, flora y fauna nativas, no importa si montañas, ríos y mares, ni tampoco importa si personas, ancianos, jóvenes o niños. La mercancía es en realidad la gran metáfora de la imposibilidad de gozar y vivir la vida, una imposibilidad que requiere mucho alimento chatarra, es decir mucha práctica de la destrucción, para convertirla a su vez en mucho dinero, y mucha ostentación absurda, en un despliegue megalómano e inútil del ego humano.
Nietzche decía "valorar es crear". Encontrar el valor de una hoja seca a tiempo. Y cuando digo valor, digo instantes de contemplación o de jugar con sus extraños sonidos crujientes. Y cuando digo, "a tiempo", digo vivir sin haber malogrado amores tras una fama y una fortuna malgastadas, para finalmente morir pronunciando la única palabra que designaba lo importante: Rosebud. Nuevamente el pequeño mundo del ciudadano Kane atado a ese instante feliz de su infancia, carente de lujos mundanos.
Una hoja seca, una pequeña metáfora sobre tan solo algunas cosas sobre las que sí tenemos potestad para elegir. Como también la posibilidad de elegir qué libertad es la que vamos a hacer crecer dentro de nuestra alma, y en nuestra vida personal y compartida.
Escribir
como una venganza perfecta
Como un estilete
clavándose en la carne inmóvil y trémula
-por utilizar palabras explícitamente dramáticas
y un tanto criminales-
del victimario
que nos dejó tendidos en el suelo
destrozados
atónitos
heridos
por el uso esdrújulo
de una palabra no poética
-no metáfora
no ánfora-
Sólo lápida
*
Escribir
peyorativamente
atrozmente
dementemente
para sacarnos de la carne la astilla
la bala
Aunque sangre
aunque no sirva para cicatrizar nada
en apariencia
más que para revivir el dolor
Y que la masa sangrienta se ponga a respirar
como un frankestein
y diga
“YO”
Y nos sobreviva
en el mejor de los casos
*
Escribir sin que la carne se entere
sólo para darle motivos
al vil y horrible victimario
de considerarnos gente realmente peligrosa
enferma
retorcida
resentida
Re- escribir para quedarnos
salvajemente solos
sin que nadie nos mire el placer
de comer una mora
y teñirnos los labios
de dulzura
no humana
Escribir para sacarle los dientes
al victimario ese
y morderle desde las letras
sólo el alma.
Yo creía y creía y temblaba y temblaba
Pero tenía un lado que se caía siempre
Y caía y caía el lado oscuro
Cuando nadie esperaba más que el amor viniendo de mi mano
Yo me desmoronaba
Imprevistamente
Entre la fe y el estupor de mis amigos
Yo me derribaba por donde nadie hubiera sospechado.
Ya no es así.
Mas
Si yo no hubiera tenido ese lado que caía
no hubiese podido comprender lo que nombran los abismos,
ese lenguaje por fuera de lo habitual.
Y donde otros ven una frontera
yo pude ver la hendija de Rumi,
esa fisura de lo herido
por donde entra la luz.
C.B.