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martes, 17 de marzo de 2026

8M: Lucrecia Martel, Isabel Coixet, y un mundo deseable



...me había despertado por demás dolorida, además de dolerme todo y la realidad, -digo, todo de mí y la realidad fuera de mí-,  cuando vi los primeros posteos del despertar en mi facebook, algunos muy interesantes: distintos enfoques del 8M y un par de cosas a las que adhiero en cuanto a nuestro fanatismo sobre el fútbol y la pelota manchada frente a la que no se manchaba y esas cosas... Y cuando quise ponerme a escribir sobre todo eso,  me encontré con una gran fatiga, una fiaca inmensa, tremenda, de continuar indagando en lo problemático del mundo actual. Y no porque renuncie a hacerlo, sino más bien porque me duele, -como a tantos de nosotros- ,  la realidad nuestra de cada día, que si parafraseara a Pema Chödrön, diría que se halla en el  instante justo en que, se mire por donde se mire, es un espanto. Ella caracteriza ese momento en la vida del ser humano como la posibilidad por excelencia de un despertar; el instante en que el espejo se niega a mostrarnos una mejor imagen de nosotros mismos, y en que nosotros hacemos coherencia con el espejo, negándonos a inventar el mejor ángulo de aquello que llegó hace rato a su punto del horror.

Leí algo de budismo explícito en una página muy buena, y eso ya me había animado un poco, cuando al rato una amiga me pasó un videito de Lucrecia Martel en donde, después de explicar cómo el cine se había encargado de profetizar nuestras actuales desgracias, propone empezar a hacer otra cosa. ¿Qué cosa? Empezar a crear tomando como punto de partida lo que que queremos ser como humanidad. Imaginar algo así como una "Topía", un futuro deseable, para hacerlo posible a través de esa especie de profecía que implica la creación artística. Me pareció una idea grandiosa, y le conté a mi amiga que iba a tratar de ponerlo en práctica conscientemente de hoy en más.

No obstante, durante casi todo el día no hice otra cosa que lidiar con mi cuerpo y con mi alma. Por un lado, los dolores de unas articulaciones que acusan recibo de cualquier pequeño esfuerzo como si se  hubiera tratado de escalar el Himalaya, y que, tras mi última aventura quirúrgica, esperan el visto bueno acerca del estado de mi rodilla post artroscopía. Pero el dolor corporal no quiso limitarse a sus confines, y entonces se le dio por ponerse a repasar el debe y el haber de mis soledades de Babel, de mis amores y desamores explicables e inexplicables, hermosos y trágicos, y de la compañía sempiterna de esa acuosa sensación de emoción por todo lo vivo, que últimamente está demasiado empapada de tristeza; de los deseos que parecen demorarse demasiado en en algún umbral,  y un etcétera no demasiado luminoso... Y por más que mi conciencia sintiente de semi budista en preparatoria, tratara infructuosamente de anoticiarme a cada minuto del sol que entraba por mi ventana, siguió imponiéndose sobre ella la parte de los dedos de mi mano derecha que ya no funcan como antes de operarme, y mi posibilidad de hacer sinapsis , que no es la de hace treinta años, cuando pude haber decidido tener un piano propio, insistiendo en recordar también , -como si esto fuera poco-, cuestiones tales como que el resto de mi corporalidad se empiece a arrugar de a poco por donde otrora era lisa, o lo bonita que yo era cuando no me daba cuenta,  y la inconveniencia de recordar que si llego a los ochenta me encontraré hermosísima en donde hoy me veo fea. 

Traté de respirar, de aflojarme, y nada. Traté de hacer tonglen, -esa meditación específica para este tipo de momentos, en la que nos sentimos parte de una humanidad tanto o muchísimo más dolida que nosotros y de la que formamos parte-, pero nada resultó eficaz. Mis endorfinas recién empezaron a acariciarme ya entrada la noche, al rato de ponerme a pulir unos escritos, soñando con los libros que editaré en algún futuro que me empecino en imaginar cercano.

En eso estaba cuando de pronto me dio hambre, y decidí acompañar mi sobremesa con una buena película. Así que le metí a ok.ru. y encaré 'Tres adioses', la nueva película de Isabel Coixet.

Si había un empujoncito que le faltara a la decisión de dejar de lloriquear por esos rincones sombríos, todo eso lo logró la película de la Coixet,  una de mis más queridas directoras de cine, quien seguro tendrá de qué arrepentirse, pero también de qué enorgullecerse, y sin duda esta obra entra de cuerpo entero en el segundo grupo. Con ese ligero eco de "La vida sin mí", pero unas vueltas de tuerca que los resucitados entendemos, se me fueron al corno los lamentos, y re descubrí esas verdades que aparecen en la hora de los patíbulos, pero que suelen olvidarse en las calmas chichas y , -menos explicable aún-, en las horas más dichosas. 

Eso que sabemos los resucitados, los que alguna vez tuvimos el coraje de mirar al monstruo del espejo sin vergüenza ni asco y meterle a la vida un giro copernicano, es que no alcanza con que otro te prepare la comida con amor, porque el manjar empieza cuando podés sentirlo en tu boca y mejor aún si lo fabricaste con tus propias manos. Que gozamos de una impermanencia tan maravillosa como para usarla a nuestro favor soltando la puta queja de una vez y para siempre veinticuatro veces al día y trescientos sesenta y cinco días cada año. Que el filo de la muerte afina los sentidos, y que poder mirar el cielo y el vuelo de los pájaros como si fuera por primera vez es algo inmenso. Que el año sabático ya empezó, que no podemos estar seguros  acerca de en qué puto sitio nos agarrará la parca como para perdernos media puesta de sol, o un soplo de brisa. Y que aunque el colapso climático prometa que nos derretiremos muy pronto, nada será menos aconsejable que dejar de disfrutar del sol preventivamente. 

Y aunque todo esto, ahora que lo escribo, me suena a imperativo,- en tiempos de demasiados imperativos sobre la pretensión de 'ser felices 24/7'-, abandonar de a poco pero con firmeza nuestras inercias sería todo un detalle, así como abandonar del mismo modo las grandes urbes, todo lo cual parece señalar una buena ruta  hacia sitios más iluminados del cosmos y del alma. 

Que ya es hora de dejar de apostar la sangre a la tenencia inagotable de bienes raíces, para permitir que las raíces se nutran de lo que las alimenta, y que nos nutrimos cada vez que cuidamos de los pichones humanos que vamos encontrando en el camino. O cada vez que nos animamos a besar en la boca, alegrándonos con la misma simpleza de sólo saber que ese ser está hoy en este mundo. 

Que los humanos no nos olvidemos de que también somos buenos. Y de que parte de nuestra gracia en la gran Creación, tiene que ver con lo que nosotros somos capaces de crear. 

Así que hoy profetizo en mi mundillo personal una humanidad que sobreviva al horror, para disfrutar el misterio de por qué danzan los estorninos, y encontrar en aquello que ama, una pequeña pero auténtica respuesta.




https://www.instagram.com/reels/DUwsZhfDWd4/

La cineasta Lucrecia Martel habla de imaginar un futuro próspero, para que no nos roben el poder de imaginar.

El espíritu se alza hacia la poesía

El espíritu se alza hacia la poesía 

y la poesía viene 

Pero también viene si se la llama 

desde lo oscuro 

si se le ofrece la llave de la propia casa 

si se la advierte reptando en tierra fértil 

como lombriz, o como serpiente mayor 

que erguida ante una pena 

la consume 


A ella se la invita a cenar 

a jugar o a comer 

a solas, con amigos 

o a tomar mate mientras se abona la esperanza 

con la yerba bosteada 

O mientras, mirando al sol 

como el gaucho Moreira, 

uno muere o se le da acaso 

por nacer 


Invisible pero presente al vuelo 

como una mariposa 

pronta a venir, 

anda entre dos que al hacerse el amor

se miran a la cara y uno dice 

¡Qué linda que sos!

aunque se lo coma el lobo la séptima noche 

de un año cualquiera 


Ella viene también aunque no se la invite

Tal vez nos convide una taza de leche,

la esperanza, la vida 

o la sonrisa que como ángel nos guarda

Ella está ahí 



Escucho su susurro entre las ruinas del mundo 




jueves, 26 de febrero de 2026

MÁXIMAS MÍNIMAS PARA UN HIJO QUE CRECE DESCONSIDERADAMENTE



- Que te sume. Que no te vaya a restar. Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío. Ese es tu problema. Este es mi problema. Si coincidimos, bien. Si no, buena vida social club. Arrivederchi. Vermú con papas fritas. Pero si además querés que te consideren buena gente, que no se note demasiado que tenés una ética de fondo mercantilista. Trabajá con honorarios institucionales un poquito, nomás, pero no dejes de comprar dólares, aumentar los aranceles según los estándares, porque no vas a regalar tu trabajo.  Defendé lo público, pero elegí lo mejor para los tuyos, que siempre se paga caro, porque si no, no vale. No te involucres profundamente más que con los sumamente íntimos, y, a veces, ni siquiera. Si algo te supera, no te molestes en aclarar nada: no contestes, desaparecé, pero inventate una buena excusa para no quedar mal con tu conciencia. Siempre la elegancia por sobre la autenticidad, y la productividad y el éxito por sobre las verdades del corazón. Cuando hables o escuches, siempre escudriñá las jugadas, como si tu vida fuera un tablero de ajedrez y cada uno que llega, un estafador potencial. No abras demasiado la puerta de tu alma: desconfiá, repartí, poné cada cosa en el sitio exacto y cada amor en el anaquel correcto, incluyendo grado de parentesco y tareas acordes y proporcionales, no te vayas a exceder. Sé un buen inversor en el mercado afectivo. No gesticules ni pierdas el control. No saques a pasear la pasión fuera de horario. Conformate con tener. Ser es otra cosa. Nunca digas ni pienses ni mucho menos sientas que lo que sucede te importa o no, te gusta o no. Sólo debe interesarte si suma o resta. Recordalo. Esa es la lógica del mundo, hijo mío.

- No me gusta.



miércoles, 25 de febrero de 2026

el panadero al sol


el panadero 

regado de sol 

sube lentamente

a la copa del árbol

Recorro con la mirada

su viaje continuo y lento

más lento que todo lo que lo rodea

más lento que todo lo que sucede en la plaza

Iluminado sube

y sigue su rumbo

más allá

más lejos aún

Ya ha llegado más alto 

que el árbol más alto de la plaza

más lento que todo

sin pausa en la brisa

sin prisa 

el panadero al sol






domingo, 1 de febrero de 2026

un poema de terror




no hay un atisbo de luz en el sol lento de la plaza

llegó el horror en forma de pelea intempestiva

la gente se arracima alrededor de la víctima o victimaria, -no se sabe-

la loca que irrumpe sujetando a la criatura 

como si se la quisieran usurpar

El sol del domingo camina lento por la pared

como una araña peligrosa, peluda

y mi perra ataca por primera vez a la perra de una señora

que tiene un bozal color rosa bebé

Sin embargo, y aunque nadie ha mordido a nadie aquí,

en el aire se huele el conflicto

Todo espacio es angosto, todo ruido, molesto, 

toda proximidad exasperante

como en la estrecha góndola del supermercado

cuando la mano se estira para agarrar lo que está arriba y no llega

como en el pasillo estrecho del colectivo

en que la mano se estira para agarrarse de lo que está arriba y no llega

El mundo es un hombre sentado con las piernas abiertas a sus anchas

en el mismo asiento que uno

y uno es apenas un inocente amurallado en la impotencia de hablar

de decirle

que por favor haga lugar

Tengo los ojos ardidos de sol de una playa que nadie visita

a las dos de la tarde de un día destemplado

en la lentitud inacabable de este domingo

Tengo los ojos lastimados por la arena inexistente del ojo seco

En vez de cordillera hay una muralla de seres humanos

todos enojados, ataviados 

con traje y pelucas de colores

Que juzgan a otros que están en medio del mar, entre las olas

pidiendo ayuda desesperadamente

¡Que nadie se salve! Ordena el tribunal

La gente sueña pesadillas y despierta pesada

Alguien ha besado en los labios al hombre de traje, peluca y bastón

y no sintió nada

No sentir es un sueño peligroso

El sol se desbarranca en esta plaza de domingo

No hay lunes salvador para este poema

Y sin embargo amanece 

y no es poco que amanezca también todo aquello

que nunca será poco


*** 

Los ojos profundamente irritados

áridos

en pantallas azules

poco recomendables

poco habitables

Hay que salir de las ciudades!

Hay que meditar!

Hay que dialogar con el miedo!

Hay que decir NO al imperativo categórico!- va gritando por la calle un señor

con un manual en la mano 

La locura es un material clasificable porque siempre pertenece a otros

al que se pasea en calzones por la terraza 

a la que anda suelta en el andén 

La locura está preocupante como el calor

y penetra por cualquier hendija de la vida

-¡Ya todos estamos siquiátricos! exclama por la tele

una señora de bien 

Dice que se nos perdieron las fronteras

Alguien barrió de más y arrancó las plantas

No nos quedan raíces

El incendio viene desde el norte

los glaciares del sur se nos derriten

y nos asustamos de que nuestras pesadillas sean tan parecidas a la realidad

Hay que hacer hidroponia con la poesía

mecer una cuna repleta de vegetales

para que la pacha se amigue con nosotros

No rompernos! Sobre todo, no rompernos entre nosotros

La caricia es el único truco que no comprende ningún mago de las sombras

Bajo una pantalla hecha añicos brota el agua

como un surtidor potente y anhelado

que llega a mojar a las estrellas


C. B.

(Imagen: Mandala creado por mi amiga, la artista Danira Del Pino)

martes, 27 de enero de 2026

TODAS LAS HOJAS SON DEL VIENTO

Hoy Luis Alberto me convidó una empanada. Él, sentado en la plaza como todas las tantas veces que lo veo, hoy me convidó una empanada. Todas las veces nos saluda, Mar lo tiene encantado, y un día, -creo que fue la primera ocasión en que reparé en él-, por señas, me pidió que me acercara, mientras revolvía dentro de su mochila. Cuando me acerqué, extendió la mano para darme una pelotita azul. Era para  Mar. A mí me conmovió mucho, y al agradecerle, me hizo un gesto que ahora sé muy de él, con las manos, y la cabeza también, como si dijera “no, no es necesario”. Luis nunca hablaba con las palabras, sí, con los gestos. Fue una vuelta que le pregunté cómo se llamaba cuando me contó que Luis Alberto, como el flaco Spinetta; y también me contó que él había estado en la guerra de Malvinas. Sus ojos enormes y expresivos a menudo están inyectados, no sé si por el sol o el chupi, aunque también lo he visto leyendo unas cuantas veces. 

Hay muchos, muchas personas que habitan la calle por mi barrio , aunque no sean mendigos exactamente. Hace ya un tiempo que abandoné mi pretensión de ayudarlos. Prefiero solamente saludar al pasar a los que me simpatizan. Una vez le convidé a Luis un chocolate; era invierno. Hoy, sin más, me llama para que me acerque, y me ofrece una empanada, no porque le sobre. No sé qué es Luis Alberto para los demás, supongo que un linyera, un borracho bueno.  Yo prefiero pensarlo como un buen vecino de la plaza, un amigo más.




Que me perdone el nardo

Que me perdone el nardo, decía yo en un verso casi inentendible, de muchos entonces antiguos. Ahora, al mirar esta vara de nardo que compré ayer, de un color rosado que nunca antes había visto, y al acercarme para sentir su olor, me doy cuenta de lo que ese antiguo verso quiso decirme: que me perdone el nardo no poder consagrarme por completo a su dulzura, a que mi vida sólo pudiera dar fe de esa alegría inefable de oler, danzar y sonreír con todo el cuerpo. Que me perdone el nardo no poder hacer un himno con su elixir , una consagración laica de la primavera, sin tener que dilatar innecesariamente los tiempos del dolor. Hoy lo huelo con emoción, y la pregunta que dejé abierta me la respondo con esta alegría agujereada para que entre y salga la impermanencia , que me permite vivir a cada paso, una vez más.



sábado, 27 de diciembre de 2025

REGALITOS/ con Poema de Luis Pescetti de regalo

Íbamos con mamá cada primer sábado del mes, o sea, después de haber cobrado su sueldo, a la Galería Santa Fe, a elegir  no sólo ropa, sino también adornitos, cosas lindas, regalitos en definitiva... porque siempre, siempre tenían su posible destinatario.

Eso y otras tantas cosas aprendí de mamá: aprendí el disfrute de dar, nada menos. Y no sólo de ella, sino también de las tías y el tío, el disfrute de dar y recibir cariño, y sobre todo, abrazos.

Cosas que nos ayudan  a vivir...

Después descubrí otros regalitos que me hizo mamá, como por ejemplo aprender (yo lo tuve que aprender, creo que ella no lo necesitó) a perder el miedo al ridículo, practicar la espontaneidad, fabricarse una buena risa para festejar las cosas y las ocurrencias, y tanto descubrí gracias a su manera de vivir, que pude ver regalos donde no los veía antes, no sólo observando su vida, sino LA vida, las vidas de todos, también la mía.

Descubrí, o reafirmé, que la razón de ser de los regalos está en el deseo de hacer feliz a alguien a quien se quiere. En ese sentido, importa tres belines el costo económico del mismo. 

Lo que deseamos es ser queridos y sentirlo, registrarlo... como cuando éramos profes de primaria y los nenes nos regalaban cartitas improvisadas, con una flor, un corazón y un te quiero mucho. Lo que deseamos es que nos quede claro el amor del otro. Al dar, haremos lo mismo: dar por el puro júbilo de hacerlo.

Hay quien puede ver y quien no, hay quien puede recibir y quien no, todos acaso hayamos estado alguna vez en ambos lugares...

Sin embargo uno en algún momento se aviva: para cuando uno se aviva, todo lo que es regalo empieza a ser leído y tomado como regalo: la presencia, una mano en la nuestra, un "contá conmigo", un buen consejo, la opinión no complaciente que nos ayuda a cambiar, un no cuando hubiera sido más cómodo un sí, un regalo hecho a mano con toda la intención y la dedicatoria... 

Para quien no presta atención, todo tiene más que ver con el paquete, con el moño, que con el contenido.

A veces uno regala una canción como un mimo, y el otro devuelve un análisis crítico sobre afinación...Cosas así tiene el malentendido humano.

Alguien me dice que hasta el "malentendido humano" en sí mismo puede ser un regalo. Y lo considero, claro que sí. Más que nunca, en este tiempo raro, meticulosamente apurado y distraído, en que mandar un videito de tok tok, poner un emoji  o recibir una palabra cariñosa, podrían considerarse verdaderos tesoros cotidianos.

Habrá que tratar de ser sensibles y estar atentos, porque no todos los regalos vienen envueltos en papel brilloso.



He aquí mi regalito de hoy: dice Luis que


Hay que dejar que el amor haga su trabajo,

sin interferir, en lo posible.

Mientras tenemos nuestras charlas,

y nos ocupamos de las tareas diarias:

lavar los platos, despertar al hijo;

dejar que corra, subterráneo,

el dios arquero.

Observen las palabras,

ellas mismas: ciegas a su existencia,

sin conocimiento del significado que cargan.

Sin embargo nos llegan, conmueven aunque no se enteran.

Aire esculpido,

ausente en la ignorancia de lo que representa.

Así nosotros, hormigas de algo que nos supera,

llevamos un sentido, desconociendo cuando lo hacemos.

Tantas veces arruinándolo cuando intervenimos

como un escritor novato, que "quiere que su cuento diga..."

y malogra lo que deja en un panfleto.

Pero otras veces, afortunadas,

después de miles de horas de ensayo,

de pérdidas irreparables y dolores que no queremos repetir:

hacemos sin pensar cada movimiento;

no estorbamos entre lo que sabemos y cómo respondemos.

En manos de un Dios dejemos que tejan nuestras manos,

de una Diosa, que las flechas den

en el blanco insospechado.

Entre la llegada, el abrazo y el arquero:

suspender el mundo.

Nos lanzan,

cerrar los ojos,

olvidar,

primero.




viernes, 21 de noviembre de 2025

Cábala

 

yo toco en la madera de esa puerta 

el olor tibio de tu nombre 

como una cábala bendita 

Estás en un país extraño

pero te encuentro en sueños

y aún me hablás, me contás cosas

me corregís dulcemente la vida.

Como de adolescentes, 

cuando vos sabías más 

sabías mejor 

cómo pronunciar el nombre

de la primavera.








domingo, 16 de noviembre de 2025