Visitantes cósmicos de buena voluntad,sean bienvenidos a este lugarcito que albergará poemas, pinturas y toditas cosas que habitan mi alma...


domingo, 1 de febrero de 2026

un poema de terror

no hay un atisbo de luz en el sol lento de la plaza

llegó el horror en forma de pelea intempestiva

la gente se arracima alrededor de la víctima o victimaria, -no se sabe-

la loca que irrumpe sujetando a la criatura 

como si se la quisieran usurpar

El sol del domingo camina lento por la pared

como una araña peligrosa, peluda

y mi perra ataca por primera vez a la perra de una señora

que tiene un bozal color rosa bebé

Sin embargo, y aunque nadie ha mordido a nadie aquí,

en el aire se huele el conflicto

Todo espacio es angosto, todo ruido, molesto, 

toda proximidad exasperante

como en la estrecha góndola del supermercado

cuando la mano se estira para agarrar lo que está arriba y no llega

como en el pasillo estrecho del colectivo

en que la mano se estira para agarrarse de lo que está arriba y no llega

El mundo es un hombre sentado con las piernas abiertas a sus anchas

en el mismo asiento que uno

y uno es apenas un inocente amurallado en la impotencia de hablar

de decirle

que por favor haga lugar

Tengo los ojos ardidos de sol de una playa que nadie visita

a las dos de la tarde de un día destemplado

en la lentitud inacabable de este domingo

Tengo los ojos lastimados por la arena inexistente del ojo seco

En vez de cordillera hay una muralla de seres humanos

todos enojados, ataviados 

con traje y pelucas de colores

Que juzgan a otros que están en medio del mar, entre las olas

pidiendo ayuda desesperadamente

¡Que nadie se salve! Ordena el tribunal

La gente sueña pesadillas y despierta pesada

Alguien ha besado en los labios al hombre de traje, peluca y bastón

y no sintió nada

No sentir es un sueño peligroso

El sol se desbarranca en esta plaza de domingo

No hay lunes salvador para este poema

Y sin embargo amanece 

y no es poco que amanezca también todo aquello

que nunca será poco


*** 

Los ojos profundamente irritados

áridos

en pantallas azules

poco recomendables

poco habitables

Hay que salir de las ciudades!

Hay que meditar!

Hay que dialogar con el miedo!

Hay que decir NO al imperativo categórico!- va gritando por la calle un señor

con un manual en la mano 

La locura es un material clasificable porque siempre pertenece a otros

al que se pasea en calzones por la terraza 

a la que anda suelta en el andén 

La locura está preocupante como el calor

y penetra por cualquier hendija de la vida

-¡Ya todos estamos siquiátricos! exclama por la tele

una señora de bien 

Dice que se nos perdieron las fronteras

Alguien barrió de más y arrancó las plantas

No nos quedan raíces

El incendio viene desde el norte

los glaciares del sur se nos derriten

y nos asustamos de que nuestras pesadillas sean tan parecidas a la realidad

Hay que hacer hidroponia con la poesía

mecer una cuna repleta de vegetales

para que la pacha se amigue con nosotros

No rompernos! Sobre todo, no rompernos entre nosotros

La caricia es el único truco que no comprende ningún mago de las sombras

Bajo una pantalla hecha añicos brota el agua

como un surtidor potente y anhelado

que llega a mojar a las estrellas


C. B.

martes, 27 de enero de 2026

TODAS LAS HOJAS SON DEL VIENTO

Hoy Luis Alberto me convidó una empanada. Él, sentado en la plaza como todas las tantas veces que lo veo, hoy me convidó una empanada. Todas las veces nos saluda, Mar lo tiene encantado, y un día, -creo que fue la primera ocasión en que reparé en él-, por señas, me pidió que me acercara, mientras revolvía dentro de su mochila. Cuando me acerqué, extendió la mano para darme una pelotita azul. Era para  Mar. A mí me conmovió mucho, y al agradecerle, me hizo un gesto que ahora sé muy de él, con las manos, y la cabeza también, como si dijera “no, no es necesario”. Luis nunca hablaba con las palabras, sí, con los gestos. Fue una vuelta que le pregunté cómo se llamaba cuando me contó que Luis Alberto, como el flaco Spinetta; y también me contó que él había estado en la guerra de Malvinas. Sus ojos enormes y expresivos a menudo están inyectados, no sé si por el sol o el chupi, aunque también lo he visto leyendo unas cuantas veces. 

Hay muchos, muchas personas que habitan la calle por mi barrio , aunque no sean mendigos exactamente. Hace ya un tiempo que abandoné mi pretensión de ayudarlos. Prefiero solamente saludar al pasar a los que me simpatizan. Una vez le convidé a Luis un chocolate; era invierno. Hoy, sin más, me llama para que me acerque, y me ofrece una empanada, no porque le sobre. No sé qué es Luis Alberto para los demás, supongo que un linyera, un borracho bueno.  Yo prefiero pensarlo como un buen vecino de la plaza, un amigo más.




Que me perdone el nardo

Que me perdone el nardo, decía yo en un verso casi inentendible, de muchos entonces antiguos. Ahora, al mirar esta vara de nardo que compré ayer, de un color rosado que nunca antes había visto, y al acercarme para sentir su olor, me doy cuenta de lo que ese antiguo verso quiso decirme: que me perdone el nardo no poder consagrarme por completo a su dulzura, a que mi vida sólo pudiera dar fe de esa alegría inefable de oler, danzar y sonreír con todo el cuerpo. Que me perdone el nardo no poder hacer un himno con su elixir , una consagración laica de la primavera, sin tener que dilatar innecesariamente los tiempos del dolor. Hoy lo huelo con emoción, y la pregunta que dejé abierta me la respondo con esta alegría agujereada para que entre y salga la impermanencia , que me permite vivir a cada paso, una vez más.



sábado, 27 de diciembre de 2025

REGALITOS/ con Poema de Luis Pescetti de regalo

Íbamos con mamá cada primer sábado del mes, o sea, después de haber cobrado su sueldo, a la Galería Santa Fe, a elegir  no sólo ropa, sino también adornitos, cosas lindas, regalitos en definitiva... porque siempre, siempre tenían su posible destinatario.

Eso y otras tantas cosas aprendí de mamá: aprendí el disfrute de dar, nada menos. Y no sólo de ella, sino también de las tías y el tío, el disfrute de dar y recibir cariño, y sobre todo, abrazos.

Cosas que nos ayudan  a vivir...

Después descubrí otros regalitos que me hizo mamá, como por ejemplo aprender (yo lo tuve que aprender, creo que ella no lo necesitó) a perder el miedo al ridículo, practicar la espontaneidad, fabricarse una buena risa para festejar las cosas y las ocurrencias, y tanto descubrí gracias a su manera de vivir, que pude ver regalos donde no los veía antes, no sólo observando su vida, sino LA vida, las vidas de todos, también la mía.

Descubrí, o reafirmé, que la razón de ser de los regalos está en el deseo de hacer feliz a alguien a quien se quiere. En ese sentido, importa tres belines el costo económico del mismo. 

Lo que deseamos es ser queridos y sentirlo, registrarlo... como cuando éramos profes de primaria y los nenes nos regalaban cartitas improvisadas, con una flor, un corazón y un te quiero mucho. Lo que deseamos es que nos quede claro el amor del otro. Al dar, haremos lo mismo: dar por el puro júbilo de hacerlo.

Hay quien puede ver y quien no, hay quien puede recibir y quien no, todos acaso hayamos estado alguna vez en ambos lugares...

Sin embargo uno en algún momento se aviva: para cuando uno se aviva, todo lo que es regalo empieza a ser leído y tomado como regalo: la presencia, una mano en la nuestra, un "contá conmigo", un buen consejo, la opinión no complaciente que nos ayuda a cambiar, un no cuando hubiera sido más cómodo un sí, un regalo hecho a mano con toda la intención y la dedicatoria... 

Para quien no presta atención, todo tiene más que ver con el paquete, con el moño, que con el contenido.

A veces uno regala una canción como un mimo, y el otro devuelve un análisis crítico sobre afinación...Cosas así tiene el malentendido humano.

Alguien me dice que hasta el "malentendido humano" en sí mismo puede ser un regalo. Y lo considero, claro que sí. Más que nunca, en este tiempo raro, meticulosamente apurado y distraído, en que mandar un videito de tok tok, poner un emoji  o recibir una palabra cariñosa, podrían considerarse verdaderos tesoros cotidianos.

Habrá que tratar de ser sensibles y estar atentos, porque no todos los regalos vienen envueltos en papel brilloso.



He aquí mi regalito de hoy: dice Luis que


Hay que dejar que el amor haga su trabajo,

sin interferir, en lo posible.

Mientras tenemos nuestras charlas,

y nos ocupamos de las tareas diarias:

lavar los platos, despertar al hijo;

dejar que corra, subterráneo,

el dios arquero.

Observen las palabras,

ellas mismas: ciegas a su existencia,

sin conocimiento del significado que cargan.

Sin embargo nos llegan, conmueven aunque no se enteran.

Aire esculpido,

ausente en la ignorancia de lo que representa.

Así nosotros, hormigas de algo que nos supera,

llevamos un sentido, desconociendo cuando lo hacemos.

Tantas veces arruinándolo cuando intervenimos

como un escritor novato, que "quiere que su cuento diga..."

y malogra lo que deja en un panfleto.

Pero otras veces, afortunadas,

después de miles de horas de ensayo,

de pérdidas irreparables y dolores que no queremos repetir:

hacemos sin pensar cada movimiento;

no estorbamos entre lo que sabemos y cómo respondemos.

En manos de un Dios dejemos que tejan nuestras manos,

de una Diosa, que las flechas den

en el blanco insospechado.

Entre la llegada, el abrazo y el arquero:

suspender el mundo.

Nos lanzan,

cerrar los ojos,

olvidar,

primero.




viernes, 21 de noviembre de 2025

Cábala

 

yo toco en la madera de esa puerta 

el olor tibio de tu nombre 

como una cábala bendita 

Estás en un país extraño

pero te encuentro en sueños

y aún me hablás, me contás cosas

me corregís dulcemente la vida.

Como de adolescentes, 

cuando vos sabías más 

sabías mejor 

cómo pronunciar el nombre

de la primavera.








domingo, 16 de noviembre de 2025

jueves, 30 de octubre de 2025

Migrantes


*

La mujer lleva el carrito de metal y la bolsa made-in-china

Símbolo perfecto de lo que en todo el mundo nos hace iguales

Atraviesa las grandes aguas

Erguida

En soledad digna

Sensual, altiva

Y pinta sus labios con el rouge rojo amarronado

Una vez más

Esperando al hombre que pueda desearla sin sentirse intimidado desde adentro por las viejas visiones de la vida

Del sexo

De la esperanza

Del amor

Ella busca a su sobrina

Porque hijos no tuvo

Pero en el camino

Encuentra a otros

Su perfil parece la proa del barco de Odiseo, 

En un ferry cabe tanta miel como abundancia

En un ferry la vida se da vuelta

La esperanza surca el mar

Baila con los demás una danza ancestral

Como si fuera desconocida

Se da una panzada de alegría

De vida

De manos que guardan para ella los dulces de una fiesta a la que no fue

Eso es la ternura

Al fin de cuentas

Amar hasta reventar decía el Sabalero

Y los ojos georgianos de ella

Dicen lo mismo:

“Ahora”





(inspirada en Crossing, "Caminos cruzados", película de Levan Akin )

miércoles, 1 de octubre de 2025

Gracias, Daniel Rafalovich

 https://dalepoesia.blogspot.com/?m=0


agradeciendo a Daniel Rafalovich su generosidad hacia todos los que intentamos escribir poesía, e invitando a seguir su blog: dale poesía


dalepoesia

Leamos: no hay mejor estimulante.



jueves, 11 de septiembre de 2025

NOSOTROS EN LA CALESITA



Hoy por primera vez me recosté sobre la reposera de la plaza. Esa que todas las veces anteriores visité nada más que sentada. Daba el solcito todavía, y me dieron muchas ganas de quedarme dormida así, mientras escuchaba cantar a los zorzales de la tarde. Sentía una gran placidez. Y entonces, recordé. Solías llegar en tu bici un ratito después que yo, y nos estacionábamos ahí, en ese banco que quedaba cerca de la calesita, pero dándole la espalda. Nunca hablabas más que algún par de palabras, bastante a desgano, pero me conmovían mucho tus ojos, ya desde el primer día que nos hicimos amigos. Siempre fui sensible a la manera de mirar de la gente, y tu forma de mirar llegó primero. Tus ojos eran color café, pero hubiera dado lo mismo que fueran azules o verdes. Yo te contaba siempre un montón de cosas, y en poco tiempo te habías convertido en mi confidente, en mi amigo. Íbamos y veníamos por la tarde con la facilidad del sol, pedaleando o caminando entre canteros, y deteniéndonos con la misma facilidad para observar las cosas, los árboles a veces, y los perros… Y esa tarde en particular nos habíamos puesto a mirar los muñecos de la calesita, qué animales representaban, sus formas y colores, la bocha de la sortija que nos recordaba una manzana de esas con caramelo y pochoclo, y después, casi al atardecer, fue cuando pasó eso. Recuerdo a una señora que nos vio, y nos miró con sorpresa: te habías puesto a llorar como una criatura abrazado a mí, pero trepado a mí. Todo sucedió de repente. Estábamos sentados en el mismo banco y de pronto te subiste como un monito a mi falda como si yo fuera un árbol, un tronco fuerte del que te agarrabas, nuestras manos entrelazadas con la misma fuerza, y aunque me llevó un rato darme cuenta de que estabas llorando, pude sentir el temblor de tu cuerpo sobre el mío, mientras los sollozos te atravesaban y me traspasaban, poniéndolo a vibrar en una misma sintonía, como si fuéramos un solo cuerpo emocionado. El sol doraba todo y yo veía flores violetas al entornar los ojos. Por entonces éramos tan delgados que parecíamos niños; creo que alguien podría habernos confundido con dos criaturas pequeñas, pero sin embargo éramos ya adolescentes, tan flaquitos como las ramas de un árbol joven. Y nos quedamos así abrazados largo rato después de que dejaras de llorar. No me pesabas. Me gustaba la posición en la que estábamos y el calor que sentía en contacto con tu cuerpo. Fue difícil desasirnos el uno del otro. Y aunque separáramos nuestros cuerpos, los ojos, las miradas continuaban delineando un destino, un dibujo irresistible. Agarramos nuestras bicicletas y seguimos de la mano, caminando juntos y sin ganas de irnos a casa. Como vos no preguntabas nada, se me ocurrió no ya preguntarte, sino proponerte algo. Te dije, creo, algo así como que yo todavía no le había dado un beso a nadie, y que me gustaba la idea de probar con vos. Algo se te iluminó en la cara, y asentiste. Ni vos ni yo sabíamos dónde vivía el otro exactamente. De pronto nos detuvimos junto a la calesita, y observamos que el calesitero estaba juntando su dinero de la jornada. Ya se estaba haciendo de noche. Al cabo de un rato dejó de sonar la música, y después de cerrar el cortinado verde turquesa y de darle un par de vueltas a la llave que cerraba la reja, el hombre se fue. Era tarde, pero no queríamos volver. Yo revolví y encontré en mi bolsillo unas galletitas. Agua, había en los surtidores. Así que después de beber un poco, esperamos a que ya no quedara nadie más que los pájaros, y entonces nos subimos a la reja y pasamos del otro lado. No era muy difícil. Recuerdo que una vez que estuvimos del lado de adentro, fuiste vos quien se animó a correr el cortinado y me invitaste a entrar. Nos acompañaban los leones trepados a su barra metálica, y al otro lado, un carruaje pintado de colores fuertes, en el que podíamos sentarnos. Pero nos acostamos silenciosamente en el espacio que quedaba entre medio. Las manos, en su deslizamiento lento pero continuo, inventaron por nosotros todo el calor que necesitábamos para juntar los cuatro labios como una rosa de arcilla, que iba tomando extrañas formas, y al ir descubriendo el jugo que creaban nuestros movimientos, también nuestras lenguas se sumaron a un juego extraño y nuevo, que cosquilleaba por todas las zonas de mi humanidad que nunca creí vivas de esa manera. Ninguno de los dos fue más allá de ese contacto, de las caricias de los labios las lenguas y los dedos que desfilaban por las zonas que dejaban vacantes nuestras ropas; no nos animamos a tocar nada que estuviera por dentro de ellas, pero sí nos quedamos abrazados, reposando, tapándonos con un saco. Y cuando estábamos ya trepándonos a las rejas para salir, fue cuando esa linterna nos iluminó fuerte, aunque no era nada su luz comparándola con la que yo ya tenía adentro. Ahora, acostada en esta reposera, sueño con que es de noche y apretamos en el jardín zoológico, que es una mezcla del de antes con el de ahora. Nos habíamos citado allí, entre maras y pavos reales, y hacíamos el amor sin ropa. Ya éramos adultos en el sueño, y estábamos aún desnudos y tan contentos...no había nadie más que nosotros y los pájaros, y entonces nos poníamos a jugar con los muñecos grandotes que viven bajo el agua y que los chicos hacen mover con los botones. Luego nos despedimos con la discreción de viejos amantes, realizando acciones verdaderamente revulsivas como, por ejemplo, darnos un beso kilométrico, interminable, sabroso, y exhibir una sonrisa de oreja a oreja. Yo te proponía cantar cada uno una canción alegre y repetirla hasta el próximo encuentro, y vos asentías. Ahí me desperté. Tal vez influyó que anoche volviera a ver Las alas del deseo, tan luego ... Al echar a andar en dirección hacia mi casa, observé que ya casi no se sentía el sol. Aún quedaban unos algodones de palo borracho sobre la tierra. Creo que si el ángel hubiera estado ahí ese día, observando todo desde arriba de la calesita, se habría inspirado para decidirse a desencarnar y salir corriendo detrás de la trapecista alada. Sea como fuere, yo deseo encontrarte para aprender ahora cómo es tu voz.


martes, 9 de septiembre de 2025

sin título

La lámpara que alumbra mi escritura en la noche 

es la continuación de la luna

La música que suena en mi corazón 

es la continuación de la mano del amor en mi mundo 

Lo que es apetito se ha llenado de duraznos 

Lo dulce colma lo dulce 

Lo hondo se satisface en el deseo 

Escribir es un riesgo que riega

Hallar dónde poner un punto

es una manera de encontrar el nombre de dios 

Las minúsculas, el código de todos los secretos que se susurran 

en la noche intensa de los vivos 

El mar que canta salvajadas 

El río, melismas acuáticos 

Todos los paisajes responden a nuestra sombra 

No soy dueña de estas palabras 

Las he solicitado cordialmente a la noche con mi mano en alto 

Como una antena 

Como la antena izquierda de una salvaje esperanza 

De una fatiga inmóvil 

De un deseo que no sucumbe ni en las sombras 

Ni en la inmensa luz 

(pintura de Jeanie Tomanek)