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martes, 18 de julio de 2023

Amores, de Marcos Silber

 


Un rinoceronte duerme debajo de mi cama.

Un rinoceronte enamorado duerme y sueña.

En la historieta, en las nubecitas

que disparan sus sueños, leo

que ama a su rinoceronta, que

con mortal pasión hechizado se detiene

frente a la pecera celeste de sus ojos

el ardiente ventanal de su boca

y que dulces latigazos de temblor

lo arrebatan con sólo evocarla leo

y leo: sólo olerle

la santidad de su carne cruda

le delira la cabezota y estremece

cada uno de sus recónditos huesos.

Yo sueño. Él sueña. Soñamos.

En realidad, no sé ya quién en lo cierto;

si yo, que cuento el humano amor de él;

o él, que cuenta el bestial amor de mí.


(de Campo minado, Summa poetica-Vinciguerra, 30° Aniversario, 1986-2016)


domingo, 16 de julio de 2023

un animal secreto


Cuando el humano duerme 

guarda algo del animal que fue. 

En algún momento de su sueño

el respirar acompañado y los ojos dulcemente cerrados

me dan la paz de saber al durmiente 

en un territorio ignorado pero seguro,

una salva de sí mismo

y de las cosas que diurnamente lo inquietan y obnubilan.

Mirar ser a un ser dormido,

un humano durmiente, 

es maravilla de paz en un momento tibio 

cuando lo más dulce de esa conciencia 

-ahora librada a su suerte en otro campo-

resplandece en la calma, rezumante. 

Cuando el humano duerme

es una sonrisa que respira.

Por un momento todo vuelve 

a la nobleza original de las cosas

y se acomoda en el sitio inocente 

en que un cervatillo o un perro, 

un canario o un oso

comparten la misma esencia buena.

Cuando el humano duerme 

es un animal secreto.

 


(Imagen: La gitana dormida, de Henri Rosseau)

lunes, 3 de abril de 2023

MARY OLIVER: DOS POEMAS, de "Felicity"





ESA PEQUEÑA BESTIA


Esa pequeña bestia, un poema, piensa por sí misma.

A veces la quiero para suplicar manzanas, pero ella quiere carne roja.

A veces la quiero para pasear en paz por la orilla

y ella quiere quitarse toda la ropa y arrojarse al agua.

A veces quiero emplear palabras pequeñas y convertirlas en importantes 

y ella empieza a gritar el diccionario, las posibilidades.

A veces quiero resumir y dar las gracias, poniendo las cosas en orden 

y ella comienza a bailar por la habitación sobre sus cuatro patas peludas 

y a llamarme estrafalaria.

Pero a veces, cuando pienso en ti, y sin duda sonrío,

se sienta en silencio, el mentón sobre una zarpa, y se limita a escuchar.


*** 

MOMENTOS


Hay momentos que claman cumplirse.

Por ejemplo, decir a otras personas que las amas.

O entregarles tu dinero, todo.

Tu corazón está latiendo, ¿no?

No te han encadenado, ¿verdad?

No hay nada más patético que la prudencia 

cuando el precipitarse puede salvar una vida,

incluso, quizá, la tuya



( de "Felicity", Penguin Press, Nueva York, 2016. Versiones de Jonio González)


(imagen: fotograma de la película "El sacrificio", de Tarkovski)

viernes, 23 de septiembre de 2022

Dos apuntes sobre la intensidad



"Existe un ser que vive dentro de mí como si fuera su casa, y lo es. Se trata de un caballo negro y lustroso que a pesar de ser completamente salvaje —pues nunca vivió en nadie ni jamás le pusieron riendas ni silla— a pesar de ser completamente salvaje tiene por eso mismo una dulzura primera de quien no tiene miedo: come a veces de mi mano. Su hocico es húmedo y fresco. Yo beso su hocico. Cuando yo muera, el caballo negro se quedará sin casa y va a sufrir mucho. A menos que escoja otra casa que no tenga miedo de lo que es al mismo tiempo salvaje y suave. Aviso que él no tiene nombre: basta llamarlo y responde. O no responde, pero una vez llamado con dulzura y autoridad él viene. Si olisquea y siente que un cuerpo es libre, trota sin ruidos y viene. Aviso también que no se debe temer su relincho: una se equivoca y cree que es una la que relincha de placer o de cólera."

( de Revelación de un mundo, Clarice Lispector)        


"no se puede amar sin vértigo/ abandonaría todas mis putas noches de poesía/ para estar abrazada a vos/ hasta que el sol se canse de salir/ el amor es una garrapata que da vida/ una garrapata al revés"

(de Animal sediento, Valentina Nicanoff)

viernes, 24 de junio de 2022

UN ANIMAL QUE CANTA Y SUEÑA/ VIDALA DEL NOMBRADOR, DE JAIME DÁVALOS

https://www.youtube.com/watch?v=fi1nC-kp5Ek


Mucho trabajo tuvieron siempre los que sintieron y pensaron la vida más allá de los imperativos de su tiempo.

Pienso en Fray Bartolomé de las Casas, en cuánto le habrá costado defender como clérigo la posición que defendió respecto de la categoría de seres humanos completos en los nativos indígenas.

Imagino a los hombres que cuando se le negaba del mismo modo a las mujeres esa categoría, nos hayan defendido como tales en voz alta y contundente.

Del mismo modo que los que soñaron en distintas latitudes la libertad de los esclavos, la imposibilidad de adueñarse de la vida de otro ser humano.

Adelantados.

Los blancos que apoyaron a contrapelo la lucha de los negros.

Los que se declararon desertores por negarse a matar a otro ser humano obligados por la ley de la guerra, y se aguantaron el presidio.

Los heterosexuales que en tiempos en que no estaba de moda, levantaban la voz cuando se agredía a alguien por tener otra orientación sexual.

Los que defendieron a los judíos en el holocausto, no siendo judíos, y se solidarizaron públicamente con ellos.

Los que cuidan otras formas de vida, como la de los animales, no sólo los comestibles, sino la de todos los animales.

Esa capacidad humana, netamente humana de extender el horizonte de lo posible a la amistad universal, es inmensa.

Estamos maltratando nuestras posibilidades cada vez que desvalorizamos lo que sí somos capaces de hacer bien por la desproporcionada fuerza del mal.

El taoísmo aconseja agrandar lo bueno en nuestras vidas porque lo malo tiene de por sí un mayor peso específico.

Es muy difícil para todos, ante los hechos que hoy y siempre nos han horrorizado, concentrarnos en todo lo que sí podemos.

Siempre hay una valentía encomiable en quien decide ir contra la corriente, desafiando una de las tendencias más cobardes que tiene el humano, que es moverse en tribu, en manada, en rebaño, juntarse con iguales que no se atreven a disentir estando juntos respecto de lo que supuestamente los mantiene unidos.

Somos más de lo que creemos, siempre.

Hoy, tiempo de violaciones en patota, de guerras ya intolerables a esta altura del partido, de desigualdades sociales más allá de los límites de lo admisible, brindo por los que pueden amar, por los que cuidan la tierra y la trabajan, por los que van más allá de su ombligo de algún modo, creando, dando a luz obras o hijos, cuidando los amores todos que la vida les provee, los que permanecen abiertos a la posibilidad de los milagros y trabajan desde su lugar por ellos, los que se atreven a transformarse a sí mismos, los que llegan para reparan lo que ellos mismos o lo que otros rompieron, los que limpian en el canil las cagadas de perros ajenos, los que se juntan los pedazos y los que juntan los de otros, los que se alegran a viva voz, los que se reúnen para desparramar risa, los que eligen los regalos que van a hacer, los que educan almas sabiendo el dolor de poner límites, los que siempre esperan lo mejor de los demás, los que toman lo que reciben y se dan cuenta, los que tienen una caricia siempre a mano, los que nos tuvieron la fe necesaria, los que miraron en nosotros todo eso que no vimos y nos soñaron mirando al sol corriendo sobre las colinas con alegría cuando eso no parecía posible.

Honremos al animal que nos habita y a lo no animal que también nos habita.

Seamos, como dice Jaime Dávalos, -hermosamente musicalizado por julio Lacarra-,  un animal que canta y sueña. 

( hallado hoy, revisando escritos)


VIDALA DEL NOMBRADOR

De mínimas heridas lastimado

Me voy muriendo a ratos tan ligero

Que me siento lejano y extranjero

Del que ayer fuera alegre y confiado.

Tengo un niño en el alma rezagado

No quiero endurecerme

Ay! No lo quiero 

Ni ser mi padre, 

Ni tener sombrero

Sino ser un cantor enamorado

Quiero permanecer en la tristeza

Y en la angustia de andar como los bichos

Perdido por el mundo de la leña

Llevar como una novia mi pobreza

Y morirme del gusto y del capricho

De ser un animal que canta y sueña.


Jaime Dávalos

sábado, 11 de junio de 2022

LA LOBA




Apareció por primera vez una tarde en que me había sentado en un banco de la plaza. Se acomodó a mi lado y el calor que transmitía parecía el de una hoguera. Me resultó incómodo e intenté correrme, pero me moviera a donde me moviera el calor abrasador iba conmigo. Miré por debajo del asiento y ella estaba ahí, y me observaba con una mirada felina. Era negra. Parecía una pantera y seguía irradiando calor. Traté de meditar unos minutos: yo no conocía esta sensación. Conocía otras muy similares de menor intensidad, pero no ésta. No podía eludirla, y entonces empecé a pensar cómo haría para convivir con esta nueva temperatura.

Lo supe: era la loba. Ya venía vigilándome desde hacía un buen rato. Tuve señales de su presencia. A veces, como ahora, se disfrazaba de pantera o de tigresa, pero era una loba. Salvaje, silvestre, sin ánimo de dañar a nadie. Ella no podía hacer otra cosa que mostrarse, que insinuarse, eso que yo jamás había podido hacer, y me pedía que la alojara dentro mío, que la sacara a pasear desde mis ojos y mis labios, desde mis gestos y mis posturas corporales. Y eso no era lo único que me iba a pedir: me iba a pedir que la escribiera, y también que viviera como ella, que viviera en su piel. 

Me asusté un poco pero no podía resistirme, porque era mucho mayor su embrujo, su poder de persuasión, que mi miedo, que dicho sea de paso ya era algo que ni siquiera venía usando. Me dije que si había podido aceptar al miedo y vencerlo, bien podía aceptar codearme con la loba que vivía desde siempre en mis entrañas y se había decidido tarde a dejar su guarida. 
Yo creo que pocos podrán entender esto que digo, pero sé de lo que hablo; porque la carencia de sensualidad, -esa apertura franca de los pétalos de la flor-, no es algo que excluya que una planta pueda brotar, crecer y reproducirse con placer, ni impide que emita perfumes maravillosos capaces de deleitar y seducir a otros seres. 

Pero la sensualidad es otra cosa: es la conciencia puesta sobre todo el proceso del placer, exacerbando su cualidad sintiente y promoviendo desde adentro la seducción no como artilugio, sino como necesidad de establecer contacto con lo deseado a través de la expresión del propio deseo.
 
Ese día lo supe: la loba estaba en mí y se estaba manifestando con una tremenda intensidad, porque aparecía en mi vida por primera vez. ¿Quién podía imaginarlo? Ni siquiera yo.

Cada una de las cosas que ella me dictaba no hacían más que sorprenderme. Me empezaba a sentir habitando una segunda pubertad, tal vez porque la primera no pude habitarla plenamente. Más bien hice milagros con la pequeña hendija que pude abrir dentro mío cuando mi alma era embestida por las fuerzas de un ejército de monjes armados como cruzados, monjes vírgenes que se subían por las torres de mi corazón y entraban trepando a las almenas, para penetrar como culpa en mis entrañas de niña que se asomaba tímidamente al deseo desde arriba de la torre. 

Hubo que hacer una fuerza tremenda para resistir desde adentro su amputación, y esa fuerza le quitó a mi alma púber la energía que requería para emerger en su totalidad; y la relajación que hubiera necesitado para acicalarse lo suficiente y salir a cachorrear en libertad, fue mermada seriamente por la falta de permisos: férrea, monacal, turbia, implacable.

Hubo que huir para ser. Irse. A otra parte. Construir a machete una pradera ahí donde la herencia marcaba una celda, e inventarse un permiso firmado a pulso poco firme para dejar el cilicio que le habían legado los ancestros todos.

La loba tuvo que esconderse para sobrevivir. Cada vez que se atrevía a aparecer en sueños, aún dentro de ellos era castigada severamente: alguien irrumpía prohibiendo la continuidad de un beso, de una caricia, haciéndola despertar justo antes, o justo ahí. Y la loba entonces se escapaba hacia adentro.

Tan oculta estuvo en la pubertad del alma, que hubo quienes movieron negativamente la cabeza ante la posibilidad de que pudiera no digamos crecer, sino al menos sobrevivir.
Y sin embargo sobrevivió y creció, y se manifestó como una dulce perrita faldera que jamás asomaba los colmillos, aunque a veces atacase sin razón. Pero nunca había salido a cazar.
Supe que estaba cerca su llamado cuando empezó a aparecer en sueños extraños en los que la libertad de su embrujo se dejaba atisbar. Un día, moviendo las caderas en una danza, me di cuenta de que esa no era yo, sino ella que se movía dentro de mí.

Difícil para mí comprender que ella y yo seamos el mismo ser habitando el mismo cuerpo y la misma alma. Por eso la escucho: cuando aúlla, cuando ronronea, cuando gime. 

Mi loba es una cruza con gata en celo, es un animal extraño y atractivo, lo sé, que puede funcionar a altas temperaturas. Digo que lo sé, y me asombro, porque nunca antes lo supe.

Cuando salió a cazar por primera vez ni siquiera era consciente de lo que estaba haciendo, ni sabía que eso se llamaba cazar. Creyó que se trataba de jugar con otro perro, cuando de pronto se dio cuenta de que enfrente tenía un tigre y que ella se estaba volviendo tigresa en medio de una escena que no tuvo tiempo de entender, porque se terminó antes de consumarse.
Después, volvió a su cueva. Era de madrugada ya, y decidió ponerse a ensayar su nueva personalidad, su nuevo rol. 

Empezó a practicar diariamente, y descubrió un enorme potencial en su voz, en su manera de vocalizar esa canción especial que tiene olor a siesta soleada o a madrugada humeante.
Se refregó en las hierbas de la tarde, se maceró en los aromas nocturnos del galán de noche, se perdió en los bosques luminosos y oscuros dejándose humedecer por el contacto con los elementales del bosque, animus de machos cabríos, de lobos de pelaje azulino brillante, o de gatos monteses con ojos alucinados.

La órbita del ensueño la contenía, aunque cada vez que salía a probar suerte en la caza diurna, el ejemplar elegido huía, o no se acercaba lo suficiente.

Ahora tiene hábitos raros, desconocidos para mí: cuando se enciende, por lo general sucede si visita algún lugar que sienta afín a su salvaje estado de calor y sensualidad. Voy descubriendo que le gustan los ambientes excéntricos y bohemios, que la atraen los gestos amables de desconocidos que le regalan palabras de afecto, pero eso no sucede con cualquiera. También puede suceder durante el día, sobre todo si en la siesta la sensibiliza un olor excitante; entonces lo persigue hasta refregarse en la huella que ha dejado ese animal anhelado, que no hace más que convocarla desde algún sitio ignoto al que ella mira cada vez que aúlla.
Y cuando se manifiesta en sueños, siempre es junto a un compañero que logra atraerla, y entonces, al juntarse, sucede el encuentro fértil en gozo, feliz encuentro que ya no se corta a menos que yo me despierte.

Me ha pedido expresamente que la escriba, que la cante, que la baile, que la nombre. Dice que, si escribo lo que desea, esa escritura puede ser mágica. Que no siempre las profecías son temibles, que confíe en que la escritura sea capaz también de crear lo soñado, y lo atraiga con toda la fuerza de la dulzura contenida desde el inicio de los días, ahora con ella como aliada.

Dice la loba que confíe, que la naturaleza silvestre de las cosas necesita el agua mansa de los sueños para parir lo real con la calidez necesaria, con la ternura a punto, con el contacto firme de quien desee estar con nosotras. 

Dice que ahora mi pulso está firme también, que confíe en mi canto. Y yo la obedezco porque a ella le creo.
  


 ***  
(y nada mejor para acompañar este texto con humor, que esta nota, encontrada al buscar imágenes de auténticas lobas)

https://www.debate.com.mx/insolito/Hombre-descubre-que-su-perro-es-una-loba-despues-de-tres-anos-20200215-0191.html



viernes, 27 de mayo de 2022

la animalidad que nos habita


Si vamos a amarnos

si vamos a amarnos intensamente

inventá un colchón de pétalos y hojas

untá con miel cada una de tus palabras y tus reacciones

antes durante y después

Ya que ambos hemos quedado espinosos

bellos rosales que se defienden

al mínimo intento de acceder a la suave dulzura de sus flores,

contémonos con miel nuestras heridas

el sitio exacto en que fuimos lastimados

cómo y cuánto nos duele aún.

Seamos pacientes con eso:

los pétalos hermosos de nuestras flores

el sol que se han tragado

las lunas que han bebido

el néctar del verano y los viajes por las olas marinas

guardémoslos para endulzar de gozo

todo lo que rodee nuestro encuentro.

Una sola espina que se saliera de su lugar

podría originar un marasmo

y saber calmarlo es también un arte.

Hasta que el suelo no esté quieto no hemos de hacer nada.

No podemos siendo seres espinados

darnos el terco y caprichoso lujo de amarnos sobre lava

sobre tierra arrasada

sobre grietas sangrantes.

Toda la quietud del suelo nos será necesaria

para desplegar nuestras alas a pleno

la cálida animalidad que nos habita

Necesitaremos un colchón de ternura

de aguas mansas y caricias lentas 

emocionadas

risueñas

No nos preguntemos qué salió mal

si nos tratamos como tiernas margaritas silvestres

sin historia ni pinchazos

No seamos necios: la verdad nos necesita

unidos y desnudos

acariciando al viejo corazón para volverlo joven

lamiéndolo y curando con cada dedo evanescente

la herida primordial

Hasta que cante

 


sábado, 19 de marzo de 2022

GANSOS SALVAJES, de Mary Oliver



No tienes que ser buena.

No tienes que caminar sobre tus rodillas

y arrepentida durante kilómetros de desierto.

Solo tienes que dejar al suave animal de tu cuerpo

amar lo que ama.

Háblame de tu desesperanza, tuya, y yo te hablaré de la mía.

Mientras, el mundo sigue.

Mientras, el sol y las piedras limpias tras la lluvia

se mueven por los paisajes,

sobre praderas y profundos árboles,

sobre ríos y montañas.

Mientras, los gansos salvajes, altos en el aire azul y limpio,

comienzan su vuelta a casa.

Quienquiera que seas, no importa cuán solitario,

el mundo se ofrece para tu imaginación,

te llama como estos gansos salvajes —severos y 

emocionantes—

una y otra vez anunciando tu lugar

en la familia de las cosas.