Allí donde es mi casa,
-allí donde habite-
debe haber siempre quien reciba
al anciano que baja del colectivo por la puerta de atrás
y quien ayude a la anciana que sube por la de adelante.
En el colectivo en que viaja mi vida
deberá haber quien ponga freno
al colectivero demente que acelera
quien le ceda el asiento a quien lo precise
y quien se anime a pedirlo cuando nadie se de cuenta
de la falta que le hace.
Yo soy la anciana y el anciano
el bebé y su madre, la embarazada y el rengo
y el chofer demente.
Y también el colectivo y el paisaje que recorre.
Soy responsable por el viaje que he emprendido y por la forma de viajar.
La belleza es el nido el paisaje y el recorrido
el ínfimo movimiento de todo lo que vive en mí.
Debo escuchar con atención su canto
y, si alguna vez debiera arrojarme
del colectivo en movimiento, confiar en quienes me reciban,
tanto como en la tierra, y en la belleza
del lugar donde vivo,

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