Visitantes cósmicos de buena voluntad,sean bienvenidos a este lugarcito que albergará poemas, pinturas y toditas cosas que habitan mi alma...


viernes, 1 de mayo de 2026

los gansos locos




Ahí estábamos, sentadas mi amiga y yo en un banco dentro del Ecoparque, ex Jardín Zoológico de la ciudad en que habito, es decir Buenos Aires, cuando aparecieron unos patos sueltos que se pusieron a merodear alrededor de nuestro banco. Pero no eran los únicos, ya que cerquita, en otro banco en donde una familia también descansaba y compartía mate y galletitas, se habían acercado otros dos, con interés manifiesto por ligar alguna migaja apetitosa.

Habíamos sacado un paquete de galletas dulces, que al parecer les resultaban muy tentadoras, lo mismo que las de los vecinos. 

Llevaban un ratito merodeando, cuando empezamos a alejar las carteras, y a achicarnos en el banco, como temiéndolos. Mientras tanto, en el banco vecino, la nena había entrado en tamaño susto. Se había retirado, y se escondía tras un árbol con una piedra en la manito, y cada vez que alguno se acercaba un poco, su familia intentaba inútilmente calmarla. 

Alguna vez me persiguió un ganso y me picoteó. Los gansos tienen fama de medio chiflados y agresivos, una fama diría yo que bien ganada; pero estos no eran gansos, sino patos oscuros, con unas crestas que darían que hablar por lo extrañas y coloridas.

De pronto me pregunté a qué tanto susto, y empecé a aflojar mi posición corporal. Mi amiga, por su parte, decidió algo parecido, porque comenzó a tirarles algo de comida, pedacitos de galletas que ellos recibieron de mil amores; y si bien había que reconocer que su insistencia resultaba un poco molesta, no merecían en absoluto nuestro temor ni ninguna clase de agresividad por nuestra parte.

Me pregunté qué tal nosotros, bichos urbanos, temerosos a punto de atacar a cualquiera por las dudas. Pensé en nuestra vida urbana, que hace rato no huele aires demasiado buenos. Todo parece molestarnos, resultarnos amenazante, hostil; en cada prójimo vemos primero la imagen de un ganso loco, y sin tiempo para pensar nada, agarramos una piedra y la arrojamos por las dudas. Una piedra de palabras o de gestos, lo mismo da, pero una piedra al fin, de sospechas, de temores no avalados por la realidad, una realidad que no nos tomamos con demasiado interés, al menos con el necesario para observarla atentamente.

La lentitud no está de moda. Todo debe ser rápido, y alguien dijo que no hay mejor defensa que un buen ataque.

Entonces, en nuestra animalidad paradojal, en vez de honrar la posibilidad de la pregunta y la espera de la respuesta, elegimos la impaciente ansiedad de una racionalidad que hace rato dejó de ser la que honraran los intelectuales del siglo de las luces, para tornarse la loca de la casa, un mono con navaja suelto en nuestro interior, que corre a degüello.

Los patos comieron, y volvieron a su remoto lugar. Nosotras hicimos lo mismo que ellos.

En estos momentos, no es el planeta quien se debate por su continuidad, sino nosotros. El planeta sabrá qué hacer con el caos, ya otras veces lo ha hecho. Nosotros, desplazados de nuestra arrogancia a los sopapos, deberemos tratar de entender qué hacemos con nuestra extraña animalidad. Resulta muy pero muy fácil descreer de la especie, digo de la especie humana, declararnos mala gente. Pero esa hipótesis a mí no me convence, y creo que colabora con nuestro auto exterminio, porque si poco o nada valemos, a qué defender nuestra existencia.

Pobrecitos! nos hacemos un lío terrible con esa libertad otorgada por los dioses, pero sin embargo cantamos, acariciamos, cuidamos de otros seres y de otras especies, hemos desarrollado el arte de curar entre otras artes nobles. Creo que ese centauro que apunta la flecha hacia el cosmos, con su corporalidad mixta guiada por el espíritu hacia las alturas, ese animal poético, existe en nosotros. 

Muchos han intentado y siguen intentando honrarlo. Tratemos de encontrar entre todos un destino mejor para esa flecha de la que somos responsables. Y por qué no, tratémoslo bien. A lo mejor sólo espera algunas miguitas dulces de nuestra parte.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario