Visitantes cósmicos de buena voluntad,sean bienvenidos a este lugarcito que albergará poemas, pinturas y toditas cosas que habitan mi alma...


lunes, 7 de septiembre de 2026

hay días ...


Hay días en que 

estamos felices:

dijimos la palabra justa

La palabra 

que hizo justicia al amor 

que hizo bien a nuestra lengua 

que hizo bien.

Otros días, solamente 

repetimos verdades 

de perogrullo y demás autores 

Y aun a costo de quedarnos apenados 

nos permitimos incluso

hacer un pequeño mal

Pero: ¿Quién sabe 

lo que es bueno y lo que es malo?

Hartos de ser la lección del otro 

en donde queríamos que se nos amara 

Hartos de que el otro sea nuestra lección 

cuando queríamos amarlo

Renunciamos, -no obstante y por fin-

a maniobrar el camino a nuestro gusto 

Nos rendimos

Aflojamos los brazos junto al cuerpo

Y al mirar para arriba 

sentimos que el futuro era el viento 

entre las lanudas patas de un lobo quieto 

que respiraba el fresco del instante 

Y esa entrega resultó tan sexy como un ala 

como pluma en el sombrero del pobre

como elegía en los labios de una mujer que ama

o una anciana que lame sus propios labios... 

Y sonreímos como un niño feliz

O un hombre enamorado 

¿Quién sabe lo que es malo y lo que es bueno? 

Si el que quiere saber más de lo que necesita 

deja de sentir olor a pan 

cada vez que la verdad 

sale del horno

C. B. 

jueves, 2 de julio de 2026

GRACIAS al blog de poesía "LAS FLORES ROTAS"

 https://lasfloresrotas.blogspot.com/.../entrevista..





Agradezco de todísimo corazón esta entrevista que me concedió Las flores rotas, hermoso blog de poesía, artes y entrevistas literarias que lleva adelante Francisco Camps, honor que, además, toma un valor extra porque su creador es venezolano y vive en la zona afectada. 

GRACIAS!!!





https://lasfloresrotas.blogspot.com/2026/04/dos-poemas-de-claudia-bakun.html


sábado, 27 de junio de 2026

Mirando una hoja seca



Me comprometí internamente con la propuesta de Lucrecia Martel, de escribir para hacer suceder las cosas que deseamos. Ella la nombró de forma diferente, pero se trata de la misma causa. Y ayer, mientras caminaba por las veredas de un barrio no demasiado concurrido, pude darme el raro lujo de caminar sobre hojas secas. Las miré, ahí, amontonadas en ese colchón único, y pensé en la diferencia entre ver una hoja seca como mero residuo o como parte del paisaje, del espectáculo de la naturaleza. Creo que en esa metáfora cabe mucho de lo que nos pasa. 

Se nos ha acostumbrado a mirar la vida y todo lo que ocurre sólo desde el lado billetera, y ni qué decir del lado billetera de la felicidad. La ilusión vendida es inmensa, y cuando cae, como caen las hojas caducas, la quiebra es profunda. Pero lo que entra en default es el alma, por falta de cultivo apropiado.

No propongo vivir a pan y agua, ni menos aún consentir a los gobiernos que  nos hambrean, pero nunca un gobierno fue bueno o malo sólo por lo que hizo o no con su economía. Si no, miremos a Adolfito. Aunque pretendan convencernos de lo contrario, en una política económica entran otros muchos valores que determinan el rumbo de la embarcación. Y si el rumbo es bello, es mucho más probable que detrás de las imágenes del naufragio haya algo de qué agarrarse. 

Lo que quiero decir es que la usura, ésa, la gran usura de los super ultra poderosos y billonarios también se sostiene en la admiración secreta de quienes aprendieron un solo modo de entender una vida valiosa. Y, para mí, ésa es una de las primeras lecciones que se nos debería enseñar: descubrir qué es y qué no es basura en una vida cualquiera. De eso depende lo que juntemos y lo que tiremos, es decir, que en nuestra peculiar economía del alma habrá cosas que celebrar o lamentar según el valor que les demos. Así, ampliando exponencialmente la imagen, tenemos al planeta, que es mirado por esos billonarios como un mero instrumento, sin belleza, sin posibilidad de ser disfrutado de algún modo, y lo único que son capaces de hacer es destruirlo para convertirlo en mercancía. No importa si glaciares, árboles, flora y fauna nativas, no importa si montañas, ríos y mares, ni tampoco importa si personas, ancianos, jóvenes o niños. La mercancía es en realidad la gran metáfora de la imposibilidad de gozar y vivir la vida, una imposibilidad que requiere mucho alimento chatarra, es decir mucha práctica de la destrucción, para convertirla  a su vez en mucho dinero, y mucha ostentación absurda, en un despliegue megalómano e inútil del ego humano.

Nietzche decía "valorar es crear". Encontrar el valor de una hoja seca a tiempo. Y cuando digo valor, digo instantes de contemplación o de jugar con sus extraños sonidos crujientes. Y cuando digo, "a tiempo", digo vivir sin haber malogrado amores tras una fama y una fortuna malgastadas, para finalmente morir pronunciando la única palabra que designaba lo importante: Rosebud. Nuevamente el pequeño mundo del ciudadano Kane atado a ese instante feliz de su infancia, carente de lujos mundanos.

Una hoja seca, una pequeña metáfora sobre tan solo algunas cosas sobre las que sí tenemos potestad para elegir. Como también la posibilidad de elegir qué libertad es la que vamos a hacer crecer dentro de nuestra alma, y en nuestra vida  personal y compartida.

miércoles, 17 de junio de 2026

EL CRIMEN FERPECTO


Escribir 

como una venganza perfecta

Como un estilete

clavándose en la carne inmóvil y trémula

-por utilizar palabras explícitamente dramáticas

y un tanto criminales-

del victimario

que nos dejó tendidos en el suelo

destrozados 

atónitos

heridos

por el uso esdrújulo

de una palabra no poética

-no metáfora

no ánfora-

Sólo lápida


*

Escribir

peyorativamente

atrozmente

dementemente

para sacarnos de la carne la astilla

la bala

Aunque sangre

aunque no sirva para cicatrizar nada

en apariencia

más que para revivir el dolor

Y que la masa sangrienta se ponga a respirar

como un frankestein

y diga

“YO”

Y nos sobreviva

en el mejor de los casos


Escribir sin que la carne se entere

sólo para darle motivos

al vil y horrible victimario 

de considerarnos gente realmente peligrosa

enferma

retorcida

resentida

Re- escribir para quedarnos 

salvajemente solos

sin que nadie nos mire el placer 

de comer una mora

y teñirnos los labios

de dulzura

no humana

Escribir para sacarle los dientes

al victimario ese

y morderle desde las letras

sólo el alma.



sábado, 13 de junio de 2026

Yo creía y creía y temblaba y temblaba




Yo creía y creía y temblaba y temblaba

Pero tenía un lado que se caía siempre

Y caía y caía el lado oscuro

Cuando nadie esperaba más que el amor viniendo de mi mano

Yo me desmoronaba

Imprevistamente

Entre la fe y el estupor de mis amigos

Yo me derribaba por donde nadie hubiera sospechado.


Ya no es así.


Mas

Si yo no hubiera tenido ese lado que caía

no hubiese podido comprender lo que nombran los abismos,

ese lenguaje por fuera de lo habitual.

Y donde otros ven una frontera

yo pude ver la hendija de Rumi,

esa fisura de lo herido

por donde entra la luz.


C.B. 

viernes, 8 de mayo de 2026

EL PROBADOR DE TITO



EL PROBADOR DE TITO

La primera vez que asistí a la tienda de Tito, quedé perplejo. 
Su famoso probador era algo casi inimaginable, pero estaba ahí.
Me dijo: “¡pasá!” y así lo hice, pasé. Adentro, como si fuera un perchero, estaba desplegada la biblioteca. Sólo era cuestión de tomar uno de los muchos libros disponibles ese día
-¡Asegurate de que te quede bien! me dijo desde la puerta cuando me vio irme con un ejemplar de la Odisea en la mano.
Así quedó inaugurado un ciclo de visitas memorables a su tienda, un rincón casi secreto en medio de nuestra ciudad.
El problema se presentó por primera vez la noche en que fui de urgencia.
Tito se había levantado de la cama en pijama, todo despeinado y después de decirme con un gesto que lo esperara, bajó raudamente. 
Ahí traté de explicarle que, de golpe, se me habían acabado todas las respuestas disponibles para convivir con quien era entonces. Tito se rascó la cabeza, y después de recorrer los cuatro probadores que había, salió de uno de ellos con un libro para darme. Lo llevé y lo leí ávida y minuciosamente, y al devolvérselo le dije que casi no me había hecho efecto.
Y entonces fue cuando me dijo, con los ojos iluminados, que en realidad cada libro era un medicamento, un brebaje, pócima o como yo quisiera considerarlo, pero siempre dentro del ámbito curativo; que él se sentía un farmacéutico sin título, un boticario, y que cada libro que me llevara de ahí en más, tenía que ser tomado con la misma rigurosidad que un remedio.
Me fui entonces con otro. Pero tampoco me hizo efecto.
-¿Cuántas veces? me preguntó
-¿Cuántas veces, qué?
-¡Cuántas veces lo leíste!
-Una
-¡Es poco, hombre! Tenés que leerlo hasta que te haga efecto, me dijo.
Así que volví a llevar el libro y volví con retorcijones.
-Se ve que este no es, tomá este otro.
Y así estuvimos, hasta que un día, al llegar, me recibió con una cara de felicidad inaudita.
-Tengo el libro justo para vos, Tomás, me dijo.
Y ahí me pasó uno que estaba muy manoseado y subrayado.
Cuando lo traje de vuelta, me asustó pensar en qué me diría cuando le dijera que tampoco me había servido.
-Es que vos, Tomás, usás los libros como si fueran cosméticos o alhajas. No sé, pero parece que fueras uno de esos tipos que andan por ahí ostentando lo que leyeron, y no, m’hijo, los libros no nacieron para bijouterie, ni fina, ni berreta. ¡Los libros son medicina! Y la medicina se bebe, se mastica, se digiere, se traga, o como prefieras pensarlo, pero se incorpora. Llega un punto en que ya son parte de nuestra anatomía y de nuestra alma, de nuestro modo de vivir. Pero si no te los comés, no pasa nada.
Así que desde entonces inauguré una biblioteca invisible: la que estaba hecha de todos los libros y partes de libros que me había comido. Las tapas las tiraba, así que no quedaban rastros. Empezó a crecerme el pelo de un color verdecido que nunca había tenido, los ojos cambiaron su expresión y de pronto me di cuenta de que caminaba más erguido por las calles y la gente me saludaba con mucha cordialidad.
-¿Será Machado? Me preguntó Tito
-No, yo creo que es Marechal.
-Bueno, debe ser por la M, entonces.
Los dos nos reímos un rato, pero no porque le quitáramos veracidad a lo dicho.
Seguí intentando con distintas medicinas, lo cual requirió tiempo y una diversidad de lecturas muy interesante… mucha poesía, algo de novela y ensayos.
Un día tito me ofreció uno de Dostoievsky.
Y le contesté que mejor no, que ese no.
No entendió nada, y como se fue con cara de compungido, le tuve que explicar. Yo no podía soportar que mi querido amigo se pusiera así de mal.
Y entonces le revelé mi secreto:
-es que ese me lo contaba mi tía Julia cuando era un adolescente, y es tan hermoso el recuerdo de esas tardes en que al irla a visitar ella me iba narrando la historia con sus ojitos soñadores, que no querría cambiar por ninguna otra esa percepción que acompaña mis días.
A Tito se le llenaron de lágrimas los ojos, y me dijo:
-Acabás de crearte un poema : estás curado: ese libro ya lo tenés incorporado como alimento. 
De hoy en más será así para siempre.
Y mientras cerraba las cortinas del boliche y se ponía el saco, me decía: vamos, te invito a un café.
C. B.

¿qué pasa, doctor?


 - Doctor: dice like y no entiendo el inglés

Me perdí, no sé si estoy en Instagram o en facebook 

No encuentro el último me gusta que buscaba 

Hay tres invitaciones en mi e mail , y dos son a contar cómo fue mi experiencia en farmacity

La tercera es de un banco en que no robé nada  y creo que necesitan saber cómo me sentí 

Escuché que el presidente de un país en que nací alentaba a un señor que se llama Manuel 

Me confundí, doctor, creí que era Serrat y me puse a aplaudir 

Ya no puedo distinguir esos raros peinados nuevos 

Mi vista no es buena vista social 

No encuentra club 

Me he desarraigado ahora que cada vez que digo "meta", nadie entiende 

que nombro un modo de ser de tierra  adentro 

un lugar ignoto y cálido aún, 

que se  extiende meta mate y bizcocho 

Pero hoy Meta es el nombre de una mina artificial 

que se emborracha para sentirse inteligente 

se chupa toda el agua 

y se empilcha 

para una selfie de la NASA 

Y el doctor dijo: Desmonte 

No coma 

Y punto 


C.B. 


(imagen tomada dela web)

viernes, 1 de mayo de 2026

los gansos locos




Ahí estábamos, sentadas mi amiga y yo en un banco dentro del Ecoparque, ex Jardín Zoológico de la ciudad en que habito, -es decir, Buenos Aires-, cuando aparecieron unos patos sueltos que se pusieron a merodear alrededor de nuestro banco. No eran los únicos, ya que, cerquita, en otro banco en donde una familia también descansaba y compartía mate y galletas, se habían acercado otros dos, con interés manifiesto por ligar alguna migaja apetitosa.

Habíamos sacado un paquete de galletas dulces, que al parecer les resultaban muy tentadoras, lo mismo que las de los vecinos. 

Llevaban un ratito merodeando, cuando empezamos a alejar las carteras y a achicarnos en el asiento, como temiéndolos. Mientras tanto, en el banco vecino, la nena había entrado en tamaño susto. Se había escondido tras un árbol con una piedra en la manito, y cada vez que alguno se acercaba un poco, su familia intentaba inútilmente calmarla. 

Alguna vez me persiguió un ganso y me picoteó. Los gansos tienen fama de medio chiflados y agresivos, una fama diría yo que bien ganada; pero estos no eran gansos, sino patos oscuros, con unas crestas que darían que hablar por lo extrañas y coloridas.

De pronto me pregunté a cuenta de qué tanto susto, y empecé a aflojar mi posición corporal. Mi amiga, por su parte, decidió algo parecido, porque comenzó a tirarles algo de comida, pedacitos de galletas que ellos recibieron de mil amores; y si bien había que reconocer que su insistencia resultaba un poco molesta, no merecían en absoluto nuestro temor ni ninguna clase de agresividad por nuestra parte.

Me pregunté qué tal nosotros, bichos urbanos, temerosos a punto de atacar a cualquiera por las dudas. Pensé en nuestra vida urbana, que hace rato no huele aires demasiado buenos. Todo parece molestarnos, resultarnos amenazante, hostil; en cada prójimo vemos primero la imagen de un ganso loco, y sin tiempo para pensar nada, agarramos una piedra y la arrojamos por las dudas. Una piedra de palabras o de gestos, lo mismo da, pero una piedra al fin, de sospechas, de temores no avalados por la realidad, una realidad que no nos tomamos con demasiado interés, al menos con el necesario para observarla atentamente.

La lentitud no está de moda. Todo debe ser rápido, y alguien dijo que no hay mejor defensa que un buen ataque.

Entonces, en nuestra animalidad paradojal, en vez de honrar la posibilidad de la pregunta y la espera de la respuesta, elegimos la impaciente ansiedad de una racionalidad que hace rato dejó de ser la que honraran los intelectuales del siglo de las luces, para tornarse la loca de la casa, un mono con navaja suelto en nuestro interior, que corre a degüello.

Los patos comieron, y volvieron a su remoto lugar. Nosotras hicimos lo mismo que ellos.

En estos momentos, no es el planeta quien se debate por su continuidad, sino nosotros. El planeta sabrá qué hacer con el caos, ya otras veces lo ha hecho. Nosotros, desplazados de nuestra arrogancia a los sopapos, deberemos tratar de entender qué hacemos con nuestra extraña animalidad. Resulta muy pero muy fácil descreer de la especie, digo de la especie humana, declararnos mala gente. Pero esa hipótesis a mí no me convence, y creo que colabora con nuestro auto exterminio, porque si poco o nada valemos, para qué defender nuestra existencia.

Pobrecitos! nos hacemos un lío terrible con esa libertad otorgada por los dioses, pero sin embargo cantamos, acariciamos, cuidamos de otros seres y de otras especies, hemos desarrollado el arte de curar entre otras artes nobles. Creo que ese centauro que apunta la flecha hacia el cosmos, con su corporalidad mixta guiada por el espíritu hacia las alturas, ese animal poético, existe en nosotros. 

Muchos han intentado y siguen intentando honrarlo. Tratemos de encontrar entre todos un destino mejor para esa flecha de la que somos responsables. Y por qué no, tratémoslo bien. A lo mejor sólo espera algunas miguitas dulces de nuestra parte.

martes, 17 de marzo de 2026

8M: Lucrecia Martel, Isabel Coixet, y un mundo deseable



...me había despertado por demás dolorida, además de dolerme todo y la realidad, -digo, todo de mí y la realidad fuera de mí-,  cuando vi los primeros posteos del despertar en mi facebook, algunos muy interesantes: distintos enfoques del 8M y un par de cosas a las que adhiero en cuanto a nuestro fanatismo sobre el fútbol y la pelota manchada frente a la que no se manchaba y esas cosas... Y cuando quise ponerme a escribir sobre todo eso,  me encontré con una gran fatiga, una fiaca inmensa, tremenda, de continuar indagando en lo problemático del mundo actual. Y no porque renuncie a hacerlo, sino más bien porque me duele, -como a tantos de nosotros- ,  la realidad nuestra de cada día, que si parafraseara a Pema Chödrön, diría que se halla en el  instante justo en que, se mire por donde se mire, es un espanto. Ella caracteriza ese momento en la vida del ser humano como la posibilidad por excelencia de un despertar; el instante en que el espejo se niega a mostrarnos una mejor imagen de nosotros mismos, y en que nosotros hacemos coherencia con el espejo, negándonos a inventar el mejor ángulo de aquello que llegó hace rato a su punto del horror.

Leí algo de budismo explícito en una página muy buena, y eso ya me había animado un poco, cuando al rato una amiga me pasó un videito de Lucrecia Martel en donde, después de explicar cómo el cine se había encargado de profetizar nuestras actuales desgracias, propone empezar a hacer otra cosa. ¿Qué cosa? Empezar a crear tomando como punto de partida lo que que queremos ser como humanidad. Imaginar algo así como una "Topía", un futuro deseable, para hacerlo posible a través de esa especie de profecía que implica la creación artística. Me pareció una idea grandiosa, y le conté a mi amiga que iba a tratar de ponerlo en práctica conscientemente de hoy en más.

No obstante, durante casi todo el día no hice otra cosa que lidiar con mi cuerpo y con mi alma. Por un lado, los dolores de unas articulaciones que acusan recibo de cualquier pequeño esfuerzo como si se  hubiera tratado de escalar el Himalaya, y que, tras mi última aventura quirúrgica, esperan el visto bueno acerca del estado de mi rodilla post artroscopía. Pero el dolor corporal no quiso limitarse a sus confines, y entonces se le dio por ponerse a repasar el debe y el haber de mis soledades de Babel, de mis amores y desamores explicables e inexplicables, hermosos y trágicos, y de la compañía sempiterna de esa acuosa sensación de emoción por todo lo vivo, que últimamente está demasiado empapada de tristeza; de los deseos que parecen demorarse demasiado en en algún umbral,  y un etcétera no demasiado luminoso... Y por más que mi conciencia sintiente de semi budista en preparatoria, tratara infructuosamente de anoticiarme a cada minuto del sol que entraba por mi ventana, siguió imponiéndose sobre ella la parte de los dedos de mi mano derecha que ya no funcan como antes de operarme, y mi posibilidad de hacer sinapsis , que no es la de hace treinta años, cuando pude haber decidido tener un piano propio, insistiendo en recordar también , -como si esto fuera poco-, cuestiones tales como que el resto de mi corporalidad se empiece a arrugar de a poco por donde otrora era lisa, o lo bonita que yo era cuando no me daba cuenta,  y la inconveniencia de recordar que si llego a los ochenta me encontraré hermosísima en donde hoy me veo fea. 

Traté de respirar, de aflojarme, y nada. Traté de hacer tonglen, -esa meditación específica para este tipo de momentos, en la que nos sentimos parte de una humanidad tanto o muchísimo más dolida que nosotros y de la que formamos parte-, pero nada resultó eficaz. Mis endorfinas recién empezaron a acariciarme ya entrada la noche, al rato de ponerme a pulir unos escritos, soñando con los libros que editaré en algún futuro que me empecino en imaginar cercano.

En eso estaba cuando de pronto me dio hambre, y decidí acompañar mi sobremesa con una buena película. Así que le metí a ok.ru. y encaré 'Tres adioses', la nueva película de Isabel Coixet.

Si había un empujoncito que le faltara a la decisión de dejar de lloriquear por esos rincones sombríos, todo eso lo logró la película de la Coixet,  una de mis más queridas directoras de cine, quien seguro tendrá de qué arrepentirse, pero también de qué enorgullecerse, y sin duda esta obra entra de cuerpo entero en el segundo grupo. Con ese ligero eco de "La vida sin mí", pero unas vueltas de tuerca que los resucitados entendemos, se me fueron al corno los lamentos, y re descubrí esas verdades que aparecen en la hora de los patíbulos, pero que suelen olvidarse en las calmas chichas y , -menos explicable aún-, en las horas más dichosas. 

Eso que sabemos los resucitados, los que alguna vez tuvimos el coraje de mirar al monstruo del espejo sin vergüenza ni asco y meterle a la vida un giro copernicano, es que no alcanza con que otro te prepare la comida con amor, porque el manjar empieza cuando podés sentirlo en tu boca y mejor aún si lo fabricaste con tus propias manos. Que gozamos de una impermanencia tan maravillosa como para usarla a nuestro favor soltando la puta queja de una vez y para siempre veinticuatro veces al día y trescientos sesenta y cinco días cada año. Que el filo de la muerte afina los sentidos, y que poder mirar el cielo y el vuelo de los pájaros como si fuera por primera vez es algo inmenso. Que el año sabático ya empezó, que no podemos estar seguros  acerca de en qué puto sitio nos agarrará la parca como para perdernos media puesta de sol, o un soplo de brisa. Y que aunque el colapso climático prometa que nos derretiremos muy pronto, nada será menos aconsejable que dejar de disfrutar del sol preventivamente. 

Y aunque todo esto, ahora que lo escribo, me suena a imperativo,- en tiempos de demasiados imperativos sobre la pretensión de 'ser felices 24/7'-, abandonar de a poco pero con firmeza nuestras inercias sería todo un detalle, así como abandonar del mismo modo las grandes urbes, todo lo cual parece señalar una buena ruta  hacia sitios más iluminados del cosmos y del alma. 

Que ya es hora de dejar de apostar la sangre a la tenencia inagotable de bienes raíces, para permitir que las raíces se nutran de lo que las alimenta, y que nos nutrimos cada vez que cuidamos de los pichones humanos que vamos encontrando en el camino. O cada vez que nos animamos a besar en la boca, alegrándonos con la misma simpleza de sólo saber que ese ser está hoy en este mundo. 

Que los humanos no nos olvidemos de que también somos buenos. Y de que parte de nuestra gracia en la gran Creación, tiene que ver con lo que nosotros somos capaces de crear. 

Así que hoy profetizo en mi mundillo personal una humanidad que sobreviva al horror, para disfrutar el misterio de por qué danzan los estorninos, y encontrar en aquello que ama, una pequeña pero auténtica respuesta.




https://www.instagram.com/reels/DUwsZhfDWd4/

La cineasta Lucrecia Martel habla de imaginar un futuro próspero, para que no nos roben el poder de imaginar.

El espíritu se alza hacia la poesía




El espíritu se alza hacia la poesía 

y la poesía viene 

Pero también viene si se la llama 

desde lo oscuro 

si se le ofrece la llave de la propia casa 

si se la advierte reptando en tierra fértil 

como lombriz, o como serpiente mayor 

que erguida ante una pena 

la consume 


A ella se la invita a cenar 

a jugar o a comer 

a solas, con amigos 

o a tomar mate mientras se abona la esperanza 

con yerba bosteada 

O mientras, - mirando al sol 

como el gaucho Moreira-, 

uno muere o se le da acaso 

por nacer 


Invisible, pero presente al vuelo 

como una mariposa 

pronta a venir, 

anda entre dos que al hacerse el amor

se miran a la cara y uno dice:

¡Qué linda que sos!

aunque se lo coma el lobo la séptima noche 

de un año cualquiera 


Ella viene también, aunque no se la invite.

Tal vez nos convide una taza de leche,

la esperanza, la vida 

o la sonrisa que como ángel nos guarda

Ella está ahí.


Escucho su susurro entre las ruinas del mundo.



(imagen:  pintura de Jeanie Tomanek)



jueves, 26 de febrero de 2026

MÁXIMAS MÍNIMAS PARA UN HIJO QUE CRECE DESCONSIDERADAMENTE



- Que te sume. Que no te vaya a restar. Lo tuyo es tuyo y lo mío es mío. Ese es tu problema. Este es mi problema. Si coincidimos, bien. Si no, buena vida social club. Arrivederchi. Vermú con papas fritas. Pero si además querés que te consideren buena gente, que no se note demasiado que tenés una ética de fondo mercantilista. Trabajá con honorarios institucionales un poquito, nomás, pero no dejes de comprar dólares, aumentar los aranceles según los estándares, porque no vas a regalar tu trabajo.  Defendé lo público, pero elegí lo mejor para los tuyos, que siempre se paga caro, porque si no, no vale. No te involucres profundamente más que con los sumamente íntimos, y, a veces, ni siquiera. Si algo te supera, no te molestes en aclarar nada: no contestes, desaparecé, pero inventate una buena excusa para no quedar mal con tu conciencia. Siempre la elegancia por sobre la autenticidad, y la productividad y el éxito por sobre las verdades del corazón. Cuando hables o escuches, siempre escudriñá las jugadas, como si tu vida fuera un tablero de ajedrez y cada uno que llega, un estafador potencial. No abras demasiado la puerta de tu alma: desconfiá, repartí, poné cada cosa en el sitio exacto y cada amor en el anaquel correcto, incluyendo grado de parentesco y tareas acordes y proporcionales, no te vayas a exceder. Sé un buen inversor en el mercado afectivo. No gesticules ni pierdas el control. No saques a pasear la pasión fuera de horario. Conformate con tener. Ser es otra cosa. Nunca digas ni pienses ni mucho menos sientas que lo que sucede te importa o no, te gusta o no. Sólo debe interesarte si suma o resta. Recordalo. Esa es la lógica del mundo, hijo mío.

- No me gusta.



miércoles, 25 de febrero de 2026

el panadero al sol


el panadero 

regado de sol 

sube lentamente

a la copa del árbol

Recorro con la mirada

su viaje continuo y lento

más lento que todo lo que lo rodea

más lento que todo lo que sucede en la plaza

Iluminado sube

y sigue su rumbo

más allá

más lejos aún

Ya ha llegado más alto 

que el árbol más alto de la plaza

más lento que todo

sin pausa en la brisa

sin prisa 

el panadero al sol






domingo, 1 de febrero de 2026

un poema de terror




no hay un atisbo de luz en el sol lento de la plaza

llegó el horror en forma de pelea intempestiva

la gente se arracima alrededor de la víctima o victimaria, -no se sabe-

la loca que irrumpe sujetando a la criatura 

como si se la quisieran usurpar

El sol del domingo camina lento por la pared

como una araña peligrosa, peluda

y mi perra ataca por primera vez a la perra de una señora

que tiene un bozal color rosa bebé

Sin embargo, y aunque nadie ha mordido a nadie aquí,

en el aire se huele el conflicto

Todo espacio es angosto, todo ruido, molesto, 

toda proximidad exasperante

como en la estrecha góndola del supermercado

cuando la mano se estira para agarrar lo que está arriba y no llega

como en el pasillo estrecho del colectivo

en que la mano se estira para agarrarse de lo que está arriba y no llega

El mundo es un hombre sentado con las piernas abiertas a sus anchas

en el mismo asiento que uno

y uno es apenas un inocente amurallado en la impotencia de hablar

de decirle

que por favor haga lugar

Tengo los ojos ardidos de sol de una playa que nadie visita

a las dos de la tarde de un día destemplado

en la lentitud inacabable de este domingo

Tengo los ojos lastimados por la arena inexistente del ojo seco

En vez de cordillera hay una muralla de seres humanos

todos enojados, ataviados 

con traje y pelucas de colores

Que juzgan a otros que están en medio del mar, entre las olas

pidiendo ayuda desesperadamente

¡Que nadie se salve! Ordena el tribunal

La gente sueña pesadillas y despierta pesada

Alguien ha besado en los labios al hombre de traje, peluca y bastón

y no sintió nada

No sentir es un sueño peligroso

El sol se desbarranca en esta plaza de domingo

No hay lunes salvador para este poema

Y sin embargo amanece 

y no es poco que amanezca también todo aquello

que nunca será poco


*** 

Los ojos profundamente irritados

áridos

en pantallas azules

poco recomendables

poco habitables

Hay que salir de las ciudades!

Hay que meditar!

Hay que dialogar con el miedo!

Hay que decir NO al imperativo categórico!- va gritando por la calle un señor

con un manual en la mano 

La locura es un material clasificable porque siempre pertenece a otros

al que se pasea en calzones por la terraza 

a la que anda suelta en el andén 

La locura está preocupante como el calor

y penetra por cualquier hendija de la vida

-¡Ya todos estamos siquiátricos! exclama por la tele

una señora de bien 

Dice que se nos perdieron las fronteras

Alguien barrió de más y arrancó las plantas

No nos quedan raíces

El incendio viene desde el norte

los glaciares del sur se nos derriten

y nos asustamos de que nuestras pesadillas sean tan parecidas a la realidad

Hay que hacer hidroponia con la poesía

mecer una cuna repleta de vegetales

para que la pacha se amigue con nosotros

No rompernos! Sobre todo, no rompernos entre nosotros

La caricia es el único truco que no comprende ningún mago de las sombras

Bajo una pantalla hecha añicos brota el agua

como un surtidor potente y anhelado

que llega a mojar a las estrellas


C. B.

(Imagen: Mandala creado por mi amiga, la artista Danira Del Pino)

martes, 27 de enero de 2026

Que me perdone el nardo

Que me perdone el nardo, decía yo en un verso casi inentendible, de muchos entonces antiguos. Ahora, al mirar esta vara de nardo que compré ayer, de un color rosado que nunca antes había visto, y al acercarme para sentir su olor, me doy cuenta de lo que ese antiguo verso quiso decirme: que me perdone el nardo no poder consagrarme por completo a su dulzura, a que mi vida sólo pudiera dar fe de esa alegría inefable de oler, danzar y sonreír con todo el cuerpo. Que me perdone el nardo no poder hacer un himno con su elixir , una consagración laica de la primavera, sin tener que dilatar innecesariamente los tiempos del dolor. Hoy lo huelo con emoción, y la pregunta que dejé abierta me la respondo con esta alegría agujereada para que entre y salga la impermanencia , que me permite vivir a cada paso, una vez más.



sábado, 27 de diciembre de 2025

REGALITOS/ con Poema de Luis Pescetti de regalo

Íbamos con mamá cada primer sábado del mes, o sea, después de haber cobrado su sueldo, a la Galería Santa Fe, a elegir  no sólo ropa, sino también adornitos, cosas lindas, regalitos en definitiva... porque siempre, siempre tenían su posible destinatario.

Eso y otras tantas cosas aprendí de mamá: aprendí el disfrute de dar, nada menos. Y no sólo de ella, sino también de las tías y el tío, el disfrute de dar y recibir cariño, y sobre todo, abrazos.

Cosas que nos ayudan  a vivir...

Después descubrí otros regalitos que me hizo mamá, como por ejemplo aprender (yo lo tuve que aprender, creo que ella no lo necesitó) a perder el miedo al ridículo, practicar la espontaneidad, fabricarse una buena risa para festejar las cosas y las ocurrencias, y tanto descubrí gracias a su manera de vivir, que pude ver regalos donde no los veía antes, no sólo observando su vida, sino LA vida, las vidas de todos, también la mía.

Descubrí, o reafirmé, que la razón de ser de los regalos está en el deseo de hacer feliz a alguien a quien se quiere. En ese sentido, importa tres belines el costo económico del mismo. 

Lo que deseamos es ser queridos y sentirlo, registrarlo... como cuando éramos profes de primaria y los nenes nos regalaban cartitas improvisadas, con una flor, un corazón y un te quiero mucho. Lo que deseamos es que nos quede claro el amor del otro. Al dar, haremos lo mismo: dar por el puro júbilo de hacerlo.

Hay quien puede ver y quien no, hay quien puede recibir y quien no, todos acaso hayamos estado alguna vez en ambos lugares...

Sin embargo uno en algún momento se aviva: para cuando uno se aviva, todo lo que es regalo empieza a ser leído y tomado como regalo: la presencia, una mano en la nuestra, un "contá conmigo", un buen consejo, la opinión no complaciente que nos ayuda a cambiar, un no cuando hubiera sido más cómodo un sí, un regalo hecho a mano con toda la intención y la dedicatoria... 

Para quien no presta atención, todo tiene más que ver con el paquete, con el moño, que con el contenido.

A veces uno regala una canción como un mimo, y el otro devuelve un análisis crítico sobre afinación...Cosas así tiene el malentendido humano.

Alguien me dice que hasta el "malentendido humano" en sí mismo puede ser un regalo. Y lo considero, claro que sí. Más que nunca, en este tiempo raro, meticulosamente apurado y distraído, en que mandar un videito de tok tok, poner un emoji  o recibir una palabra cariñosa, podrían considerarse verdaderos tesoros cotidianos.

Habrá que tratar de ser sensibles y estar atentos, porque no todos los regalos vienen envueltos en papel brilloso.



He aquí mi regalito de hoy: dice Luis que


Hay que dejar que el amor haga su trabajo,

sin interferir, en lo posible.

Mientras tenemos nuestras charlas,

y nos ocupamos de las tareas diarias:

lavar los platos, despertar al hijo;

dejar que corra, subterráneo,

el dios arquero.

Observen las palabras,

ellas mismas: ciegas a su existencia,

sin conocimiento del significado que cargan.

Sin embargo nos llegan, conmueven aunque no se enteran.

Aire esculpido,

ausente en la ignorancia de lo que representa.

Así nosotros, hormigas de algo que nos supera,

llevamos un sentido, desconociendo cuando lo hacemos.

Tantas veces arruinándolo cuando intervenimos

como un escritor novato, que "quiere que su cuento diga..."

y malogra lo que deja en un panfleto.

Pero otras veces, afortunadas,

después de miles de horas de ensayo,

de pérdidas irreparables y dolores que no queremos repetir:

hacemos sin pensar cada movimiento;

no estorbamos entre lo que sabemos y cómo respondemos.

En manos de un Dios dejemos que tejan nuestras manos,

de una Diosa, que las flechas den

en el blanco insospechado.

Entre la llegada, el abrazo y el arquero:

suspender el mundo.

Nos lanzan,

cerrar los ojos,

olvidar,

primero.




viernes, 21 de noviembre de 2025

Cábala

 

yo toco en la madera de esa puerta 

el olor tibio de tu nombre 

como una cábala bendita 

Estás en un país extraño

pero te encuentro en sueños

y aún me hablás, me contás cosas

me corregís dulcemente la vida.

Como de adolescentes, 

cuando vos sabías más 

sabías mejor 

cómo pronunciar el nombre

de la primavera.








domingo, 16 de noviembre de 2025

jueves, 30 de octubre de 2025

Migrantes



La mujer lleva el carrito de metal y la bolsa made-in-china

Símbolo perfecto de lo que en todo el mundo nos hace iguales

Atraviesa las grandes aguas

Erguida

En soledad digna

Y pinta sus labios con el rouge rojo amarronado

una vez más

Esperando al hombre que pueda desearla 

sin sentirse intimidado desde adentro por las viejas visiones de la vida

Del sexo
            
             De la esperanza
                                    
                                  Del amor

Ella, -que no tuvo hijos-, busca a su sobrina 

Pero en el camino encuentra a otros

Su perfil parece la proa del barco de Odiseo 

En un ferry la vida se da vuelta

La esperanza surca el mar

Y cabe tanta miel como abundancia

Baila con los demás una danza ancestral

como si fuera inédita

Se da una panzada de alegría

De vida

De manos que guardan para ella los dulces de una fiesta a la que no fue

Eso es la ternura al fin de cuentas

Amar hasta reventar decía el Sabalero

Y los ojos georgianos de ella

dicen lo mismo:

“Ahora”



(inspirada en Crossing, "Caminos cruzados", película de Levan Akin )

miércoles, 1 de octubre de 2025

Gracias, Daniel Rafalovich

 https://dalepoesia.blogspot.com/?m=0


agradeciendo a Daniel Rafalovich su generosidad hacia todos los que intentamos escribir poesía, e invitando a seguir su blog: dale poesía


dalepoesia

Leamos: no hay mejor estimulante.



jueves, 11 de septiembre de 2025

NOSOTROS EN LA CALESITA



Hoy por primera vez me recosté sobre la reposera de la plaza. Esa que todas las veces anteriores visité nada más que sentada. Daba el solcito todavía, y me dieron muchas ganas de quedarme dormida así, mientras escuchaba cantar a los zorzales de la tarde. Sentía una gran placidez. Y entonces, recordé. Solías llegar en tu bici un ratito después que yo, y nos estacionábamos ahí, en ese banco que quedaba cerca de la calesita, pero dándole la espalda. Nunca hablabas más que algún par de palabras, bastante a desgano, pero me conmovían mucho tus ojos, ya desde el primer día que nos hicimos amigos. Siempre fui sensible a la manera de mirar de la gente, y tu forma de mirar llegó primero. Tus ojos eran color café, pero hubiera dado lo mismo que fueran azules o verdes. Yo te contaba siempre un montón de cosas, y en poco tiempo te habías convertido en mi confidente, en mi amigo. Íbamos y veníamos por la tarde con la facilidad del sol, pedaleando o caminando entre canteros, y deteniéndonos con la misma facilidad para observar las cosas, los árboles a veces, y los perros… Y esa tarde en particular nos habíamos puesto a mirar los muñecos de la calesita, qué animales representaban, sus formas y colores, la bocha de la sortija que nos recordaba una manzana de esas con caramelo y pochoclo, y después, casi al atardecer, fue cuando pasó eso. Recuerdo a una señora que nos vio, y nos miró con sorpresa: te habías puesto a llorar como una criatura abrazado a mí, pero trepado a mí. Todo sucedió de repente. Estábamos sentados en el mismo banco y de pronto te subiste como un monito a mi falda como si yo fuera un árbol, un tronco fuerte del que te agarrabas, nuestras manos entrelazadas con la misma fuerza, y aunque me llevó un rato darme cuenta de que estabas llorando, pude sentir el temblor de tu cuerpo sobre el mío, mientras los sollozos te atravesaban y me traspasaban, poniéndolo a vibrar en una misma sintonía, como si fuéramos un solo cuerpo emocionado. El sol doraba todo y yo veía flores violetas al entornar los ojos. Por entonces éramos tan delgados que parecíamos niños; creo que alguien podría habernos confundido con dos criaturas pequeñas, pero sin embargo éramos ya adolescentes, tan flaquitos como las ramas de un árbol joven. Y nos quedamos así abrazados largo rato después de que dejaras de llorar. No me pesabas. Me gustaba la posición en la que estábamos y el calor que sentía en contacto con tu cuerpo. Fue difícil desasirnos el uno del otro. Y aunque separáramos nuestros cuerpos, los ojos, las miradas continuaban delineando un destino, un dibujo irresistible. Agarramos nuestras bicicletas y seguimos de la mano, caminando juntos y sin ganas de irnos a casa. Como vos no preguntabas nada, se me ocurrió no ya preguntarte, sino proponerte algo. Te dije, creo, algo así como que yo todavía no le había dado un beso a nadie, y que me gustaba la idea de probar con vos. Algo se te iluminó en la cara, y asentiste. Ni vos ni yo sabíamos dónde vivía el otro exactamente. De pronto nos detuvimos junto a la calesita, y observamos que el calesitero estaba juntando su dinero de la jornada. Ya se estaba haciendo de noche. Al cabo de un rato dejó de sonar la música, y después de cerrar el cortinado verde turquesa y de darle un par de vueltas a la llave que cerraba la reja, el hombre se fue. Era tarde, pero no queríamos volver. Yo revolví y encontré en mi bolsillo unas galletitas. Agua, había en los surtidores. Así que después de beber un poco, esperamos a que ya no quedara nadie más que los pájaros, y entonces nos subimos a la reja y pasamos del otro lado. No era muy difícil. Recuerdo que una vez que estuvimos del lado de adentro, fuiste vos quien se animó a correr el cortinado y me invitaste a entrar. Nos acompañaban los leones trepados a su barra metálica, y al otro lado, un carruaje pintado de colores fuertes, en el que podíamos sentarnos. Pero nos acostamos silenciosamente en el espacio que quedaba entre medio. Las manos, en su deslizamiento lento pero continuo, inventaron por nosotros todo el calor que necesitábamos para juntar los cuatro labios como una rosa de arcilla, que iba tomando extrañas formas, y al ir descubriendo el jugo que creaban nuestros movimientos, también nuestras lenguas se sumaron a un juego extraño y nuevo, que cosquilleaba por todas las zonas de mi humanidad que nunca creí vivas de esa manera. Ninguno de los dos fue más allá de ese contacto, de las caricias de los labios las lenguas y los dedos que desfilaban por las zonas que dejaban vacantes nuestras ropas; no nos animamos a tocar nada que estuviera por dentro de ellas, pero sí nos quedamos abrazados, reposando, tapándonos con un saco. Y cuando estábamos ya trepándonos a las rejas para salir, fue cuando esa linterna nos iluminó fuerte, aunque no era nada su luz comparándola con la que yo ya tenía adentro. Ahora, acostada en esta reposera, sueño con que es de noche y apretamos en el jardín zoológico, que es una mezcla del de antes con el de ahora. Nos habíamos citado allí, entre maras y pavos reales, y hacíamos el amor sin ropa. Ya éramos adultos en el sueño, y estábamos aún desnudos y tan contentos...no había nadie más que nosotros y los pájaros, y entonces nos poníamos a jugar con los muñecos grandotes que viven bajo el agua y que los chicos hacen mover con los botones. Luego nos despedimos con la discreción de viejos amantes, realizando acciones verdaderamente revulsivas como, por ejemplo, darnos un beso kilométrico, interminable, sabroso, y exhibir una sonrisa de oreja a oreja. Yo te proponía cantar cada uno una canción alegre y repetirla hasta el próximo encuentro, y vos asentías. Ahí me desperté. Tal vez influyó que anoche volviera a ver Las alas del deseo, tan luego ... Al echar a andar en dirección hacia mi casa, observé que ya casi no se sentía el sol. Aún quedaban unos algodones de palo borracho sobre la tierra. Creo que si el ángel hubiera estado ahí ese día, observando todo desde arriba de la calesita, se habría inspirado para decidirse a desencarnar y salir corriendo detrás de la trapecista alada. Sea como fuere, yo deseo encontrarte para aprender ahora cómo es tu voz.